Este salmo comienza con una invitación a alegrarnos en la Divinidad con alabanza, reconociendo que es un Dios santo, justo y misericordioso: "Porque recta es la palabra del SEÑOR, y toda su obra ha sido hecha con verdad. Él ama la justicia y el derecho; de la misericordia del SEÑOR está llena la tierra." (v. 4-5) Me pregunto, en medio de un día a día llena de noticias desastrozas, guerras injustas, comportamientos inmorales... ¿Soy capaz de ver la bondad y misericordia de la divinidad? Es fácil para mi perder de vista algo tan obvio. A veces, poner en el centro las malas noticias, nos lleva a hacer sombra a todo lo que Dios está haciendo en nuestras vidas y en el mundo a cada instante y que son testimonio de su bondad y misericordia. El salmista hace referencia a la Divinidad como creadora, para ayudarnos a ver lo que a veces no vemos: "Por la palabra del SEÑOR fueron hechos los cielos; todo el ejército de ellos fue hecho por el soplo de su boca. Él junta como un montó...
El silencio es una disciplina espiritual que nos ayuda a escuchar lo que no estamos escuchando ¿Y si esta práctica espiritual nos ayudara a tomar consciencia de que hay un silencio en nosotros que debería romperse cuanto antes porque nos está dañando? David al escribir el hermoso Salmo 32, dijo: "Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí. Selah" (v. 3-4) David no habla de la disciplina del silencio y la quietud sino de silenciar nuestras acciones y actitudes dañinas, aquellas que no están en consonancia con la Vida de la Divinidad, y que solo contribuyen a separarnos de Dios, de nosotros mismos, de las demás personas y de la naturaleza. Está hablando de ignorar y no reconocer que dentro de nuestro ser hay algo que debe ser expulsado cuanto antes, y mientras más tardemos, más da...