jueves, 10 de enero de 2019

El libro de Amós está escrito en el tiempo en el cual el reino del norte, Israel y el reino del sur, Judá, están divididos, siendo Jeroboam II quien gobierna en Israel. Si bien este rey consiguió importantes riquezas y victorias, también es cierto que permitió que la idolatría y la injusticia se generalizaran. Ante la maldad que se extendía, es que Amós, un pastor de Tecoa, siente el llamado de Dios de subir hasta Bethel, donde se encuentra un importante templo, y en esta ciudad lleva a cabo su denuncia. Este libro recoge sus sermones y poemas:

"Palabras que Amós, uno de los pastores de Tecoa, recibió sobre Israel en visión profética en tiempos de Ozías, rey de Judá, y de Jeroboán, hijo de Joás, rey de Israel, dos años antes del terremoto." (1:1)

La obra dice de si misma que se trata de la palabras que Amós recibió sobre Israel, sin embargo, lo primero que encontramos son denuncias acerca de naciones que rodean a Israel, concretamente Amós profetiza contra Damasco (1:3-5), Gaza y los filisteos (1:6-8), Tiro y los fenicios (1:9-10), Edom (1:11-12), Amón (1:13-15), Moab (2:1-3) para llegar a Judá (2:4-5) y finalizar en Israel como epicentro de la injusticia, con más denuncia de maldades e injusticias que con el resto (2:6-16).

Israel había olvidado a los pobres hasta el punto de venderlos como esclavos y negarles representación legal.

"Venden al inocente por dinero,
al pobre por un par de sandalias;
aplastan contra el polvo al desvalido
y no imparten justicia al indefenso;" 
(2:6a-7b)

A todo ello se le une prácticas inmorales e idolátricas que empiezan a ser comunes en el entorno. ¿Cómo es que el pueblo que fue esclavo y explotado en Egipto y al que Dios liberó, se puede dedicar ahora a esclavizar y explotar? Amós dice que esto se va a acabar.

El mensaje de Amós sigue siendo muy necesario en nuestros días, sobre todo cuando comprobamos la realidad de que los seres humanos somos capaces de repetir con los demás, los males que han cometido con nosotros mismos. El que luchemos para no repetir con nuestros hijos, aquellas conductas y actitudes de nuestros padres, que crearon en nosotros inseguridad o rebeldía, nos hace ver lo fácil que es repetir modelos que consideramos errados. Los israelitas fueron liberados del faraón, pero la historia comprobó que necesitaban ser liberados del faraón que llevaban en sus corazones.

A veces, podemos creer que por usar títulos como "pueblo de Dios", "redimidos" somos mejores que el resto del mundo, sin embargo Amós nos lleva a descubrir que a veces nuestros pecados y maldades pueden ser peores de aquellos que nos rodean y no usan nuestros mismos títulos.

Aun podemos cometer el terrible error de pensar que los errores del pasado no se están cometiendo en nuestros días, sin embargo, no sería difícil comprobar que aquellos que tenemos "rutinas religiosas" y nos identificamos abiertamente con el Camino de Jesús, también podemos estar colaborando con la explotación de los más desfavorecidos, mirando hacía otro lado cuando compramos ropa realizada por menores en condiciones injustas o haciendo depender nuestro gozo y paz en base a la filosofía materialista y consumista que se desarrollan en los nuevos templos páganos de occidente, a los que llamamos centros comerciales. Quizás no vamos a casas de prostitución, pero secretamente podemos estar consumiendo la pornografía que se nos ofrece desde Internet. Podemos estar denunciando la violencia de género y a la vez participar en la opresión de nuestra pareja por no hacer una planificación justa de las tareas básicas del hogar o boicotearle decisiones que creemos que nos corresponde a nosotros.

El ministerio profético en nuestros días, también puede señalar la maldad en nuestro entorno para finalmente comprobar que el pueblo de Dios puede estar haciéndolo aun peor, de ahí que el mensaje de Amós nos sea tan incómodo como necesario.

¿Tiendo a ver la maldad fuera de mi entorno y fuera de mi mismo? ¿Y si el mensaje de Amós es para mi hoy? Si así fuera, ¿Cómo responderé al mismo?




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sábado, 5 de enero de 2019

ARREPENTIMIENTO VERDADERO (JOEL 1-3)

En esta semana me he adentrado en el libro de Joel, leyéndolo varias veces y contemplando su hermosa estructura. El libro trata acerca del "Día del Señor", término que hace referencia no solo a los hechos del pasado donde Dios salvó a su pueblo de la opresión y confrontó la injusticia, sino también a un futuro donde Dios acabará con la maldad y salvará al mundo.

Es interesante que Joel parece que está familiarizado con otros libros proféticos debido a la similitud de referencia a los mismos, pero con una peculiaridad, no acusa el autor a Israel de ningún pecado, aunque si nombra las consecuencias del pecado, es como si el autor contara con que sus lectores conocen ya la historia de este pueblo y da ciertos asuntos por sentados.

La obra empieza con la narración de una plaga que nos recuerda a Éxodo 10, sin embargo, esta plaga  afecta en esta ocasión a Israel mismo:

"Lo que dejaron las langostas grandes
lo devoraron las langostas pequeñas;
lo que dejaron las langostas pequeñas
se lo comieron las larvas;
y lo que dejaron las larvas
se lo comieron las orugas." (1:4)

El capítulo 2 vuelve a nombrar el desastre en Israel, sin embargo, tras la descripción de dichos desastres, en ambos capítulos hay una llamada al arrepentimiento:

"Entréguense al ayuno,
convoquen a una asamblea solemne.
Reúnan a los ancianos del pueblo
en la casa del Señor su Dios;
reúnan a todos los habitantes del país,
y clamen al Señor." (1:14)

"Rásguense el corazón
y no las vestiduras.
Vuélvanse al Señor su Dios,
porque él es bondadoso y compasivo,
lento para la ira y lleno de amor,
cambia de parecer y no castiga." (2:13)

El arrepentimiento en las Escrituras hace referencia a un cambio de 180 grados en nuestro caminar de vida. Se trata de reconocer que estamos andando de espaldas a Dios y nos giramos para volvernos hacía Él. No está mal reconocer que el arrepentimiento no solo es un evento de un día, sino una actitud constante que debe gobernar nuestra vida, mucho más cuando sabemos que somos seres dinámicos que enfrentamos nuevas realidades a lo largo del tiempo y todas ellas deberían estar sometidas a la voluntad de Dios.

Joel nos llama a un arrepentimiento profundo, y no solo de apariencias, de ahí que el profeta diga "Rásguense el corazón y no las vestiduras". La prueba de que un arrepentimiento es auténtico, no son las palabras que se las lleva el viento, sino la conducta transformada.

El arrepentimiento es un elemento esencial en la vida espiritual ya que nuestra manera errada de vivir nos lleva al desastre, pero Dios es un Dios "bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor, cambia de parecer y no castiga" (2:13b). El arrepentimiento nos pone ante este Dios para reconocer que estamos perdidos sin su gracia, y en un sentido el arrepentimiento es también parte de esa gracia que el Señor nos ofrece con el fin de restaurarnos.

El resto de Joel nos habla de la respuesta de Dios ante el arrepentimiento de su pueblo y todo ello son ecos de otros profetas como Isaías, Ezequiel, Jeremías, Sofonías y Zacarías entre otros. Concretamente nos dice que Dios los defenderá de los invasores (2:20-21), que restaurará la tierra (Joel 2:22-26), que pondrá su presencia en su pueblo y sobre todo el mundo (Joel 2:27-32 ecos de Isaías 32:15, 44:3, Jeremías 31:31-34 y Ezequiel 36:23-28), confrontará la maldad de las naciones (Joel 3.1-16 ecos de Isaias 13, Sofonías 3, Ezequiel 38-39) y renovará toda su creación (Joel 3:17-21 ecos de Isaías 35, Ezequiel 47 y Zacarías 14)

La promesa del derramamiento del Espíritu Santo cumplida el día de Pentecostés se encuentra entre las respuestas al arrepentimiento:


"»Después de esto,
derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano.
Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán,
tendrán sueños los ancianos
y visiones los jóvenes.
En esos días derramaré mi Espíritu
aun sobre los siervos y las siervas." (2:28-29)

No podemos perder de vista el deseo de Dios de restaurar a "todo el género humano", la misma historia en Hechos de como los gentiles reciben el Espíritu Santo, nos habla del Dios que desea que todo lo que el pecado ha estropeado sea restaurado.

La cuestión es que vamos a hacer con las consecuencias de nuestros pecados, vamos a reconocer nuestra necesidad de arrepentimiento, o como Adán vamos a señalar a la mujer como la culpable de lo que nos pasa. ¡Qué Dios nos conceda la gracia de arrepentirnos!

¿Qué práctica nos puede adentrar en una actitud constante de someter todas las áreas de nuestras vidas a Dios? ¿Soy consciente de que hay cosas de las cuáles arrepentirme, pero me cuesta reconocerlas? ¿Qué tal si le pido a Dios que me ayude? ¿Qué señales en mi vida serían señal de un arrepentimiento real del corazón?



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lunes, 31 de diciembre de 2018

Pablo en el último capítulo les pide a los filipenses entre otras cosas, que ayuden a quienes están teniendo diferencias, que sean hospitalarios, que vivan gozosos, que mantengan sus mentes enfocadas en lo justo y bueno, y también les agradece la provisión que les han hecho llegar.

Sin embargo, el verso que me resalta hoy es el 9, donde el apóstol les dice que aquello que han oído y visto en el, lo lleven a la practica.

"Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros." (4:9)

Si yo dijera a los que me conocen que me imitaran, que harían?

El modelo de formación de Pablo dista mucho del que estamos acostumbrados en Occidente. En nuestro sistema educativo nos enfocamos en transmisión de información de manera teórica, lo cual hace que el maestro sea valido independientemente de como viva. Pero Pablo, al igual que Jesús, uso un modelo educativo donde el énfasis esta en trasmitir vida.

¿Como podemos enseñar a otros con nuestra manera de vivir? ¿Como podemos en la comunidad cristiana retomar el énfasis de aprender a través de la transmisión de vida y no solo transmisión de información teórica?

Sospecho que el modelo de formación del Nuevo Testamento reta nuestro modelo educativo en Occidente y nos invita a nuevos énfasis, nuevos enfoques y nuevos espacios.



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Pablo muestra que lo que en un momento de su vida lo era todo, ahora es basura comparado con su mayor tesoro, que es Cristo mismo.

¿Significa las palabras de Pablo que su formación teológica y conocimiento de la Ley y celo por la misma no le sirve ahora para nada?, no cabe duda que sin Cristo, aquel conocimiento solo le sirvió para desvirtuar la verdad de la Palabra y acabar "dando coces contra el aguijón", pero ¿acaso ahora con Cristo no puede ser de gran valor dicho conocimiento y celo?

"Quiero vivir unido a él, no por la rectitud que viene del cumplimiento de la ley, sino por la que nace de haber creído en Cristo, es decir, la que Dios concede por razón de la fe" (v. 9)

No podemos olvidar la preocupación constante de Pablo en sus cartas, por evitar a los judaizantes, los cuáles querían añadir a la obra de Cristo el cumplimiento de la Ley como requisito para obtener la salvación, obligando así a los creyentes gentiles a circuncidarse entre otras cosas.

Sin embargo, corremos el peligro en el siglo XXI de descontextualizar sus palabras, y por tanto rechazar el valor que tienen las disciplinas espirituales. La gracia a la que accedemos por la fe nunca significa ausencia de esfuerzo por nuestra parte, el mismo apóstol dice:

"No quiero decir que haya logrado ya ese ideal o conseguido la perfección, pero me esfuerzo en conquistar aquello para lo que yo mismo he sido conquistado por Cristo Jesús" (v. 12)

Sin embargo además del peligro de creer que la gracia implica cruzarnos de brazos y evitar prácticas espirituales y esfuerzo, está el peligro de dogmatizar ciertas prácticas y convertirlas, inconscientemente, en requisitos indispensables para nuestra salvación.

Esto último suele ocurrir cuando confundimos los medios con el fin. Los medios con el tiempo acaban sutilmente confundiéndose con el fin y por tanto se convierten en elementos intocables e incuestionables aun cuando suelen tener fechas de caducidad y necesidad de constante evaluación y renovación.

¿Cómo sabemos que un medio se ha convertido en un fin? Una manera de saberlo es cuando los medios son incuestionables y vienen respaldado por el "siempre se hizo así" y por tanto, privados de ser modificados aunque ya no sean tan útil para conseguir el fin que buscábamos al crearlos. Esto le puede pasar a una reunión de oración, a un método de estudio bíblico, al culto del domingo... Nuestra manera de tratar tales eventos y técnicas pueden revelar que se han convertido en un fin en si mismo y hemos perdido de vista que lo que realmente importa es Cristo y que nuestras construcciones humanas, por legítimas y necesarias que sean, nunca pueden llegar a ser tan esenciales.

¿Qué medios se han convertido en un fin en medio de nuestra eclesiología moderna?

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domingo, 16 de diciembre de 2018

Pablo en el capítulo 2 de Filipenses sigue animando a sus receptores a una vida piadosa a través de consejos.

Uno en especial me destaca en este día:

"Nada hagáis por contienda y vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (v. 3)

He de reconocer que mi corazón roto en ocasiones me lleva a basar mi valor en base a sentirme superior a los demás. Entonces las actividades que hago pueden parecer muy honrosas, piadosas y espirituales, pero a la vez pueden estar impulsadas por una actitud incorrecta basadas en el egoismo que mana de un corazón herido. Esto se pone de manifiesto, por ejemplo, cuando otros reciben el reconocimiento o la oportunidad que me gustaría, y en vez de alegrarme me entristezco.

El ejercicio que Pablo propone es muy práctico y es el siguiente:

"Que cada uno busque no su propio provecho, sino el de los otros" (v. 4)

La invitación no es a mirar lo que yo deseo y necesito como prioridad, sino lo que otros desean y necesitan e involucrarme en ayudarles. Se trata por tanto de comportarnos como lo hizo Cristo, quien fue capaz incluso de humillarse para ponerse a nuestra altura.

Dos cosas para mi en este día:

1) Reconocer ante Dios que mi corazón herido puede impulsarme a actitudes egoistas y motivaciones erradas independientemente de lo respetable y espiritual que sea la acción que desarrolle.

2) Esforzarme en buscar el bien de los demás, adiestrando mi cuerpo a vivir como Cristo vivió.

Por supuesto, mi esfuerzo no tiene el poder de transformar la naturaleza de mi corazón, yo diría que ni incluso la capacidad para imitarle. Sin embargo el apóstol me recuerda lo siguiente:

"Es Dios mismo quien realiza en vosotros el querer y el hacer, más allá de vuestra buena disposición" (v. 13)

Deduzco por tanto que la fe que accede a la gracia que me transforma, es una fe activa, que reconoce su necesidad ante Dios y que práctica la imitación de Cristo, sabiendo que es el mismo Dios quien nos está impulsando a ello, dandonos el poder para realizarlo y a la vez transformándonos.

Es hora por tanto de colocarme en el lugar donde la sola gracia de Dios me transforma, hora de manifestar el regalo de la fe viva con obras que buscan el bien de los demás.


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viernes, 14 de diciembre de 2018

Siempre me ha sorprendido la carta de Filipenses por el énfasis en el gozo, muchos comentaristas, de hecho, la han denominado "la epístola del gozo". Lo que la hace especial para mi es que Pablo escribe esta carta en prisión, alejado de sus hermanos queridos y sin saber con certeza que pasará con él. ¿Cómo se puede trasmitir tanto gozo en tales circunstancias?

Creo que el primer capítulo me deja ver parte del secreto. Pablo dice:

"Porque Cristo es la razón de mi vida, y la muerte, por tanto, me resulta una ganancia" (v. 21)

La carta nos deja ver que el apóstol tenía un propósito claro en su vida, el cual estaba relacionado con tener a Jesús como el verdadero motivo de su felicidad.

Escribe a aquellos por los que ora:

"Cada vez que os recuerdo, doy gracias a mi Dios, y cuando ruego por vosotros, lo hago siempre lleno de alegría." (3-4)

Recordándoles que Dios acabará la obra que ha empezado en ellos, que dicho sea de paso, tiene que ver con que Cristo sea formado en ellos:

"Y estoy seguro de que Dios, que ha comenzado en vosotros una labor tan excelente, la llevará a feliz término en espera del día de Cristo Jesús." (v. 6)

De ahí el deseo de Pablo de que crezcan en amor y conocimiento que va más allá de solo información intelectual, se trata de algo experimental:

"Y esta es mi oración: que vuestro amor crezca más y más y se traduzca en un profundo conocimiento experimental" (v. 9).

Es decir, Pablo se relacionaba con los demás y con sus circunstancias teniendo presente lo que más amaba, a Cristo, y guiándoles hacía él.

Para Pablo aun la muerte no le quita el motivo de su gozo, porque el sepulcro significaría estar con Cristo, su razón de vida.

"Porque Cristo es la razón de mi vida, y la muerte, por tanto, me resulta una ganancia." (v. 21)

Sin embargo, cuando el motivo máximo de nuestro gozo está en algo pasajero, es muy fácil sentirnos frustrados.

Sin duda, en este mundo podemos tener buenos deseos, muchos de ellos relacionados con nuestro propio bienestar. Cuando nuestros deseos no se cumplen nos desilusionamos. Desilucionarnos es normal, lo triste es cuando, por el mismo motivo, nos desesperamos. La desesperanza viene a nosotros cuando el motivo de nuestro vivir se obstaculiza. Desilusión no tiene que significar desesperanza.

He observado que si mis ilusiones se convierten en el motivo de mi vivir, es muy fácil derribarme. Pero si Cristo es el motivo de mi vivir, puedo desilusionarme al no conseguir ciertos deseos, pero a la vez, es posible mantenerme firme en Aquel que es el motivo máximo de gozo.

Gozarme en Cristo implica una razón por la cual vivir y morir, implica tener a Cristo presente en medio de mis relaciones, trabajo, descanso. También implica gozo a pesar de las dificultades y desilusiones de la vida, pues ante ellas Cristo no desaparece, y por si fuera poco, también implica gozo más allá de la tumba, porque al fin y al cabo no voy a otro lugar que no sea con Cristo.

Me entristezco si no consigo ciertos deseos, pero hay algo que nadie puede quitarnos y es el mismo amor de Dios, Enmanuel (Dios con nosotros). La cuestión es si he puesto en Cristo el verdadero motivo de mi felicidad.

Nuestra formación espiritual, a menudo nos lleva a involucrarnos en un montón de actividades eclesiales y sociales, sin embargo, si esta misma formación no nos involucra en sumergirnos en el amor de Dios, acabaremos con una espiritualidad sin fundamento. El movimiento contemplativo brota de la vida de silencio y oración de Jesús, a lo largo de la vida de la iglesia, muchos cristianos, entre ellos los denominados "Padres del desierto", han buscado recuperar esta relación profunda con Dios, que nos permite anclarnos en su amor y en su gracia como el único fundamento sólido para enfrentar la vida.

Jesús escuchó las palabras de su Padre "eres mi hijo amado", y desde esa realidad vivió. Cuando nosotros no tenemos claro que somos los amados del Señor, lo más probable es que actuemos motivados por nuestra necesidad de reconocimiento en base a lo que poseemos, lo que hacemos u otros dicen de nosotros. No sin razón esas son las tres áreas en las que Jesús fue tentado en el desierto, pero antes de la tentación, Jesús fue afirmado en la realidad de que es el hijo amado en quien el Padre se complace.

¿Soy consciente del amor de Dios para mi vida? ¿Soy consciente del regalo de tener a Cristo en mi? ¿Hay algo más valioso para mi que Cristo mismo?

¿Cómo nuestra formación espiritual debería enfocarse para profundizar en el básico e importante cimiento del amor de Dios?

Sospecho que conforme más entienda y experimente el amor del Padre, más estaré entendiendo el motivo del gozo de Pablo, ese que está presente a pesar de las dificultades que nos rodean.


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martes, 20 de noviembre de 2018

A PESAR DE MIS REBELIONES (OSEAS 12-14)


Me adentro en la última sesión de advertencia profética del libro. En esta ocasión Oseas usa una serie de historias para mostrar la infidelidad del pueblo. 

Por un lado hace referencia a la mentira y traición de Jacob, la cual se narra en Génesis 27-28:

"Pleito tiene Jehová con Judá para castigar a Jacob conforme a sus caminos; le pagará conforme a sus obras. En el seno materno tomó por el calcañar a su hermano, y con su poder venció al ángel. Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó; en Bet-el le halló, y allí habló con nosotros." (12:3-4)

También les recuerda la rebelión del pueblo en el desierto la cual está narrada en Números del 12-20:

"Yo te conocí en el desierto, en tierra seca. En sus pastos se saciaron, y repletos, se ensoberbeció su corazón; por esta causa se olvidaron de mí." (12:5)

Y por último les recuerda la corrupción del rey Saúl que guió al pueblo a la miseria, la cual se narra en 1ª Samuel del 12 al 15:

"¿Dónde está tu rey, para que te guarde con todas tus ciudades; y tus jueces, de los cuales dijiste: Dame rey y príncipes? Te di rey en mi furor, y te lo quité en mi ira." (12:10-11)

Como dicen en The Bible Project, esta es la manera como Oseas dice que algunas cosas parecen que nunca cambian en esta familia.

Sin embargo, así como en el hermoso capítulo 11 se nos mostró a Dios como un padre amoroso que finalmente no les da a sus hijos lo que se merecen sino lo que necesitan, y los perdona, ahora, en el último capítulo, hay una llamada a que el pueblo se arrepienta:

"Vuelve, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu pecado has caído. Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios." (14:1-2)

Y una promesa a que serán restaurados a pesar de sus rebeliones:

"Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos. Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano." (14:4-5)

Llegado a este punto, esta obra me ha enfrentado ante la realidad de mis propias rebeliones. Puedo pensar en que acciones, actitudes y motivaciones he permitido que en mi vida tengan lugar, y me han sumergido en nefastas consecuencias e importantes crisis. A veces estamos ciegos ante aquello que nos lleva a la perdición, de ahí que el ministerio profético, en el sentido de señalar aquello que es injusto, se hace tan incómodo como necesario en nuestro caminar espiritual. 

Las crisis, junto al Espíritu Santo que nos trae luz y nuestros compañeros de camino que se atreven a desafiar nuestros caminos errados, son elementos básicos de una espiritualidad transformadora. Sin embargo, todo ello solo serían malas noticias si ignoramos que los deseos y propósitos del Señor con nosotros es sanarnos y restaurarnos y él está ocupado en ello.

¿Somos conscientes de que Dios está llevando a cabo una obra de restauración en medio de nuestras crisis? ¿De qué manera una visión de Dios como padre amoroso que nos perdona y nos sana nos ayuda en estos días? 





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