El Salmo 29 comienza con las palabras: "¡Hijos de Dios, aclamen al Señor, aclamen su gloria y su poder! ¡Aclamen el nombre glorioso del Señor! ¡Adoren al Señor en el esplendor del Templo!" (v. 1 y 2) Y a continuación, nos encontramos con expresiones que nos recuerdan la grandeza de la voz de la Divinidad; la cual el salmista es capaz de percibir en medio de los efectos de la naturaleza que le rodea. Reconozco que pierdo de vista la realidad de la presencia y voz de Dios alrededor de mi. En medio del estrés laboral y doméstico en el que muchas veces me sumerjo, las voces que atiendo son demandantes, a menudo tienen que ver con cumplimiento de tareas. Al perder de vista a Dios, mi mirada se fija en mi, como el centro; de quien depende lo que ocurrirá en el día. A menudo la voz que escucho es la de la exigencia: "tienes que hacer esto... y después esto otro...recuerda no olvidar hacerlo de esta manera..." En medio de un mundo materialista y consumista, donde el val...
En el Salmo 28 David se acerca a la Divinidad con el pensamiento de que puede ser olvidado por ella y puede acabar arrastrado con los malvados en sus nefastas consecuencias de vida: "A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, Para que no sea yo, dejándome tú, Semejante a los que descienden al sepulcro. Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, Cuando alzo mis manos hacia tu santo templo." (V.1-2) Me encanta que David no esconde sus dudas, sus temores, su indignación, ni siquiera lo que se le pasa por la cabeza, que reconozco que al leerlo me parece un deseo de justicia desprovisto de gracia: "Dales su merecido conforme a la obra de sus manos." (V. 4b) ¿Cuál es el resultado de traer su desesperación con un corazón abierto y honesto? Al igual que la estructura de muchos otros salmos, tras traer el poeta sus afanes a la Divinidad, empieza a trasmitirse una fe renovada; en este caso, empezó con "no te desentiendas... oye mi voz" y tras ve...