jueves, 15 de noviembre de 2018

EL DIOS DEL ETERNO ENFADO (OSEAS 11)

Si del capítulo 5 al 10 Oseas ha denunciado la lamentable actitud del pueblo y ha advertido acerca de sus consecuencias, en el 11 nos encontramos con un hermoso poema donde ante todo esto, Dios es representado como un padre amoroso que a pesar de cuidar a su hijo con atención lo ve alejarse y aun así trata de recuperarlo:

"Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios.Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida." (11:1-4)

En el poema, este padre amoroso queda destrozado emocionalmente ante la rebeldía de su hijo y aun manifiesta abiertamente su enojo y deseo de que Israel pague las nefastas consecuencias del camino que ha escogido (11:5-7). No obstante, al momento, el Padre muestra que esa no es la última palabra, pues es movido a compasión por su hijo y dice que lo va a perdonar porque le ama:

"¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad." (11:8-9)

Las palabras de Oseas, son tan duras como esperanzadoras.

La imagen de Dios como una madre o un padre amoroso nos ayuda a entender la manera en la que él opera. Perder de vista lo que siente Dios ante nuestra rebeldía y su deseo de restaurarnos, es perder de vista el evangelio mismo: las buenas noticias que vienen a nosotros en medio de nuestra más mísera condición.

Pienso en aquellos momentos en los que como padre manifiesto a mis hijas mi enfado legítimo ante aquello que considero que les daña a ellas u a otros. A veces mi enfado puede llegar a ser percibido por ellas como falta de amor. He comprobado en mi experiencia personal, que el problema no es enfadarse, sino permanecer enfadado más de lo recomendable. Cuando ante el dolor que otros me causan decido permanecer en el enfado mucho tiempo, acabo descubriendo que me estoy atrincherando en una defensa que no me deja ver soluciones y que me abre la puerta al resentimiento. El enojo constante a menudo se convierte en la excusa perfecta para no perdonar y mostrar gracia. Con razón Pablo escribió:

"no se ponga el sol sobre vuestro enojo" (Efesios 4:26b)

El ver a Dios en un eterno enojo, a veces es síntoma de nuestra propia condición interior. Repito, el enojo no es malo, no es pecado, Dios se enoja. Enfadarnos ess una emoción legítima que nos avisa de que algo está siendo una amenaza para nosotros o para otros, el problema del enojo viene cuando no se reconoce y no se expresa adecuadamente, y también cuando es una emoción constante en nosotros. El dios del eterno enojo, no es el Dios de la Biblia.

Las personas con problemas de impulsos expresan el enojo de manera violenta, ya sea verbalmente, con pasividad agresiva o aun físicamente, y eso solo empeora las cosas. Las personas que reprimen su enojo, acaban enfermando. Si los más impulsivos y los más herméticos mantienen el enojo, ambos acaban en amargura constante.

Oseas expresa el enojo de Dios, pero también muestra que este estado no permanece en Él.

Lo interesante, es que el Dios que se enoja y al momento perdona es el mismo que me dice "enojaos pero no pequeís, no se ponga el sol sobre vuestro enojo" (Efesios 4:26), hay una manera correcta de enfadarnos.

Llevo lo dicho hasta aquí, al terreno de nuestro llamado a la "imitatio Dei", la imitación de Dios. En un sentido, como diría Henri Nouwen, estamos llamados no solo a identificarnos con ser "hijos pródigos" abrazados por el Padre, sino con ser "padres amorosos" que abrazamos a otros, el ser hijo pródigo es parte del Camino, pero este no acaba ahí "de gracia recibisteis, dad de gracia" (Mateo 10:8b).

¿Estoy atrincherado en el enfado? ¿Entiendo el enfado como una emoción incontrolable o como una decisión que tomo? La manera de ver el enojo en mi, ¿de qué manera me ayuda o no a salir del mismo? ¿Cuál es el siguiente paso que Dios quiere que tome tras mi enojo actual?


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miércoles, 7 de noviembre de 2018

EL INCÓMODO PROFETA (OSEAS 5-10)

Shane Claiborne (activista cristiano)
Oseas no solo señaló que el pueblo perece por falta de conocimiento, a lo largo del libro no deja de señalar las consecuencias del camino que han tomado:

"La soberbia de Israel le desmentirá en su cara; Israel y Efraín tropezarán en su pecado, y Judá tropezará también con ellos." (5:5)

Pienso en las consecuencias que sufro al vivir en un mundo roto y también al ser partícipe yo mismo de la soberbia que me aparta de Dios. A pesar de este incómodo señalamiento, Oseas nos trae un rayo de esperanza al decir:

"Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él." (6:1-2)

En estos días estoy practicando el oficio diario haciendo uso de oraciones que los cristianos han usado durante siglos. En estas oraciones encuentro una invitación constante a volverme al Señor, a reconocer mi necesidad de él en medio de mi condición actual. Cada mañana recito las siguientes palabras:

"¿A quien he de buscar?, al Señor mi Dios, con todo mi corazón, con toda mi mente y con todas mis fuerzas. Señor, ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que tu eres el santo de Dios. ¡Alabado seas Señor Jesús, Rey de gloria infinita." 

No puedo negar que el Señor no siempre me libra de las consecuencias de mis propios errores, aun a veces tampoco me libra de las consecuencias de los errores de otros. Sin embargo, quien ha permitido que pase por momentos tan terribles, no me dejará, él sabe como usar todo para mi propio bien y madurez y finalmente lo que más desea es sanar y vendar mis heridas, resucitar lo que está muerto y darme una vida abundante. 

No obstante, el profeta no deja de señalar a lo largo de los capítulos en los que me adentro hoy la hipocresía del pueblo en su adoración: ellos quebrantan una y otra vez los 10 mandamientos, permiten horribles injusticias en medio de la sociedad y después ofrecen sacrificio como si lo ocurrido no tuviera importancia. Parece que la sanidad llegará, pero hay que pasar por el quirófano, hay que sacar a la luz toda la infección y mostrar que Dios desea un caminar diferente. Por mucha liturgia y prácticas religiosas que tengamos integrados en nuestras rutinas, el profeta quiere evitar que tales prácticas sean en realidad una máscara que nos oculte el problema de fondo:

"Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos." (6:6)

¿Nos estamos escondiendo de Dios en medio de nuestras liturgias y subcultura religiosa? ¿Qué hay en realidad detrás de nuestras apariencias?

Oseas sigue señalando que por si fuera poco, el pueblo también está ofreciendo sacrificios a otros dioses paganos, y en vez de confiar en Dios, está tratando de confiar en sus alianzas políticas con grandes super potencias como Egipto y Asiria:

"Efraín fue como paloma incauta, sin entendimiento; llamarán a Egipto, acudirán a Asiria." (7:11)

Pienso en como en vez de confiar en Dios, nosotros decidimos vivir hoy como el resto del mundo, poniendo nuestra principal confianza en el poder limitar y en las grandes empresas. Los centros comerciales se han convertido en los nuevos templos y el materialismo y consumismo en la nueva religión. Sin embargo, Oseas le dice al pueblo que finalmente Asiria se volverá contra ellos. 

¿Es Dios nuestra verdadera fuente de confianza o estamos confiando en quien un día se volverá contra nosotros?

Las denuncias constantes de Oseas son incómodas, pero esto formaba parte del ministerio profético en la época. Esta labor de hacer de conciencia espiritual hacía que los profetas fueran pocos queridos en su entorno, a menudo el rechazo que recibían les llevaba a vivir al margen de la sociedad y a veces incluso eran perseguidos y asesinados. 

"Ustedes dicen: «El profeta es un necio. El hombre inspirado es un loco.» Pero lo dicen porque están llenos de maldad, porque su odio es grande." (9:7b)

No obstante, si queremos andar el camino de la espiritualidad profunda, vamos a necesitar que nos acompañen profetas, me refiero a esas personas que nos aman lo suficiente para no decir solo lo que nos gustaría oír, sino también lo que necesitamos escuchar y estamos ignorando. 

¿Por qué no le pedimos a Dios que ponga a nuestro lado este tipo de personas? Es más, ¿qué podemos hacer para que en nuestras comunidades se favorezca la necesidad de apoyarnos diciéndonos también lo que es incómodo?

Hace unos meses estaba teniendo mi tiempo regular con un pequeño grupo de hombres de mi comunidad cristiana, nos vemos para rendirnos cuentas de como estamos viviendo. Uno de ellos dijo sabiamente: "yo necesito saber que en este grupo me vais a llamar la atención si no ando debidamente, necesito gente que me reprenda con amor", no se si lo dijo, porque a veces, tratando de huir de aquellos que viven desde el juicio constante de los demás desde un espíritu intolerante y controlador, podemos caer en el otro extremo, el de solo decirle a los demás, aquello que quieren oír y no lo que necesitan oír. 

¿Hay alguien que me está diciendo algo tan incómodo como necesario para mi vida espiritual? ¿Hay algo que debo decir con amor a alguien y que por alguna razón me cuesta?



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jueves, 1 de noviembre de 2018

Tras los primeros tres capítulos introductorios, la estructura del libro de Oseas nos ofrece el desarrollo de las quejas y advertencias ante la manera de actuar del pueblo de Israel. Podemos detectar dos bloques que desarrollan estas quejas y advertencias, ambos bloques acaban con un poema de esperanza donde la misericordia de Dios se resalta a pesar del pecado del pueblo y sus consecuencias. El primer bloque abarca desde el capítulo 4 al 11 y el segundo del 12 al 14.

Hoy me adentro en el capítulo 4 donde Oseas señala una causa del problema:

"Escuchen, israelitas,
la palabra del Señor,
porque el Señor está en pleito
con los habitantes del país,
pues no hay fidelidad ni amor
ni conocimiento de Dios en el país." (4:1)

La falta de fidelidad, amor y conocimiento de Dios ha creado un ambiente desolador, donde la mentira, la injusticia, la lascivia y la adoración a otros dioses están en medio de la vida cotidiana del país.

"Proliferan perjurios y mentiras,
asesinatos y robos,
adulterios y violencias;
los crímenes se multiplican." (4:2)

"mi pueblo consulta a un madero
y se deja instruir por un leño;
un espíritu de prostitución los extravía
y se prostituyen apartándose de su Dios." (4:12)

Al igual que en el verso 1, en el 6 el profeta vuelve a señalar que el pueblo carece de conocimiento:

"Mi pueblo perece
por falta de conocimiento;" (4:6a)

La palabra hebrea que Oseas usa para referirse a "conocimiento" es la palabra hebrea "Yada" que nada tiene que ver con con el conocimiento que se adquiere ante la sola actividad intelectual, sino que incluye la experiencia de una relación personal. Hay una diferencia en saber acerca de alguien o conocer a esa persona.

En nuestro mundo occidental, tan influenciado por la educación griega, muchos cristianos creen que Oseas nos está mostrando que el antídoto ante la inmoralidad e infidelidad es el estudio teológico al puro estilo griego, que tiene muchas veces que ver con sentarse a escuchar a eruditos o ponerte delante de libros. Algunos líderes, para que la comunidad cristiana no perezca por falta de conocimiento, llevan a cabo liturgias basadas en sermones monopolizadores o estudios bíblicos de diversa naturaleza. No creo que la Biblia desprecie en ningún momento nuestro intelecto ni el ejercicio intelectual, este juega un papel importante y en el pasaje que enfrentamos a los sacerdotes les tocaba enseñar acerca de la ley y es probable que no lo estuvieran haciendo. No quiero dejar dudas de que la lectura y el estudio de la Biblia es una disciplina necesaria que cumple importantes funciones en la formación espiritual, pero si creo que la Biblia nos da seria señales de que el conocimiento intelectual es insuficiente para combatir el problema del pecado. "Yada" no omite el conocimiento intelectual, pero si va más allá de la sola actividad intelectual.

Podemos estar bien involucrados en actividades que nos ofrecen conocimiento teológico, y a la vez "perecer por falta de conocimiento" tal como lo señala Oseas, pues el conocimiento del que habla el profeta implica experiencia relacional. Al pensar en una relación personal, lo que viene a mi mente son espacios donde me doy a conocer, donde los secretos del corazón salen a la luz, donde escucho a quien tengo delante y considero lo que me dice. Si el estudio o conocimiento intelectual no consigue dicho fin, vano es.

En el tiempo de Jesús tenemos el ejemplo de los fariseos y demás maestros de la ley, tales personas  memorizaban y recitaban las Escrituras como seguramente ninguno de nosotros podemos, podían dar explicación a los pasajes bíblicos más complicados, sin embargo, todo ese esfuerzo para nada les sirvió a la hora de reconocer al Mesías. Es muy curioso que personas consideradas despreciables en la época y no aptas a nivel intelectual, si identificaron al Mesías y le recibieron. Esa realidad nos hace pensar que sin una actitud y motivación adecuada, nuestras disciplinas espirituales pueden tener un efecto totalmente inverso al que pretenden.

¿Sería sincero si digo que experimento una relación personal y real con Dios? ¿De qué manera ser sincero ante Dios de mi realidad interna puede ayudarme a avanzar en conocerle más? ¿Hay algo que Dios me está diciendo y no estoy considerando? ¿Podría dar un ejemplo de como escuchar a Dios y obedecerle me ha dado un conocimiento profundo de su persona?




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viernes, 26 de octubre de 2018

AMAR A LA MANERA DE DIOS (OSEAS 1-3)

Me adentro en el libro del profeta Oseas, una obra en su mayor parte poética que según expertos contiene los mensajes de Oseas durante unos 25 años. El contexto del libro tiene que ver con una importante crisis del pueblo de Dios que se hace visible con una división en dos reinos: el reino del norte, Israel, y el reino del sur, Judá, tal como lo relata 1ª de Reyes en el capítulo 12. Oseas escribe durante el reinado de uno de los peores reyes de Israel, Jeroboam, hijo de Joás y en un tiempo donde la nación fue deteriorándose cada vez más con adoración a falsos ídolos y donde finalmente el imperio Asirio acabó oprimiendo al Reino del Norte (2ª Reyes 14-17).

"Palabra que el Señor dirigió a Oseas, hijo de Beerí, en tiempos de Ozías, Jotán, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá, y en tiempo de Jeroboán, hijo de Joás, rey de Israel." (1:1)

En este contexto, el profeta toma para si a una mujer fornicaria como esposa, en la mayoría de traducciones se le considera una prostituta, la cual se llama Gomer.

"El principio de la palabra de Jehová por medio de Oseas. Dijo Jehová a Oseas: Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación; porque la tierra fornica apartándose de Jehová." (1:2)

Con Gomer tiene tres hijos, Jezrael, Lo-Rujama y Lo-Amní. Los nombres de estos tres hijos son todo un símbolo de las consecuencias nefastas de vivir siendo infieles al Señor:

"Él fue y se casó con Gómer, hija de Dibláin, la cual concibió y le dio a luz un hijo. Entonces el Señor le dijo: —Ponle de nombre Jezrael porque dentro de poco pediré cuentas a la familia de Jehú por los crímenes de Jezrael y pondré fin al Reino de Israel." (1:3-5)

"Concibió de nuevo Gómer y dio a luz una hija. El Señor dijo a Oseas:—Ponle de nombre Lo-Rujama —es decir, No-Amada—, porque no amaré a Israel en adelante, ni lo soportaré más." (1:6)

"Apenas había destetado a Lo-Rujama cuando concibió y dio a luz otro hijo. El Señor dijo:
—Ponle por nombre Lo-Ammí —No-Mi pueblo— porque ustedes no son mi pueblo, ni yo existo para ustedes." (1:8-9)

Sin embargo, aunque en estos tres capítulos hay un rechazo claro del Señor hacia la infidelidad representada por una mujer fornicaría, el texto no se queda solo en el juicio, sino que nos presenta un panorama de esperanza.

"Estableceré a mi pueblo en la tierra. Amaré a Lo-Rujama —la-no-amada—, y a Lo-Ammí —no-mi-pueblo— le diré: «Tú eres mi pueblo» y él responderá: «Y tú mi Dios»." (2:25)

En el capítulo 3, Oseas es llamado a ir a las personas que han fornicado con su mujer y pagar el precio que hace falta para liberarla y esposarla en una relación de fidelidad.

"El Señor me dijo: —Vete de nuevo y ama a una mujer amada por otro y adúltera, porque así también el Señor ama a los israelitas, aunque ellos se vuelven a otros dioses y saborean los pasteles de pasas. La compré, en efecto, por quince siclos de plata y una medida y media de cebada. Y le dije: —Durante mucho tiempo permanecerás conmigo sin prostituirte ni entregarte a otro hombre, y yo me portaré de la misma manera contigo. Porque durante mucho tiempo los israelitas estarán sin rey ni príncipe, sin sacrificios ni estelas, sin efod ni terafim. Luego, buscarán de nuevo al Señor Dios y a David, su rey, y acudirán respetuosos al Señor y a sus bienes por siempre." (3:1-5)

Todo ello nos habla de la relación de Israel con su Dios; si bien el pueblo ha roto el pacto, siendo infiel a través de adorar a otros dioses falsos, Dios en vez de anular el pacto, decide renovarlo y no dejar al pueblo en la opresión y el exilio que ha provocado las consecuencias de su conducta.

El hecho de que Oseas es llamado a amar a una mujer fornicaría y a serle fiel, nos habla de como Dios a pesar de nuestras infidelidades nos ama y como su deseo último es restaurarnos y librarnos de las consecuencias de nuestros errores y maldades.

El pasaje de hoy me hace pensar no solo en como el amor de Dios me restaura, sino que me recuerda que soy llamado a amar a la manera de Dios:

"Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso." (Lucas 6:36)

"...de gracia recibisteis, dad de gracia." (Mateo 10:8b)

En la vida espiritual, lo primero que nos encontramos es con un amor que nos sana y restaura a aquellos que somos como Gomer la fornicaria, sin embargo, ese amor no nos sana para ser solamente los amados, sino también para ser un canal de amor para otros. Sin embargo, la cosa se complica cuando Dios nos manda amar a su manera, es ahí cuando podemos comprobar, si realmente hemos recibido y entendido el amor de Dios. No hay duda de que no podemos dar lo que no hemos recibido. No sin razón Juan escribió:

"Sabemos que por amar a nuestros hermanos hemos pasado de la muerte a la vida, mientras que quien no ama sigue muerto. Odiar al hermano es como darle muerte, y deben saber que ningún asesino tiene dentro de sí vida eterna. Nosotros hemos conocido lo que es el amor en que Cristo dio su vida por nosotros; demos también nosotros la vida por los hermanos." (1ª Juan 3:14-16)

¿Con qué personas en estos momentos, necesitarías hacer un acto de sacrificio para amarlas? ¿Qué responderé al Dios que me pide que ame a otros como el me ama a mi?


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viernes, 19 de octubre de 2018

SOY UN CONTROLADOR (3ª JUAN)

La tercera carta de Juan es muy breve y va dirigida a un cristiano llamado Gayo, a quien se le elogia por mantenerse fiel a la fe y colaborar en el ministerio apostólico de la iglesia al recibir a los creyentes que viajan con el fin de compartir el evangelio:

"Mi mayor alegría es oír que mis hijos caminan a la luz de la verdad. Estás portándote, querido, como un auténtico creyente al hacer lo que haces por los hermanos, aunque para ti sean forasteros. Ellos son precisamente los que han dado ante la comunidad público testimonio de tu amor. Harás bien en ayudarlos a proseguir su viaje como corresponde a servidores de Dios," (1:4-6)

En Efesios 4:11 se nombran cinco funciones básicas en la iglesia para la edificación: el ministerio apostólico, el profético, el evangelistico, el pastoral y el de enseñanza. 

"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo," (Efesios 4:11-12)

Más allá de las singularidades proféticas del Antiguo Testamento y apostólicas del Nuevo Testamento con los doce, pocos niegan que la iglesia actual debe mantener estos cincos ministerios vivos en medio de ella. 

La palabra apóstol significa "enviado" y los discípulos somos enviados a cumplir la Gran Comisión por todo el mundo, es en este sentido que pocos pondrían en duda que la iglesia tenemos una responsabilidad apostólica, la cual sin duda, se fundamenta en los doce y que incluye abrir camino al evangelio ante barreras geográficas y culturales. Gayo estaba atendiendo a hermanos involucrados en esta importante función de la iglesia. 

Por otra parte, somos llamados a ser sal y luz en medio de un mundo roto, y eso implica no callarnos ni quedarnos de brazos cruzados ante las injusticias que nos rodean, así como los profetas no miraron hacía otro lado cuando lo que destacaba en su entorno eran estilos de vida corruptos e injustos alejados de la voluntad de Dios. Es en este sentido y bajo este fundamento, que hemos de reconocer que como iglesia tenemos una responsabilidad profética en este mundo. 

Con respecto a los otros tres ministerios, no suele haber duda de que han de estar presente en nuestras funciones como iglesia, aunque quizás debemos reconocer, que mucho de la eclesiología moderna, tan influenciada por Constantino y nuestro entorno empresarial, empuja a quienes hacen funciones evangelísticas a los denominados organismos "paraeclesiales",  debido en gran parte a que la función de pastores y maestros ha creado posiciones directivas desde un paradigma piramidal en muchas comunidades cristianas, lo caul ha dado lugar a ministerios monopolizadores.

La tercera carta de Juan, nos deja ver a una iglesia no institucionalizada, sino mucho más orgánica, donde el liderazgo se presenta desde una autoridad moral y no en base a posiciones profesionales de autoridad. En esta iglesia nuevo testamentaria, se aprende a colaborar en el ministerio apostólico no en base a participar con organizaciones religiosas, sino en base a permanecer en red con el resto de la iglesia en el mundo, operando fuera de estructuras complejas. 

Sin embargo, el paradigma orgánico, no nos libra del gran problema de fondo en el liderazgo, que no es otro que nuestro deseo de controlarlo todo, lo cual nos lleva a poner límites a la obra de Dios a través de su iglesia. Es esto lo que le pasaba a Diótrefes:

"He escrito unas líneas a la comunidad, pero Diotrefes, en su afán por manejarlo todo, no nos ha hecho ningún caso." (1:9)

Esta carta me lleva a examinar mi estilo de liderazgo. Uso la palabra liderazgo para referirme a la influencia que tenemos sobre quienes nos rodean, la uso por tanto en un sentido en el que todos podemos y debemos sentirnos aludidos. No estoy pensando en el líder posicional que mantiene un título profesional en la comunidad, porque dicha imagen tiene más que ver con nuestro entorno occidental que con el contexto de la iglesia nueva testamentaria. Aclarado esto, el punto tiene que ver con nuestra necesidad de ser libres de tratar de manejarlo todo, así como lo hacía Diotrefes.

Reconozco que mi carácter me lleva a ser una persona prudente y prevenida, sin embargo, estas cualidades también tienen su lado oscuro, a veces caigo en tratar de no reconocer o dar lugar a otros con el fin de no sentir que pierdo el control. Cuando caigo en ello, la prudencia se convierte en imprudencia.

Ni el receptor directo de esta carta, Gayo, ni otra persona de influencia en la comunidad llamada Demetrio se estaban caracterizando por el "afán de manejarlo todo":

"En cuanto a Demetrio, todos, y la misma verdad lo confirma, dan testimonio a su favor." (1:12) 

Acabo por tanto mi lectura en las tres cartas de Juan con un reto importante para mi: reconocer que no puedo, ni debo tratar de manejarlo todo. Me toca confiar en Dios de tal manera que confíe en los demás, y de esa manera, disfrutar de la realidad de que solo Dios está en control y su obra no depende de mi. Reconocer nuestros límites y disfrutar de como Dios usa a otros se convierte en una actitud liberadora y sanadora. 

¿Ejerzo mi influencia tratando de manejarlo todo? Examina como tratas a los miembros de tu familia, a tus compañeros de trabajo, de tu comunidad cristiana y cualquier otro ámbito donde se cuente con tu opinión ¿Tus comentarios en tales contextos suelen reconocer y agradecer las acciones de los demás? ¿Tienes la sensación de que solo tu haces las cosas de manera acertada? ¿Qué puedes hacer para ser libre de un control tóxico?



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jueves, 18 de octubre de 2018

FIRMES EN LA FE (2ª JUAN)

La segunda carta de Juan se dirige a la "señora" y a sus hijos, algunos piensan que este término es una metáfora, aunque no hay que descartar que el termino "señora" pueda hacer referencia a una cristiana madura con funciones de anciana en medio de los cristianos que se reúnen en su casa:

"Yo, Juan, el anciano, les escribo esta carta a la señora elegida y a sus hijos, a quienes amo en la verdad —y no solo yo sino también todos los que conocen la verdad—," (1:1)

Esta segunda carta mantiene el énfasis en el amor, como fundamento de nuestra espiritualidad:

"Les escribo para recordarles, queridos amigos, que nos amemos unos a otros. Este mandamiento no es nuevo, sino que lo hemos tenido desde el principio. El amor consiste en hacer lo que Dios nos ha ordenado, y él nos ha ordenado que nos amemos unos a otros, tal como ustedes lo oyeron desde el principio." (1:4-6)

El amor es un término que se usa constantemente en nuestro vocabulario; no dejamos de escucharlos en canciones, poesías, artículos etc. Sin embargo, Juan no necesariamente se está refiriendo al amor tal como se entiende en muchos de los contextos donde hoy se nombra. Juan no habla de un sentimiento que hoy está y quizás mañana no, tampoco se refiere al amor como un acto que nos sirve como moneda de cambio para satisfacer nuestras propias necesidades. A veces usamos la palabra "querer" como sinónimo de "amor", sin embargo, cuando alguien nos dice "te quiero", quizás podemos preguntarle "·¿Para qué me quieres?". En griego y también en hebreo hay diferentes palabras que nosotros traducimos por amor, y estas palabras no significan lo mismo.

Para Juan, el amor del que habla es el denominado en griego por la palabra "ágape" y se entiende bien en Jesús, quien nos ha mostrado que Dios nos ama de manera activa, incondicional, a pesar de y hasta que le ha dolido. Es por ello que cuando hablamos de que amamos a otros, bien pudiéramos preguntarnos si lo estamos haciendo a la manera en la que Dios nos ha ordenado y enseñado.

Juan está muy preocupado por las personas que han salido de las iglesias diciendo que Jesús no es el Mesías, que no ha venido en carne. Decir y creer esto es una invitación a perder de vista el amor de Dios en su manera más palpable y evidente para nosotros. Parece que algunas personas que van diciendo esto, lo hacen como misioneros itinerantes y es en este contexto que debemos entender el consejo de que no sean recibidos:

"Si alguien los visita y no lleva esta enseñanza, no lo reciban en casa ni le den la bienvenida, pues quien le da la bienvenida se hace cómplice de sus malas obras." (1:10-11)

Muchos, sin entender el contexto, han mal usado este versículo como excusa de rechazar a aquellos que no piensan como nosotros en algún tema, incluso para apartar de la comunidad a los que manifiestan dudas sinceras abiertamente. Detrás de la mala interpretación de esta carta, a menudo se esconde nuestro espíritu controlador sobre los demás, un espíritu que se suele disfrazar de firmeza y amor por la verdad y la sana doctrina, pero que suele esconder el temor de nuestra falta de confianza. Es muy bueno que en la siguiente carta (3ª de Juan) se nombre un personaje llamado Diótrefes que nos hace pensar en los problemas de un liderazgo controlador, pero esto es para verlo más adelante.

No obstante, el mal uso de esta carta, no nos debe apartar de considerar el valor y la importancia de no perder de vista el AMOR con mayúscula, que en nuestra fe, no se trata de un mero sentimiento, si no de una persona real que vive y se manifiesta hoy en nosotros y a través de nosotros. Al igual que los receptores de este escrito debían ser prácticos en no dar cabida entre ellos el perder de vista su fundamento de fe, nosotros debemos hacerlo igual. Si amamos a Jesús y valoramos el amor que Dios nos ha manifestado en Cristo, debemos responder con firmeza ante quienes nos inviten a perder de vista lo que nos ha sanado, liberado y restaurado.

¿De qué manera podemos poner en peligro el amor de Dios como fundamento? ¿Qué nos puede ayudar a centrarnos en amarnos unos a otros desde el amor que Jesús nos ha enseñado?




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