miércoles, 8 de mayo de 2019

¿Cómo deberíamos tomarnos las palabras proféticas de las Escrituras? ¿Tiendes a ver las advertencias de los profetas para otros y no para ti mismo? Con la siguiente reflexión, no solo quiero examinar la estructura de Sofonías, que puede ser modelo de otros escritos proféticos similares, sino también deseo compartir como este género literario ha llegado a tener mucho sentido para mi propia vida cotidiana.

El libro profético de Sofonías comienza con una imagen del juicio de Dios ante un mundo lleno de maldad e injusticia. Se supone que Judá e Israel deberían marcar una diferencia, sin embargo, la manera en la que viven es similar al resto de las naciones.

"Acontecerá además en aquel tiempo,
que inspeccionaré a Jerusalén linterna en mano
y castigaré a los desaprensivos
que dentro de su corazón se dicen:
“El Señor no actúa, ni para mal ni para bien”."
 (1:1-12)

Tras una terrible descripción de las consecuencias que trae vivir alejados de Dios, el profeta hace una invitación al arrepentimiento. Arrepentirnos tiene que ver con dar un giro de 180 grados con respecto al camino de vida en el que nos encontramos. Implica reconocer que nuestra manera de actuar no es correcta y decidir así cambiar nuestras actitudes, nuestras motivaciones y nuestras acciones. El arrepentimiento es la única respuesta acertada ante la advertencia profética de que el "día del Señor vendrá", frase con la que los profetas bíblicos expresan que la injusticia y la maldad no prevalecerán. 

"Busquen al Señor ustedes,
todos los humildes de la tierra,
los que cumplen sus preceptos;
practiquen la justicia
y busquen la humildad;
tal vez esto los proteja
el día de la ira del Señor."
(2:3)

No podemos perder de vista que los escritos proféticos en la Biblia pretenden advertir. La advertencia es clave para evitar lo peor. Es como el médico que le dice al fumador que si sigue con su perjudicial hábito su sistema respiratorio sufrirá gravemente. A veces, no somos conscientes de las consecuencias de nuestras actitudes y acciones, hasta que como dice el refrán "le vemos las orejas al lobo". El ministerio profético pone luz a consecuencias que no siempre vemos en el presente, o nos recuerda que si no hacemos algo, habrá un agravamiento de la crisis que hemos empezamos a sentir. 

Gran parte del contenido de Sofonías describe de manera trágica las consecuencias de vivir en injusticia y maldad y el escritor advierte no solo al pueblo de Dios, sino al resto de las naciones: los pueblos del este, del oeste, del norte y del sur, ninguno quedará impune ante el estilo de vida que prevalece en el momento y sospecho que tampoco nosotros:

"El Señor extenderá su mano
hacia los países del norte
y Asiria será destruida.
Hará de Nínive un lugar devastado,
la convertirá en árido desierto;" 
(2:13)

Sin embargo, el escrito no nos deja solo con las trágicas imágenes de destrucción. El deseo del Señor no es destruir, sino restaurar. Sin embargo, la restauración necesita la deconstrucción de todo aquello que está realmente en mal estado. 

Ante este libro, pienso en las palabras del terapeuta que atiende a mi matrimonio en medio de una importante crisis, este nos habla de destruir para construir. En medio de esta crisis familiar, la estructura de comportamiento habitual en nuestro hogar fue sacudida y destruida en poco tiempo, lo cual nos trajo una imagen de desolación. Sin embargo, con el tiempo y en medio del dolor, empezamos a sentir que aquello que está muriendo no solo nos trae liberación, sino la oportunidad de una nueva construcción, mucho más hermosa y fuerte. Es en este tipo de procesos, donde mejor valoro los escritos proféticos, y donde mejor entiendo lo que significa la destrucción de las estructuras de maldad en nuestras vidas, la advertencia a un arrepentimiento sincero y la esperanza de un mejor futuro como finalidad última.

La advertencia profética es válida para nuestros hogares, nuestras comunidades cristianas, nuestra sociedad y todo nuestro mundo. Confieso que me preocupa mucho la corriente en ciertos movimientos cristianos de ver el ministerio profético para todos menos para uno mismo y sospecho que necesitamos que Dios abra nuestros ojos, para que nuestros puntos ciegos sean alumbrados y nos demos cuenta que tenemos la urgente necesidad de ver la destrucción de la maldad e injusticia que aun poseemos, la necesidad de arrepentirnos de toda actitud y acción que oprime a otros y a la vez a nosotros mismos y la necesidad de abrazar la esperanza de que el Señor cumplirá finalmente su propósito de liberarnos y restaurarnos. 

"Aquel día se dirá a Jerusalén:
“¡No temas, ciudad de Sión,
que no desfallezcan tus manos!”.
El Señor, tu Dios, está contigo;
él es poderoso y salva.
Se regocija por ti con alegría,
su amor te renovará,
salta de júbilo por ti.
Alejaré de ti la desgracia,
el oprobio que pesaba sobre ti.
En aquel tiempo actuaré
contra todos tus opresores;
socorreré a los inválidos,
reuniré a los dispersos;
les daré fama y renombre
donde hoy son objeto de oprobio." 
(3:16-19)



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viernes, 26 de abril de 2019


El libro de Habacuc son las Lamentaciones del profeta en medio de un mundo lleno de injusticias. 

Habacuc no se centra en señalar a Israel su pecado, más bien está tratando de entender como un Dios bueno puede permitir la maldad.

El libro comienza con una queja abierta y sincera ante Dios, que probablemente podría sonar demasiado atrevida en nuestro entorno religioso actual:


"¿Hasta cuándo, Señor, he de pedir ayuda
sin que tú me escuches,
y he de clamar a ti contra la violencia
sin que tú me salves?
¿Por qué me haces ver tanta iniquidad
y, sin más, contemplas la opresión?
Ante mí veo violencia y destrucción;
surge la querella y se alza la contienda.
La ley se ha vuelto inoperante,
ya no prevalece el derecho;
el impío puede acorralar al justo,
cuyo derecho queda conculcado." 
(1:2-4)

Dios responde que va a levantar a Babilonia para que ataque a Israel y ponga así fin a sus fechorías:

"Pongo en pie de guerra a los caldeos,
pueblo cruel e impetuoso,
que merodea por toda la tierra
para adueñarse de territorios ajenos."
(1:6)

Sin embargo, la respuesta de Dios hace inquietar aun más al profeta. ¿Cómo un Dios bondadoso puede usar a unos violentos para dar una lección al pueblo escogido?

"Si tus ojos son demasiado limpios
para contemplar el mal
y no puedes soportar la opresión,
¿por qué contemplas callado la traición
viendo cómo el impío
devora al que es más justo que él?"
(1:13)

Dios continua el diálogo con el profeta y le deja claro que el no mira hacía otro lado ante las maldades de Babilonia. Realmente Babilonia, en el capítulo dos de la obra, bien puede representar a cualquier nación que vive en la injusticia, la violencia y la opresión de los más desfavorecidos, por lo que el texto nos señala cinco lamentos ante tales acciones. Básicamente el mensaje es que el camino de los injustos y de los injustos no acabarán en el mismo punto:

"El arrogante no prosperará;
el justo, en cambio, vivirá por su fidelidad."
(2:4)

El libro acaba con una oración de Habacuc, en la que solicita que Dios no permita la prosperidad de la maldad en su contexto. Sin embargo, lo que más llama mi atención en esta oración, es la disposición del profeta a confiar en Dios aun cuando las circunstancias a su alrededor parezcan anunciar todo lo contrario a lo que se espera de un Dios de bondad y paz:

"Aunque no eche brotes la higuera,
ni den las vides ningún fruto;
aunque nada se espere del olivo,
ni los labrantíos den para comer;
aunque no haya ovejas en el aprisco,
ni queden vacas en los establos;
aun así, yo me gozaré en el Señor,
me alegraré en Dios, mi salvador."
(3:17-18)

Es interesante que la conclusión de Habacuc llega tras exponer sus dudas y su punto de vista limitado, algo, por cierto, que a veces brilla por su ausencia en nuestros entornos religiosos, y que no suele estar bien visto. Me pregunto por qué nos cuesta tanto expresar abiertamente nuestras quejas y dudas ante Dios, es como si ignorásemos la gran cantidad de material que la Biblia nos ofrece mediante grandes personas de fe. 

La espiritualidad profunda nunca ignoró la expresión sincera ante Dios, pues es en ella que nuestros corazones se abren ante el único que puede tocar lo más profundo de nuestro ser. Sospecho, que solo tal sinceridad, prepara la tierra para que las semillas sena sembradas donde las raíces de nuestra fe serán profundas, ¿Acaso no necesitamos esto ante tanta fe superficial de nuestra era?. Cuando venimos ante Dios con sinceridad y humildad, acabamos siendo recibidos por Él y comprobando que mi confianza no puede ser depositada en un lugar mejor.

No siempre que me he quejado ante Dios, las circunstancias difíciles a mi alrededor han desaparecido, pero he de reconocer, que en los actos de lamentación ante Él, a menudo se ha abierto un proceso de liberación interior que me ha permitido un mejor conocimiento del Padre y por tanto un mayor grado de confianza en Él. 

En estos días a menudo uso una oración antigua que me recuerda la conclusión de Habacuc tras manifestar sus lamentos y preocupaciones ante Dios. Estas podrían ser nuestras conclusiones también, si en vez de ocultar lo que no entendemos y nos parece injusto, venimos con sinceridad ante Dios:

"Señor, tu siempre me has dado el pan para el mañana,
aun siendo pobre creo en ti.
Tu siempre me has dado la fuerza para el mañana,
aun siendo débil creo en ti.
Tu siempre me has dado la paz para el mañana,
aun con ansiedad creo en ti.
Tu siempre me has mantenido a salvo de la prueba,
aun siendo tentado creo en ti.
Tu siempre me has mostrado el camino para el mañana,
aunque ahora no lo vea creo en ti.
Tu siempre has alumbrado mi oscuridad,
aunque la noche está aquí creo en ti.
Tu siempre me has hablado llegado el momento,
aunque ahora haya silencio creo en ti"

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miércoles, 27 de marzo de 2019

LA OPRESIÓN NO PERMANECERÁ (NAHUM 1-3)

El libro de Nahum anuncia la caída de los Asirios, uno de los imperios que más cruelmente oprimieron a Israel. Se anuncia la invasión de Nínive, capital de Asiria, lo cual va a implicar la caída de todo el imperio. Los eruditos ven a Nínive en este líbro, como una representación de los imperios soberbios, violentos y opresivos a lo largo de toda la historia de la humanidad. El mensaje central de la obra es que a Dios le importa la muerte de los inocentes y no dejará que los opresores triunfen, de ahí que la imagen apocalíptica de la aparición de Dios en el primer capítulo, haga eco de como Dios se presentó en el libro de Éxodo:

"El Señor es paciente, pero fuerte;
a ningún culpable deja impune." 
(1:3a)

"Entonces pasó el Señor por delante de él y proclamó: “El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad (fidelidad); que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable; que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación.”
(Éxodo 34:6-7)

La descripción de la caída de Nínive en el capítulo 2 es dramática y nos recuerda que quienes siembran la violencia y la opresión, recogerán sus propios frutos:

"Destrucción, vacío y devastación,
corazones desfallecidos,
rodillas temblorosas,
entrañas estremecidas,
rostros demudados."
(2:11)

Que los opresores dejen de oprimir, es una buena noticia para quienes sufren violencia, de ahí que el libro acabe con una imagen de celebración por parte de aquellos que ven la destrucción de los crueles:

"No hay alivio para tu desastre,
tu herida es incurable.
Todos los que oyen la noticia,
aplauden tu desgracia,
porque ¿quién no sufrió
una y mil veces tu crueldad?"
(3:19)

Al nombrar este libro a la ciudad de Nínive, viene a mi mente el libro de Jonás, el profeta que fue enviado a predicar a sus propios opresores ninivitas. La predicación de Jonás llevó a Nínive al arrepentimiento y a Jonás al enfado extremo por ver que Dios no la destruyó, sino que se mostró misericordioso ante los inocentes:

"¿No voy yo a compadecerme de Nínive, esa gran ciudad en la que viven más de ciento veinte mil niños y en la que hay mucho ganado?" (Jonás 4:11)

Los libros proféticos son un material excelente para recordarnos que cuando tomamos una posición opresora ante otros, acabaremos en un camino de destrucción. Dicho mensaje es bien aplicable a las superpotencias de nuestros días, y creo que hacemos bien en aplicarla también a nuestros roles familiares, laborales etc. Apoyar las bombas que afectan a los inocentes, contribuir al materialismo que sustenta la esclavitud o mantener actitudes machistas o de cualquier otro tipo de abuso sobre otros, es un camino que acaba en destrucción. Sin embargo, los oprimidos no lo serán siempre, un día verán el final de sus opresores y así mismo, el opresor es llamado al arrepentimiento, pues las buenas noticias son que podemos someternos a Dios, hacer de él nuestro refugio y comprobar que realmente su deseo es mostrarnos su misericordia y bondad:

"El Señor es bondadoso,
refugio en día de angustia;
acoge a quienes en él se refugian." 
(1:7)



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sábado, 23 de marzo de 2019

VERDADERA ESPIRITUALIDAD (MIQUEAS 6-7)


Los dos últimos capítulos del libro profético de Miqueas mantienen el patrón de denuncia de la maldad en el pueblo y palabras de esperanza para el futuro. 

Es en esta porción que encontramos las famosas palabras del profeta acerca de lo que Dios espera de un pueblo que en verdad quiere agradarle:


"¿Agradarán al Señor miles de carneros?
¿Le complacerán diez mil ríos de aceite?
¿Le entregaré mi primogénito por mi delito,
el fruto de mis entrañas por mi pecado?
Se te ha hecho conocer lo que está bien,
lo que el Señor exige de ti, ser mortal:
tan sólo respetar el derecho,
practicar con amor la misericordia
y caminar humildemente con tu Dios." 
(6:7-8)

Estas palabras nos recuerda hoy, que la vida religiosa, no necesariamente significa vida espiritual. Es posible mantener tradiciones como asistir a reuniones cristianas, leer la Biblia, orar etc. y aun así no dar evidencia del estilo de vida de Cristo. Si nuestras prácticas no nos ayudan a vivir rectamente, en amor, siendo misericordioso para con otros y siendo humildes, en realidad nos estamos engañando a nosotros mismos. 

Todo ello me lleva a hacerme la siguiente pregunta, ¿Nacen mis prácticas espirituales de un anhelo de conocer a Dios o están en mi tan solo por la inercia de la tradición? 

Lo que no cabe dudas, es que el pueblo carecía de una vida espiritual auténtica, no estaba andando como Dios esperaba, y de esa manera, era imposible que llegara a ser un instrumento de bendición para el resto de las naciones, así como le fue prometido a Abraham. Ante esta realidad, es que viene la reprensión del Señor a través del profeta, no con la intención de destruirlos, sino con el deseo de que se vuelvan del camino de destrucción que ellos mismos han escogido. 

"No hay en el país ninguno que sea fiel,
no queda ningún justo entre la gente;
todos acechan para derramar sangre,
se tienden trampas unos a otros.
Emplean sus manos para el mal:
el príncipe pone exigencias para el bien,
el juez se deja sobornar,
el poderoso proclama su ambición...
...El hijo trata con desprecio al padre,
la hija se alza contra la madre
y la nuera contra su suegra:
los enemigos de uno son sus parientes."
(7:2-3,6)

Una de las últimas imágenes del libro es la de un hombre solo y desolado que en tan mísera condición decide clamar a Dios con la esperanza de ser escuchado:

"Pero yo pongo mi confianza en el Señor,
espero en Dios, mi salvador,
seguro de que mi Dios me escuchará." 
(7:7)

Este hombre bien podría ser una imagen del mismo pueblo de Dios, pero ¿Por qué debería ante tanta maldad esperar el pueblo ser escuchado y rescatado de las consecuencias de sus propios camino? Miqueas da dos razones contundentes:

La primera es porque Dios no se deleita en ver al ser humano en las consecuencias de sus caminos, sino en mostrar amor y mostrar misericordia:

"No mantendrá por siempre su ira,
pues se complace en el amor.
Volverá a manifestarnos su ternura,
olvidará y arrojará al mar nuestras culpas." 
(7:18b-19)

La segunda es porque Dios será fiel a su promesa de restauración dada a Abraham y nada ni nadie podrá detener su obra de amor y salvación:

"Otorgarás a Jacob tu fidelidad
y dispensarás a Abrahán tu amistad,
como lo prometiste en otro tiempo
a quienes fueron nuestros antepasados." 
(7:20)

Todo ello me hace pensar en que la reprensión del Señor viene a mi vida con el propósito de que me vuelva al camino donde soy un agente de restauración en medio de un mundo roto. No importa cuanto me he podido alejar, cuánto lo he podido liar, hay un Dios que se deleita en mostrarme su amor y su misericordia con el fin de que a través de mi, el amor y la misericordia se extienda a otros. Lo que Dios demanda de mi, no es nada fuera de su carácter, no es nada que él no me esté ofreciendo, de ahí que la vida espiritual más que con cumplir ritos, tiene que ver con trasmitir un estilo de vida de compasión y amor hacía los demás.

¿A la luz de Miqueas como debería evaluar mi vida espiritual y como deberíamos evaluar la vida espiritual de nuestras comunidades cristianas?


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viernes, 15 de marzo de 2019

PROCESO DOLOROSO (MIQUEAS 4:8-5:14)

La porción del libro de Miqueas en la que me adentro hoy, está llena de poemas que profundizan en una esperanza futura para el pueblo de Dios.

Miqueas señala el dolor que el pueblo tendrá que pasar por causa de sus rebeliones, no cabe duda de que serán llevados al exilio ante la invasión de Asiria y Babilonia, algo doloroso y nada deseado, lo cual lo describe así:

"Retuércete de dolor, Jerusalén,
y gime como parturienta, Sión,
porque ahora saldrás de la ciudad
y tendrás que vivir en el campo.
Irás a Babilonia, pero serás liberada;
allí te rescatará el Señor de tus enemigos."
(4:10)

El texto me hace pensar en los momentos de grandes crisis en mi vida, donde lo construido durante tiempo y esfuerzo se viene abajo rápidamente. ¿Has sentido vergüenza alguna vez por enfrentar una situación en la que tu debilidad es evidente ante todos? Miqueas lo expresa así en referencia al pueblo de Dios:

"Ahora se reúnen contra ti
un sinfín de naciones que dicen:
“Que [Jerusalén] sea profanada
y que nuestros ojos se recreen
contemplando la ruina de Sión”."
(4:11)

Pero ese no será el fin de la historia, en medio de tal dolor y de los que se alegran del mismo, el pueblo de Dios encuentra esperanza, y puede aferrarse al hecho de que formamos parte de un proceso, en el que al igual que en un quirófano, la dolorosa herida del bisturí acabará trayendo restauración y fuerza:

"Pero desconocen los designios del Señor
y no comprenden que los ha reunido
para [trillarlos] como gavillas en la era.
¡Arriba, pues, Jerusalén y tríllalos!
Te armaré con cuernos de hierro,
te daré pezuñas de bronce."
(4:12-13a)

El capítulo 5 es un texto mesiánico, donde se nos describe un reino diferente, en el que la maldad no prevalecerá y la paz será instaurada. Los cristianos encontramos aquí una profecía muy específica acerca del nacimiento y reino de Jesús, quien nació en Belén y fue llamado por Isaías "Principe de Paz". 

"En cuanto a ti, Belén Efrata,
tan pequeña entre los clanes de Judá,
de ti saldrá el caudillo de Israel,
cuyo origen se remonta a días antiguos,
a un tiempo inmemorial...

...Él nos traerá la paz"
(5:1, 4a)

Nuestra manera de vivir, alejada de Dios, ha traído falta de paz a través de una ruptura en nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, con nuestro prójimo y con el resto de la creación. Jesús viene a restaurar lo que el pecado ha roto. Permitir que Él gobierne nuestra vida, implica irremediablemente adentrarnos en una nueva manera de vivir en la que nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, con nuestro prójimo y con la naturaleza se ve afectada.

Ver en esta porción bíblica el duelo y la restauración "tomados de la mano", me da la visión de un proceso tan difícil como esperanzador, donde nos toca someternos al Dios que nos ama y no nos dejará en las consecuencias de nuestras miserias y debilidades.

¿Cómo me afecta saber que el dolor y la confusión que siento ahora es parte de un proceso restaurador que se está llevando a cabo? ¿Cómo puedo responder a Dios ante esta perspectiva?





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martes, 12 de marzo de 2019

PUNTOS CIEGOS (MIQUEAS 3-4:7)

En una segunda sección del libro de Miqueas, el profeta sigue denunciando, ahora de manera más específica, las maldades del pueblo de Dios. Concretamente hace referencia a la manera injusta en que se manejan los líderes en el pueblo, quienes actuan no teniendo en cuenta a los más débiles, y también los profetas, quienes se dejaban sobornar para decir lo que algunos querían oír. Ante ello Miqueas advierte a los líderes:

"cuando griten al Señor,
no tendrán respuesta alguna.
El Señor les ocultará su rostro
a causa de sus malas acciones."
(3:4)

Y también advierte a los profetas:

"Por eso se abatirá sobre ustedes
una noche sin visiones,
una oscuridad sin predicciones;
se ocultará el sol para esos profetas,"
(3:6)

Llama mi atención, que entre las consecuencias que Miqueas señala a los que viven injustamente y oprimiendo está el perder de vista al Señor y su luz. Mi propia historia de vida me ha llevado a comprobar que cuando he andado de manera egoista e injusta, he acabado en crisis de las que para salir de ellas, necesito luz en mis propios puntos ciegos. Los puntos ciegos hacen referencia a aquellas áreas de nuestras vidas que estando mal, no somos capaces de reconocerlas por más evidente que sean para otros. Las crisis ponen patas arriba nuestras vidas, dando así una oportunidad para mirar lo que nos pasa desde otro punto de vista y ver así puntos que antes no veíamos.

El ministerio profético viene a nuestras vidas a señalar los puntos ciegos; aquellas actitudes que están destruyendo a otros y a nosotros mismos. La luz sobre aquello que no vemos y que por lo general no nos gusta escuchar e indagar en nosotros mismos es tan incómoda como necesaria para nuestro bienestar. Nota que Miqueas no habla al pueblo con el fin de desearles mal, sino con la esperanza de una transformación futura, ese, y no otro,  es el fin del ministerio profético, de ahí que esta segunda fracción del libro acabe como la primera; con un canto de esperanza:

"Cuando pase mucho tiempo
el monte de la casa del Señor
quedará afianzado entre los montes,
descollará entre las colinas.
Hacia él confluirán las naciones,
acudirán pueblos numerosos que dirán:
“Vengan, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob.
Él nos indicará sus caminos
y nosotros iremos por sus sendas.
Y es que de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén la palabra del Señor”"
(4:1-2)

Lo que Dios siempre deseó y el pecado impidió, es que su pueblo fuera una luz al resto del mundo, un lugar de sana infección, donde la paz y el amor se propague al reto de las naciones y la violencia desaparezca:

"Él será juez de pueblos numerosos,
arbitrará a naciones poderosas y lejanas.
Convertirán sus espadas en arados,
harán hoces con sus lanzas.
No se amenazarán las naciones con espadas,
ni se adiestrarán más para la guerra."
(4:3)

¿Hay alguna crisis en nuestra vida que está tratando de traer luz a puntos ciegos sobre la manera en la que estoy viviendo? ¿Cómo está trayendo el Señor a mi vida su incómoda palabra profética? ¿Por qué me cuesta tanto escuchar y recibir la crítica?




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