El Salmista dice: "Señor, me libraste de ir al reino de los muertos, me devolviste la vida cuando agonizaba." (V. 4) Es probable que el autor hubiera vivido una situación, quizás una enfermedad, que le llevó al borde de la muerte. Cuando todo nos va bien, es fácil caer en pensar que siempre será así, sin embargo el escritor del Salmo 30 experimentó lo siguiente: "Señor, tu ayuda me exaltó cual monte poderoso, pero ocultaste tu rostro y sentí miedo." (V. 8) Es entonces, cuando reconoce que necesita la ayuda de la Divinidad y decide clamar: "A ti, Señor, clamo; a mi Señor suplico. ¿Qué provecho hay en mi muerte, en que yo baje a la tumba? ¿Podrá alabarte el polvo? ¿Anunciará él tu fidelidad?" (V. 9-10) Este Salmo me recuerda mi vulnerabilidad y la de las personas a las que amo, me hace pensar en aquellos momentos difíciles de los cuáles el Señor nos ha sacado (como el que mi peque tuviera que pasar por el quirófano). Es un escrito que me da perspectiva ...
El Salmo 29 comienza con las palabras: "¡Hijos de Dios, aclamen al Señor, aclamen su gloria y su poder! ¡Aclamen el nombre glorioso del Señor! ¡Adoren al Señor en el esplendor del Templo!" (v. 1 y 2) Y a continuación, en los versos siguientes, nos encontramos con expresiones que nos recuerdan la grandeza de la voz de la Divinidad; la cual el salmista es capaz de percibir en medio de los efectos de la naturaleza que le rodea. Reconozco que pierdo de vista la realidad de la presencia y la voz de Dios alrededor de mi. En medio del estrés laboral y doméstico en el que muchas veces me sumerjo, las voces que escucho en mi interior son demandantes, a menudo tienen que ver con cumplimiento de tareas. Al perder de vista a Dios, mi mirada se fija en mi mismo, como el centro; de quien depende lo que ocurrirá en el día. A menudo la voz que escucho es la de la exigencia: "tienes que hacer esto... y después esto otro...recuerda no olvidar hacerlo de esta manera..." En medio d...