jueves, 23 de enero de 2020

Tras los primeros capítulos en lo que Israel es contado y organizado, nos encontramos con una sesión en la que el texto se centra en leyes adicionales que el pueblo debía considerar. la lepra, la restitución y los celos parece que eran asuntos que preocupaban y necesitaban una respuesta (5:1-31), por otro lado, la consagración de los Nazareos, las ofrendas de dedicación, la consagración de los Levitas y la celebración de la Pascua (6-9:14) seguían manteniendo la atención en el aspecto de la santidad.

"Manda a los israelitas que expulsen del campamento a todo leproso, a todos los que padezcan flujo seminal y a todos los impuros por contacto con un cadáver" (5:2)

"El sacerdote ofrecerá uno como ofrenda de purificación y el otro en holocausto; así hará expiación en favor del nazareo por el pecado en que incurrió al estar cerca del muerto. Ese mismo día consagrará nuevamente su cabeza," (6:11)

La santidad no solo alude al aspecto de ser buenos e íntegros, en la Biblia también es una señal de ser único. En este sentido, Dios es Santo porque también es único como poderoso Creador de todo.

Algunos usan la metáfora del Sol para entender ciertas paradojas de este aspecto divino. Así como el Sol es único en nuestro sistema solar al proveernos luz y calor necesaria para la vida, también lo es Dios. Así como no nos podemos exponer al Sol mucho tiempo ni mucho menos acercarnos a cierta distancia sin ser quemados, tampoco podemos en nuestra condición inmunda acercarnos a Dios sin sufrir consecuencias. Así como necesitamos protegernos para exponernos al Sol sin morir, lo necesitamos para exponernos a Dios ¿Necesitamos protegernos de Dios por que él es malo?, claro que no, precisamente por todo lo contrario, porque es demasiado bueno para nuestra realidad caída.

La radiante bondad de Dios siempre ha provisto maneras para que podamos acercarnos a él de manera segura. Es desde este lugar que podemos entender las leyes de purificación del pueblo de Israel. Estas leyes responden a un pueblo en unas condiciones muy diferentes a las nuestras en Occidente: su herencia cultural patriarcal, la experiencia de esclavitud, el sobrevivir en un desierto hostil lleno de enemigos... todo ello hace que preocupaciones que para nosotros son básicas, este pueblo ni se las plantee. No me extraña que al leer estas porciones con mis gafas occidentales, yo me preguntara por ejemplo, por qué las leyes para actuar ante los celos del hombre no contemplan los posibles celos de una mujer... Estos silencios, nos hablan más de la realidad caída y de desigualdad que el pecado ha traído, que de la justicia que finalmente anhelamos y será establecida al final de los tiempos.

El Calendario Litúrgico de la Iglesia, puede ser una buena herramienta para usar aspectos claves del evangelio como gafas para mirar la antigua historia de Israel. Voy a tratar de hacerlo a partir de aquí: Cuando el año pasado celebramos Adviento en mi familia y comunidad cristiana, recordamos el tremendo y maravilloso misterio de la Encarnación: Dios poniendo su tienda en medio de nosotros, Enmanuel, uno de los nombres proféticos de Cristo, significa "Dios con nosotros". Después de la Navidad viene la Cuaresma, donde reflexionamos en como Jesús fue tentado y no pecó, Él vivió en absoluta santidad y también la Cuaresma nos prepara para acoger la Semana Santa: el misterio de su muerte y resurrección, a través de la cual tenemos libre acceso a la intimidad con Dios. Todo este nacimiento, vida, muerte, resurrección y ascensión de Cristo cumple y completa las imperfectas leyes del Antiguo Pacto que a veces tanto nos cuesta entender y llegamos así a un momento neurálgico del perfecto plan de Dios para restaurar lo que hemos estropeado con nuestro pecado.

Números del 9:15 al 10:36, nos señala como este pueblo que es invitado a estar cerca de Dios, también es guiado a salir de su zona de confort, para encontrar un lugar de paz donde reposar y vivir. El uso de las trompetas, señalaba los momentos en los que Dios indicaba a través de la columna de nube y fuego cuando era hora de partir u hora de descansar en medio del camino que debían recorrer.

"En el año segundo, a los veinte días del segundo mes, la nube se levantó por encima de la Morada del testimonio y los israelitas partieron en orden de marcha del desierto de Sinaí hasta que la nube se detuvo en el desierto de Parán." (10:11)

Tras la Semana Santa, el calendario Litúrgico nos lleva hacía el día de Pentecostes, donde lenguas de fuego se posaron sobre las cabezas de mujeres y hombres por igual para dar testimonio de que la purificación y el poder de Dios se nos otorga para ser agentes de restauración en un mundo roto. Ahora somos guiados por el Espíritu Santo, quien a través de una relación íntima nos habla y guía en nuestros ritmos individuales y comunitarios. ¡Qué increíble privilegio tenemos! El pueblo que experimentó la gloriosa nube y columna de fuego que los guió en el desierto, quizás ni se podría imaginar como Dios se manifestaría en nuestros día también a gentiles para guiarnos en nuestro día a día.

Leer un libro como Números, no es fácil sin una adecuada contextualización, pero en este día soy más consciente que las historias ancestrales siguen señalando una herencia gloriosa, la cual podemos saborear y experimentar de una manera nueva y más completa hoy gracias a la historia de Cristo Jesús, la cual podemos tenerla presente durante todo el año con herramientas concretas, una de ellas, es el calendario litúrgico.

La Santidad, el acercarnos a Dios confiadamente, el ser guiados a su presencia y por su presencia... siguen siendo temas claves de ayer y hoy para la espiritualidad, pero que alivio poder entenderlos hoy a la luz de Cristo Jesús. Con la luz de Cristo, las historias de este pueblo siguen siendo mi propia historia, siguen desafiándome a asegurarme que vivo en los parámetros que me permiten relacionarme adecuadamente con el Dios que quiere estar cerca de mí y desea guiarme a un lugar de paz más profunda.

"Gracias Dios por acercarte a nosotros para una relación íntima donde tu santidad nos transforma y no nos destruye y donde tu Espíritu santo nos guía con el propósito de experimentar y promover la Paz. Ayúdanos como Israel, a preocuparnos para dar respuestas adecuadas ante todo asunto que nos pueda alejar de ti. Qué al tomar el pan y el vino  seamos más conscientes de tu amor y nuestra misión, y que estemos siempre atentos a la guía de tu Espíritu Santo para ir donde tu nos envías y para descansar cuando lo necesitemos. Amén"



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sábado, 18 de enero de 2020

ORGANIZARNOS COMO COMUNIDAD (NÚMEROS 1-4)


El libro de Números nos sitúa en un momento clave de Israel: el pueblo está aun en el éxodo, ha recibido en el Sinaí instrucciones acerca de como vivir, sin embargo, una y otra vez, han demostrado infidelidad al pacto con Dios. Los rituales alrededor del Tabernáculo han dado al pueblo una oportunidad de reconocer su condición, y de entender que son redimidos ante Dios... justo en este libro, están a punto de entrar a la tierra prometida, lo cual nos habla de la fidelidad de Dios a pesar de nuestra infidelidad.

Al sumergirme en los primeros cuatro capítulos, me encuentro con un censo y una estructura de organización del campamento. 

"— Haz un censo completo de la comunidad israelita: registrarás uno por uno los nombres de todos los varones según sus clanes" (1:2)

Estamos ante una población patriarcal, nómada y guerrera. Nos guste más o menos la condición de este pueblo, nos toca ser empáticos con aquellos que trataron de sobrevivir en condiciones extremas y que encontraron un camino para no ser destruidos en un desierto hostil y llenos de enemigos. Si no tenemos capacidad para contextualizar la escena, es muy probable que no podamos entender el valor de este texto para nuestros días, ni diferenciar entre principios universales y expresiones culturales. Aquel pueblo se interesó en contar a los guerreros, con el fin de no morir y encontrar descanso y paz. Sin duda, el verdadero descanso y paz solo dependía de Dios, pero eso nunca significó para ellos quedarse de brazos cruzados, organizarse era básico. Sospecho que detrás de esto hay un principio universal también para nosotros. 

Leyendo este texto en coomunidad sobre el recuento de los hombres, una hermana expresó que en Hechos dos vemos el contraste de un nuevo pueblo en el que las mujeres son nombradas junto a los hombres, pues en Jesús la cosa ha cambiado.   

"En esos días derramaré mi Espíritu
    aun sobre mis siervos —hombres y mujeres por igual—
    y profetizarán." 
(Hechos 2:18)

Pienso en la necesidad de organizarnos como comunidad cristiana en el día de hoy. Creo que estamos agradecidos porque en Jesús no somos una comunidad patriarcal con necesidad de soldados preparados para la guerra, sino un cuerpo donde mujeres y hombres somos considerados iguales ante Dios. Esto no solo lo debemos ver como algo cultural, sino también como una señal de que en el Reino de Dios, la horrible ruptura de que el hombre se enseñoreará de la mujer ha sido restaurada. Este elemento que mi hermana señaló en su lectura de Números bajo la luz del libro de Hechos, debe estar presente a la hora de organizarnos para cumplir nuestro propósito como iglesia en medio de un mundo roto ¿De qué manera podemos contribuir a una organización más acorde con la nueva comunidad de Jesús?

No quiero acabar mi reflexión sin señalar un elemento en Números que me hace pensar en un principio central para organizarnos. Dice el texto:

"Los israelitas acamparán cada uno con su regimiento, bajo las insignias de sus casas patriarcales; acamparán, a cierta distancia, alrededor de la Tienda del encuentro." (2:2)

Es decir, las diferentes tribus estaban alrededor del lugar donde se llevaba a cabo el encuentro profundo con Dios. La manera en la que se distribuían, no dejaba duda de lo que realmente era importante para este pueblo y de lo que realmente era importante proteger.

Esta nueva comunidad de Jesús donde mujeres y hombres son contados con el mismo valor, al igual que Israel necesita organizarse para enfrentar los retos en el Camino, y al igaul que Israel debemos organizarnos bajo la centralidad de una comunión profunda con Dios. 

Si no protegemos este valor, corremos el peligro de perdernos en el Camino y no pisar la tierra prometida. Desde esta comunión con Dios, que entendemos mejor en Jesús, es que podemos organizarnos para demostrar que en Cristo ya no hay judíos ni griegos, mujeres ni hombres... y me atrevo a decir, ni progresistas o conservadores... ni católicos ni protestantes... en el somos un pueblo diferente, unidos para centrarnos y comer en la misma mesa y en la misma posición, donde solo Jesús preside y este se agacha para lavarnos los pies.

¿Es la centralidad de Jesús y nuestra comunión con Dios el elemento desde el que nos organizamos? ¿De qué manera nuestra organización refleja o puede llegar a reflejar mejor lo que valoramos?



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jueves, 9 de enero de 2020

EL ANTINOMIANISMO (JUDAS)

En estos días me he adentrado en el libro de Judas, una obra que se le atribuye a uno de los cuatro posibles hermanos de Jesús (Mateo 13:55, Marcos 6.3). Judas parece que quería escribir sobre otro tema, pero al conocer sobre el comportamiento de algunos corruptos e inmorales influyentes en la iglesia, decide hacer un escrito de advertencia:

"Queridos hermanos, ardía yo en deseos de escribiros acerca de un asunto que a todos nos concierne: el de nuestra salvación. Pero ahora debo hacerlo forzado por las circunstancias, pues es preciso alentaros a combatir en defensa de la fe confiada a los creyentes de una vez por todas." (v. 3)

La obra de Judas es corta, pero tiene mucho que aportarnos sobre un extremo peligroso de la fe: el antinomianismo. El autor Dallas Willard decía que en el camino de la fe hay dos precipicios peligrosos que debemos evitar. En un extremo del camino está la herejía del moralismo, que consiste en creer que podemos salvarnos a nosotros mismos a través de nuestras buenas obras. En el otro extremo, está la herejía del antinomianismo, que consiste en creer que la gracia significa que no importa como vivamos, convirtiendo la libertad en Cristo en una licencia para pecar. Este es el error que combate esta carta:

"Y es que entre vosotros se han infiltrado solapadamente algunos individuos cuya condenación está anunciada en las Escrituras desde hace mucho tiempo; son gente impía que confunde la gracia de Dios con el libertinaje y que reniega de Jesucristo, nuestro único Dueño y Señor." (v. 4)

Judas no se centra en la teología de estos maestros, se centra en el estilo de vida que llevan. De esta manera, esta carta profundiza en la enseñanza de Jesús acerca de que aquellos que le aman, son los que guardan sus mandamientos (Juan 14:15). Es decir, la fe cristiana no se puede reducir a simplemente aceptar ciertas ideas teológicas, lo que determina nuestra fe es la manera en la que vivimos.

Esto nos sitúa en el lugar adecuado para entender la formación espiritual. Una formación espiritual basada solamente en la oratoria suele dar como resultados a cristianos con una cabeza llena de información y un cuerpo desentrenado para enfrentar el pecado.

Judas se presenta como un conocedor de la literatura de su época, de ahí que su escrito haga referencia no solo a los libros de la Torá, sino también a la literatura apócrifa. En aquel tiempo, como en nuestros días, un libro no tenía que estar en la Biblia para ser considerado importante. Los numerosos ejemplos de Judas, basados en libros apócrifos como el de Enoc y en historias del Antiguo Testamento como las de Sodoma, Cain y Balaam... pretenden alertar a los cristianos de como el camino de la corrupción y la inmoralidad que está presente en la comunidad acaba en destrucción, y por lo tanto debe ser evitado.

"Lo mismo que esos ángeles, también Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas se entregaron a la prostitución, y se dejaron llevar por vicios contra la naturaleza. Por eso sufrieron el castigo del fuego eterno y quedaron como advertencia para todos" (v. 7)

El que dentro de la iglesia encontremos personas corruptas e inmorales, no es algo que deba tomarnos por sorpresa. No solo el Antiguo Testamento nos presenta numerosos ejemplos sino que también los apóstoles nos advierten:

"Pero ustedes, queridos hermanos, acuérdense de que los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo les habían dicho: «En los últimos tiempos habrá gente burlona, que vivirá de acuerdo con sus malos deseos.»" (v. 17-18)

Quizás el sincero análisis de nuestros propios deseos y pensamientos, pueden ser la mejor ayuda para no sorprendernos de lo fácil que puede ser el acabar promoviendo conductas corruptas e inmorales en medio de la comunidad cristiana. He comprobado que leer libros como Judas y acabar viendo el peligro fuera de mi y no dentro de mi, suele ser una señal de lo cerca que estoy en caer en la herejía que quiero evitar.

Las metáforas de este libro me parecen brillantes, pues nos hablan de signos internos relacionados con un estilo de vida fuera del camino de la fe: egoísmo, inconstancia, vacío interior, falta de propósito, una vida infructuosa... así lo expresa Judas:

"...Son pastores que cuidan solamente de sí mismos. Son nubes sin agua, llevadas por el viento. Son árboles que no dan fruto a su tiempo, dos veces muertos y arrancados de raíz. Son violentas olas del mar, que arrojan como espuma sus acciones vergonzosas. Son estrellas que han perdido su rumbo y están condenadas a pasar la eternidad en la más negra oscuridad." (v. 12b-13)

Si nos miramos con profundidad y sinceridad ¿encontramos algunos de estos síntomas en nosotras mismas como personas espirituales?

La conclusión de Judas es muy práctica: desde el fundamento de la santísima fe, es decir, del evangelio que nos anuncia la vida, la muerte y resurrección de Jesús por nuestros pecados para que lleguemos a formar parte de una nueva humanidad, dediquémonos a la oración bajo la guía del Espíritu Santo y al amor de Dios, el cual se manifiesta de manera muy práctica cuidándonos unos de otros en medio de la comunidad cristiana:

"Pero ustedes, queridos hermanos, manténganse firmes en su santísima fe. Oren guiados por el Espíritu Santo. Consérvense en el amor de Dios y esperen el día en que nuestro Señor Jesucristo, en su misericordia, nos dará la vida eterna. Tengan compasión de los que dudan. A unos sálvenlos sacándolos del fuego, y tengan compasión de otros, aunque cuídense de ellos y aborrezcan hasta la ropa que llevan contaminada por su mala vida." (v. 20-23)

De esta manera, es que nos podemos mantener alertas.

No nos podemos salvar a nosotros mismos y ni aun nuestro esfuerzo tiene el poder para cambiar lo profundo del corazón,  solo Dios nos salva:

"El Dios único, Salvador nuestro, tiene poder para cuidar de que ustedes no caigan, y para presentarlos sin mancha y llenos de alegría ante su gloriosa presencia." (v. 24-25a)

A la vez, la gracia divina nunca significó estar de brazos cruzados y evitar el esfuerzo como parte de una fe viva y activa que nos coloca en el lugar donde solo Dios nos protege, nos transforma y nos salva.

¿Hay señales en mi y/o en mi comunidad cristiana de una vida de inmoralidad y/o corrupción? ¿Qué prácticas pueden movernos al lugar donde Dios nos devuelve propósito y el dar buenos frutos? ¿De qué manera podemos amarnos y ayudarnos para ser libres de un camino que nos aleja de la voluntad de Dios?




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sábado, 30 de noviembre de 2019

Proverbios 30 son palabras atribuidas a Agur y proverbios 31 palabras atribuidas al rey Lemuel.

Hoy destaco lo siguiente:


"Abre tu boca por el mudo
En el juicio de todos los desvalidos.
Abre tu boca, juzga con justicia,
Y defiende la causa del pobre y del menesteroso." 
(31:8 y 9)

Este manual para la vida también nos invita a mirar más allá de nuestro propio ombligo. Ser empático con las dificultades de otros es algo que va contra el egoísmo.

Lo fácil es ver personas en la televisión siendo desahuciadas, personas pidiendo en la calle o aun en la puerta de nuestras casas, y mirar para otro lado. Sin embargo, hay historias concretas detrás de estas escenas, también hay leyes y acciones del gobierno concretas que pueden entorpecer o ayudar ante tales desastres ¿Estoy dispuesto a conocer lo que está pasando?

Sin embargo, el reto de estas palabras son para mi y va más allá, dice "abre tu boca por el mudo", es decir, hablar por aquel que por algún motivo no está siendo escuchado por el resto de la sociedad. Pienso en como hay una manera práctica de poder hablar por otros: acercándome a ellos, escuchando sus historias, dándolas a conocer para pedir justicia y disponiéndome yo mismo a hacer lo que esté en mi mano.

Defender la causa del pobre y del menesteroso no es algo reservado para el gobierno o asociaciones, debería ser la actitud normal de todo aquel que escucha el latir del corazón de Dios en su interior. La pregunta es si estoy escuchando el latir del Dios que mira a los afligidos.




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jueves, 28 de noviembre de 2019

Proverbios 28 y 29 está lleno de antítesis. La que me ha destacado dice así:

"El que encubre sus pecados no prosperará; 
Mas el que los confiesa y se aparta 
alcanzará misericordia" 
(28:13)

Ser vulnerable ante Dios y ante la comunidad es básico para un proceso sano de restauración interior. Creo que la iglesia necesita urgentemente una cultura de vulnerabilidad, donde podamos expresar con libertad nuestras luchas, nuestras debilidades y también nuestras caídas y al hacerlo, no sentirnos juzgados, ni criticados, sino abrazados.

Dios hace esto cuando acudimos a Él con sinceridad, pero Él lo hace de una manera muy especial a través de los brazos físicos del cuerpo de Cristo en la tierra.

No estamos acostumbrados a que personas de influencia nos hablen de sus errores y luchas, eso hace que los veamos en un nivel que parece inalcanzable. Sin embargo, la realidad es que todos tenemos debilidades y caemos. Cuando somos vulnerables con aquellos con los que somos influyentes, estos pueden decir: "si ellos pueden, yo también, pues yo lucho también con las mismas miserias". A veces no hay mejor manera de animar a otros, que no encubriendo nuestros pecados. Solo así podemos adentrarnos en una cultura de amor y gracia que aprende a no juzgar sino a abrazar a aquellos que reconocen sus luchas y errores y es en esa cultura donde encontramos aceptación y sanidad.

Si en mi comunidad no existe esta cultura, alguien debe empezar a generarla, y la manera es la siguiente: "no encubriendo mis debilidades, mis luchas y mis pecados ante los demás"

¿Estoy dispuesto a hacerlo confiando en la gracia de Dios y no importándome lo que los demás piensen?


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martes, 26 de noviembre de 2019

Proverbios 25 al 27 recoge una serie de lecciones morales y comparaciones, muchas de ellas dedicadas a la necedad y sus consecuencias.

Sin embargo, el verso que me ha destacado es el siguiente:

"No te jactes del día de mañana; 
Porque no sabes qué dará de sí el día." 
(27:1)

La razón por la que este texto llama mi atención está relacionado con una dramática situación vivida: Un querido compañero de trabajo, joven y sano, estaba junto a su pareja en el gimnasio, cuando de repente cae al suelo debido a un infarto cerebral muriendo poco tiempo después.

La muerte de mi amigo y compañero no solo nos ha llevado al duelo y a las lágrimas a todos los que le conocíamos, también nos ha llevado a reflexionar acerca de que no sabemos si mañana estaremos aquí. Vivimos como si estas cosas nunca nos fueran a pasar, pero cuando ocurre a alguien tan cercano, es inevitable que no se vea tocado esa falsa sensación de invulnerabilidad.

Estando en el tanatorio conversaba con otro compañero, que unas horas antes acudió a ese mismo lugar para ver a la familia de otro amigo que murió en circunstancias similares, este compañero me decía entre lágrimas que al salir de allí solo quería irse a beber a los bares.

Una compañera sollozando me reconocía que se sentía mal por haber estado llorando semanas atrás por importantes pérdidas materiales en su hogar, ahora era consciente que aquellas pérdidas no merecían tales lágrimas ni eran tan importantes como pensaba.

Otra compañera que había vivido tensión con otras, me comentaba también entre lágrimas: "nosotros peleándonos, cuando debiéramos estar disfrutándonos, no sabemos cuanto tiempo estaremos aquí". Parece que cuando tenemos más presente la muerte, la vida se vive mejor.

Comprenderás porqué me ha llamado la atención este verso. Vivimos el hoy como si fuéramos inmortales, pensando que mañana será un día mejor para disfrutar, para arreglar asuntos pendientes, para ocuparnos de lo verdaderamente importante... sin embargo, lo único que tenemos seguro es el ahora.

Nuestra sociedad nos invita a vivir a un ritmo desenfrenado, donde solo nos queda soñar con un futuro mejor mientras sobrevivimos en el activismo. Sin embargo, no podemos predecir el futuro, solo podemos decidir como vivir el presente.

Lo que tengo para entregar a Dios es mi ahora y es cuando entrego el ahora, que puedo aprovechar el momento de verdad, ya sea para disfrutar de los placeres de la vida, para reconciliarme con los demás, para ver mi trabajo, mi familia, mis vecinos con los ojos correctos, para responder de manera adecuada a la presión, a la crítica...

¿Soy consciente que mi entrega a Dios no es un evento pasado o futuro sino una actitud que solo puedo realizar ahora?

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