sábado, 23 de marzo de 2019

VERDADERA ESPIRITUALIDAD (MIQUEAS 6-7)


Los dos últimos capítulos del libro profético de Miqueas mantienen el patrón de denuncia de la maldad en el pueblo y palabras de esperanza para el futuro. 

Es en esta porción que encontramos las famosas palabras del profeta acerca de lo que Dios espera de un pueblo que en verdad quiere agradarle:


"¿Agradarán al Señor miles de carneros?
¿Le complacerán diez mil ríos de aceite?
¿Le entregaré mi primogénito por mi delito,
el fruto de mis entrañas por mi pecado?
Se te ha hecho conocer lo que está bien,
lo que el Señor exige de ti, ser mortal:
tan sólo respetar el derecho,
practicar con amor la misericordia
y caminar humildemente con tu Dios." 
(6:7-8)

Estas palabras nos recuerda hoy, que la vida religiosa, no necesariamente significa vida espiritual. Es posible mantener tradiciones como asistir a reuniones cristianas, leer la Biblia, orar etc. y aun así no dar evidencia del estilo de vida de Cristo. Si nuestras prácticas no nos ayudan a vivir rectamente, en amor, siendo misericordioso para con otros y siendo humildes, en realidad nos estamos engañando a nosotros mismos. 

Todo ello me lleva a hacerme la siguiente pregunta, ¿Nacen mis prácticas espirituales de un anhelo de conocer a Dios o están en mi tan solo por la inercia de la tradición? 

Lo que no cabe dudas, es que el pueblo carecía de una vida espiritual auténtica, no estaba andando como Dios esperaba, y de esa manera, era imposible que llegara a ser un instrumento de bendición para el resto de las naciones, así como le fue prometido a Abraham. Ante esta realidad, es que viene la reprensión del Señor a través del profeta, no con la intención de destruirlos, sino con el deseo de que se vuelvan del camino de destrucción que ellos mismos han escogido. 

"No hay en el país ninguno que sea fiel,
no queda ningún justo entre la gente;
todos acechan para derramar sangre,
se tienden trampas unos a otros.
Emplean sus manos para el mal:
el príncipe pone exigencias para el bien,
el juez se deja sobornar,
el poderoso proclama su ambición...
...El hijo trata con desprecio al padre,
la hija se alza contra la madre
y la nuera contra su suegra:
los enemigos de uno son sus parientes."
(7:2-3,6)

Una de las últimas imágenes del libro es la de un hombre solo y desolado que en tan mísera condición decide clamar a Dios con la esperanza de ser escuchado:

"Pero yo pongo mi confianza en el Señor,
espero en Dios, mi salvador,
seguro de que mi Dios me escuchará." 
(7:7)

Este hombre bien podría ser una imagen del mismo pueblo de Dios, pero ¿Por qué debería ante tanta maldad esperar el pueblo ser escuchado y rescatado de las consecuencias de sus propios camino? Miqueas da dos razones contundentes:

La primera es porque Dios no se deleita en ver al ser humano en las consecuencias de sus caminos, sino en mostrar amor y mostrar misericordia:

"No mantendrá por siempre su ira,
pues se complace en el amor.
Volverá a manifestarnos su ternura,
olvidará y arrojará al mar nuestras culpas." 
(7:18b-19)

La segunda es porque Dios será fiel a su promesa de restauración dada a Abraham y nada ni nadie podrá detener su obra de amor y salvación:

"Otorgarás a Jacob tu fidelidad
y dispensarás a Abrahán tu amistad,
como lo prometiste en otro tiempo
a quienes fueron nuestros antepasados." 
(7:20)

Todo ello me hace pensar en que la reprensión del Señor viene a mi vida con el propósito de que me vuelva al camino donde soy un agente de restauración en medio de un mundo roto. No importa cuanto me he podido alejar, cuánto lo he podido liar, hay un Dios que se deleita en mostrarme su amor y su misericordia con el fin de que a través de mi, el amor y la misericordia se extienda a otros. Lo que Dios demanda de mi, no es nada fuera de su carácter, no es nada que él no me esté ofreciendo, de ahí que la vida espiritual más que con cumplir ritos, tiene que ver con trasmitir un estilo de vida de compasión y amor hacía los demás.

¿A la luz de Miqueas como debería evaluar mi vida espiritual y como deberíamos evaluar la vida espiritual de nuestras comunidades cristianas?


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viernes, 15 de marzo de 2019

PROCESO DOLOROSO (MIQUEAS 4:8-5:14)

La porción del libro de Miqueas en la que me adentro hoy, está llena de poemas que profundizan en una esperanza futura para el pueblo de Dios.

Miqueas señala el dolor que el pueblo tendrá que pasar por causa de sus rebeliones, no cabe duda de que serán llevados al exilio ante la invasión de Asiria y Babilonia, algo doloroso y nada deseado, lo cual lo describe así:

"Retuércete de dolor, Jerusalén,
y gime como parturienta, Sión,
porque ahora saldrás de la ciudad
y tendrás que vivir en el campo.
Irás a Babilonia, pero serás liberada;
allí te rescatará el Señor de tus enemigos."
(4:10)

El texto me hace pensar en los momentos de grandes crisis en mi vida, donde lo construido durante tiempo y esfuerzo se viene abajo rápidamente. ¿Has sentido vergüenza alguna vez por enfrentar una situación en la que tu debilidad es evidente ante todos? Miqueas lo expresa así en referencia al pueblo de Dios:

"Ahora se reúnen contra ti
un sinfín de naciones que dicen:
“Que [Jerusalén] sea profanada
y que nuestros ojos se recreen
contemplando la ruina de Sión”."
(4:11)

Pero ese no será el fin de la historia, en medio de tal dolor y de los que se alegran del mismo, el pueblo de Dios encuentra esperanza, y puede aferrarse al hecho de que formamos parte de un proceso, en el que al igual que en un quirófano, la dolorosa herida del bisturí acabará trayendo restauración y fuerza:

"Pero desconocen los designios del Señor
y no comprenden que los ha reunido
para [trillarlos] como gavillas en la era.
¡Arriba, pues, Jerusalén y tríllalos!
Te armaré con cuernos de hierro,
te daré pezuñas de bronce."
(4:12-13a)

El capítulo 5 es un texto mesiánico, donde se nos describe un reino diferente, en el que la maldad no prevalecerá y la paz será instaurada. Los cristianos encontramos aquí una profecía muy específica acerca del nacimiento y reino de Jesús, quien nació en Belén y fue llamado por Isaías "Principe de Paz". 

"En cuanto a ti, Belén Efrata,
tan pequeña entre los clanes de Judá,
de ti saldrá el caudillo de Israel,
cuyo origen se remonta a días antiguos,
a un tiempo inmemorial...

...Él nos traerá la paz"
(5:1, 4a)

Nuestra manera de vivir, alejada de Dios, ha traído falta de paz a través de una ruptura en nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, con nuestro prójimo y con el resto de la creación. Jesús viene a restaurar lo que el pecado ha roto. Permitir que Él gobierne nuestra vida, implica irremediablemente adentrarnos en una nueva manera de vivir en la que nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, con nuestro prójimo y con la naturaleza se ve afectada.

Ver en esta porción bíblica el duelo y la restauración "tomados de la mano", me da la visión de un proceso tan difícil como esperanzador, donde nos toca someternos al Dios que nos ama y no nos dejará en las consecuencias de nuestras miserias y debilidades.

¿Cómo me afecta saber que el dolor y la confusión que siento ahora es parte de un proceso restaurador que se está llevando a cabo? ¿Cómo puedo responder a Dios ante esta perspectiva?





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martes, 12 de marzo de 2019

PUNTOS CIEGOS (MIQUEAS 3-4:7)

En una segunda sección del libro de Miqueas, el profeta sigue denunciando, ahora de manera más específica, las maldades del pueblo de Dios. Concretamente hace referencia a la manera injusta en que se manejan los líderes en el pueblo, quienes actuan no teniendo en cuenta a los más débiles, y también los profetas, quienes se dejaban sobornar para decir lo que algunos querían oír. Ante ello Miqueas advierte a los líderes:

"cuando griten al Señor,
no tendrán respuesta alguna.
El Señor les ocultará su rostro
a causa de sus malas acciones."
(3:4)

Y también advierte a los profetas:

"Por eso se abatirá sobre ustedes
una noche sin visiones,
una oscuridad sin predicciones;
se ocultará el sol para esos profetas,"
(3:6)

Llama mi atención, que entre las consecuencias que Miqueas señala a los que viven injustamente y oprimiendo está el perder de vista al Señor y su luz. Mi propia historia de vida me ha llevado a comprobar que cuando he andado de manera egoista e injusta, he acabado en crisis de las que para salir de ellas, necesito luz en mis propios puntos ciegos. Los puntos ciegos hacen referencia a aquellas áreas de nuestras vidas que estando mal, no somos capaces de reconocerlas por más evidente que sean para otros. Las crisis ponen patas arriba nuestras vidas, dando así una oportunidad para mirar lo que nos pasa desde otro punto de vista y ver así puntos que antes no veíamos.

El ministerio profético viene a nuestras vidas a señalar los puntos ciegos; aquellas actitudes que están destruyendo a otros y a nosotros mismos. La luz sobre aquello que no vemos y que por lo general no nos gusta escuchar e indagar en nosotros mismos es tan incómoda como necesaria para nuestro bienestar. Nota que Miqueas no habla al pueblo con el fin de desearles mal, sino con la esperanza de una transformación futura, ese, y no otro,  es el fin del ministerio profético, de ahí que esta segunda fracción del libro acabe como la primera; con un canto de esperanza:

"Cuando pase mucho tiempo
el monte de la casa del Señor
quedará afianzado entre los montes,
descollará entre las colinas.
Hacia él confluirán las naciones,
acudirán pueblos numerosos que dirán:
“Vengan, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob.
Él nos indicará sus caminos
y nosotros iremos por sus sendas.
Y es que de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén la palabra del Señor”"
(4:1-2)

Lo que Dios siempre deseó y el pecado impidió, es que su pueblo fuera una luz al resto del mundo, un lugar de sana infección, donde la paz y el amor se propague al reto de las naciones y la violencia desaparezca:

"Él será juez de pueblos numerosos,
arbitrará a naciones poderosas y lejanas.
Convertirán sus espadas en arados,
harán hoces con sus lanzas.
No se amenazarán las naciones con espadas,
ni se adiestrarán más para la guerra."
(4:3)

¿Hay alguna crisis en nuestra vida que está tratando de traer luz a puntos ciegos sobre la manera en la que estoy viviendo? ¿Cómo está trayendo el Señor a mi vida su incómoda palabra profética? ¿Por qué me cuesta tanto escuchar y recibir la crítica?




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miércoles, 6 de marzo de 2019

LAMENTO Y ESPERANZA (MIQUEAS 1-2)


El libro de Miqueas denuncia la corrupción en medio del pueblo de Dios, avisando de que dicha conducta no conducirá a otra cosa que a destrucción, en este caso, a través de una invasión por parte de Asiria y después por Babilonia.

El escrito comienza con una visión apocalíptica, donde Dios viene a su pueblo para un juicio devastador debido a la gran rebelión:



"A su paso se derriten los montes
como cera en presencia del fuego,
se resquebrajan los valles
como cortados por el agua
que se precipita en torrentera.
Y es que Jacob se ha rebelado,
Israel amontona pecados." 
(1:4-5a)

Este escenario de maldad con sus horribles consecuencias, lleva al profeta a exhibir su lamento:

"Por eso me lamentaré y haré duelo,
caminaré descalzo y desnudo,
aullaré como hacen los chacales
y gemiré como las avestruces." 
(1:8)

Me pregunto que papel juega el lamento en medio de nuestras vidas y la vida de nuestra comunidad, cuando las consecuencias de nuestros errores y rebeliones son evidentes. A veces nuestras liturgias estáticas y rígidas, solo dan lugar a la celebración gozosa sin dejar espacio para la práctica del lamento que tan a menudo encontramos a lo largo de las Escrituras, no solo en los profetas, sino en los libros poéticos e históricos. 

La denuncia de Miqueas se centra en acciones egoístas de los líderes, quienes para encontrar sus propios beneficios, no han actuado con justicia ni mirado por el bienestar de los más necesitados:


Codician campos y los roban,
casas y se apoderan de ellas;
oprimen al cabeza de familia
y a los que conviven con él,
a la persona y a sus propiedades." 
(2:2)

A su vez, los profetas, en vez de denunciar la corrupción, han hablado con el fin de agradar a los opresores y encontrar así sus propios beneficios:

"Si alguien corriera tras del viento,
urdiendo falsedades como esta:
“por vino y licor vaticinaré en tu favor”,
ese sería el profeta de este pueblo." 
(2:11)

Todo ello son razones para que en tal camino el pueblo no prospere y reciba su merecido, sin embargo, esta primera parte del libro acaba con palabras de esperanza y restauración. A pesar de todo, Dios acabará siendo un pastor para este pueblo perdido, no los dejará solos:

"Voy a reunirte, Jacob, todo entero;
voy a congregar al resto de Israel.
Los juntaré como a ovejas en redil,
como a rebaño en la pradera,
y producirán un rumor de multitud.
Al frente está el que abre camino;
los demás ensanchan la brecha,
cruzan la puerta y salen por ella.
Delante de ellos va su rey,
el Señor a la cabeza." 
(2:12-13)

Pienso en las consecuencias de mis propios errores y toda la ruptura que puedo experimentar en mi interior y en mis relaciones. Ante tal realidad, este pasaje me invita a dos cosas:

- Lamentar que las cosas no hayan sido ni sean del agrado de Dios. El reconocimiento de que las cosas no están bien, lamentándolo honestamente ante Dios, es una práctica que debe aflorar una y otra vez en medio de nuestras vidas imperfectas. 

- Abrazar la promesa de restauración que Dios me ofrece. El lamento que viene de Dios en la vida espiritual no nos deja sin esperanza, por el contrario, es el punto que nos hace girar en el camino para dirigirnos hacía el camino en el que somos restaurados y bendecidos. 


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martes, 26 de febrero de 2019

ABRAZAR AL ASESINO (JONÁS 4)

Llego al final de la historia de Jonás, y encuentro muy bien expresado en el capítulo 4 el carácter de Dios; su compasión hacía todos los pueblos y el deseo de que se vuelvan del camino que lleva a la perdición.

Sin embargo, aunque a veces no queramos reconocerlo, esta imagen de Dios puede chocar frontalmente con nuestro verdadero deseo, el cual, como en Jonás, puede llevarnos a anhelar que Dios no sea como es. El profeta se sintió mal al ver el perdón de Dios a los ninivitas, recordemos que este pueblo, parte de los Asirios,  protagonizó horrendas acciones contra Israel:

"Entonces le invadió a Jonás un profundo malestar, se enojó y oró al Señor con estas palabras:
— ¡Oh, Señor! ¿Acaso no era esto lo que yo me decía mientras estaba en mi tierra? Por esto me apresuré a huir hacia Tarsis, porque yo sabía que tú eres un Dios benévolo y compasivo, lento para enojarte y lleno de amor; yo sabía que te retractas del castigo." (4:1-2)

Jonás sufría de un nacionalismo empedernido, que le llevaba a no desear el bien de aquellos violentos a los que consideraba sus enemigos.

Dios permite que una calabacera le de sombra a Job por un tiempo limitado, pero después la planta se seca, lo cual hace que Job se enoje en gran manera. Entonces el Señor entra en diálogo con el profeta para mostrarle que si el siente lástima de que una planta que le produce sombra se seque ¿Cómo Dios no va a sentir nada por miles y miles de seres humanos y animales que el ha creado y van por un camino de destrucción?

"Le dijo entonces el Señor: — Tú te lamentas por un ricino en cuyo crecimiento no has intervenido, que en una noche creció y en la siguiente se secó. ¿No voy yo a compadecerme de Nínive, esa gran ciudad en la que viven más de ciento veinte mil niños y en la que hay mucho ganado?" (4:10-11)

Así finaliza este libro, con esta increíble pregunta a Job y también a nosotros.

¿Cómo debe ser la aplicación de esta historia en nuestros días?

Viene a mi mente que los ninivitas para nosotros pueden ser aquellos que nos han tratado mal en el ámbito laboral provocando injustos despidos, o aquellos que han hablado mal delante de otros acerca de nosotros mismos, aun nuestros familiares cuando no nos tratan como esperamos... por otro lado, no puedo dejar de pensar en los terroristas que matan cruelmente a miles de personas, ni en aquellos que permiten bombas en medio de inocentes en el oriente próximo... Todas estas situaciones ayudan mucho a que pensemos y deseemos como Jonás, y a olvidar que Dios ve también a los violentos como criaturas confundidas y heridas, deseando que se vuelvan de su mal camino.

Definitivamente, el carácter de Dios me escandaliza, y Jonás ha dejado de ser alguien con quien no identificarme. Necesito que Dios muestre mi egoísmo, mi interés por preocuparme tan solo en lo que me produce beneficios y bienestar. Sospecho que en la medida en que el amor de Dios me inunde, mi vida puede escandalizar cada vez más en medio de un mundo que tiende a mirarse el ombligo y a olvidarse del perdón, la misericordia y la gracia.

En enero de 2015, salió a la luz un  video de un asesino en serie que mató 47 mujeres. Sucedió en un estado de USA donde cuentan con la pena de muerte, pero debido a un acuerdo de la fiscalía con el fin de encontrar los cuerpos de las víctimas, el acusado fue finalmente librado de ser ejecutado. Los familiares de las víctimas tuvieron la oportunidad de hablar a este hombre en el juicio: le deseaban una muerte lenta y horrible, le recordaban el infierno en el que estará y le decían que era un animal... sin embargo, uno de los familiares de las víctimas le dijo algo diferente: "has logrado que mucha gente te odie, yo no, has hecho que sea muy difícil mis creencias, pero Dios dice que debemos perdonar, estás perdonado", cuando el asesino que permanecía frío llegó a oír estas palabras, rompió en lágrimas. Esta escena me recuerda que para vencer el mal, no hay arma más poderosa que la gracia y el perdón (1)

¿Cómo puedo empezar a orar por aquellos por los que siento repulsa? ¿Me lleva Dios a acciones concretas a favor de ellos?

(1) Puedes ver la noticia y video al que hago referencia en el siguiente enlace: http://protestantedigital.com/sociedad/35009/El_padre_que_hizo_llorar_al_asesino_en_serie_de_Green_River




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lunes, 25 de febrero de 2019

En el capítulo 3, Jonás recibe una nueva oportunidad para andar el Camino de Dios.

"La palabra del Señor vino por segunda vez a Jonás: «Anda, ve a la gran ciudad de Nínive y proclámale el mensaje que te voy a dar». Jonás se fue hacia Nínive, conforme al mandato del Señor." (3:1-3a)

Esto me hace pensar en mi propia realidad. Cuando decido vivir mi propio camino sin tener en cuenta a Dios me meto en líos como Jonás, sin embargo, Dios me saca de ellos y me da una nueva oportunidad. Dios es misericordioso y paciente con nosotros.

Sobre todo, este capítulo nos resalta la respuesta de los ninivitas a la predicación de Jonás. Estos deciden creer a Dios y arrepentirse y manifiestan su cambio de actitud con ayuno y señal de duelo.

"Jonás se fue internando en la ciudad, y la recorrió todo un día, mientras proclamaba: «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» Y los ninivitas le creyeron a Dios, proclamaron ayuno y, desde el mayor hasta el menor, se vistieron de luto en señal de arrepentimiento." (3:4-5)

Los líderes dan ejemplo en esto y piden que los habitantes juntos a sus animales tomen en serio el ayuno y cambien la manera violenta y errada de actuar:

"el rey ordena que toda persona, junto con sus animales, haga duelo y clame a Dios con todas sus fuerzas. Ordena así mismo que cada uno se convierta de su mal camino y de sus hechos violentos" (3:8)

Dios responde al clamor y se nos cuenta que:

"Al ver Dios lo que hicieron, es decir, que se habían convertido de su mal camino, cambió de parecer y no llevó a cabo la destrucción que les había anunciado." (3:10)

Pienso en la sencillez en la que esta historia nos cuenta la conversión de los ninivitas: un pueblo violento al que se le anuncia que el camino en el que van es contra la voluntad de Dios y lleva a la destrucción, un volverse a Dios con clamor y ayuno y una liberación de las consecuencias de sus pecados.

Hoy sin embargo, me resalta la manera concreta en que los ninivitas se vuelven a Dios, con ayuno y oración. Este acto implica intensidad en su respuesta, profunda devoción y un gran anhelo por ser libre del camino que han tomado. En mi vida espiritual ¿está presente el clamor ante Dios? o quizás debo preguntarme ¿Soy lo suficiente consciente de mi necesidad  profunda de clamar a Dios?

En mi caso, veo la necesidad de aplicar este clamor ante mis propias rupturas y miserias, pero también ante la realidad rota de quienes me rodean. La falta de este clamor, puede estar relacionada con poca consciencia de mis heridas y la necesidad en el mundo, por ello, si el ayuno y la oración intensa están ausente en mi vida espiritual, quizás mi oración hoy debe ser: "abre mis ojos Señor". No obstante, en el momento de escribir este párrafo, Dios se las ha arreglado para mostrarme los aspectos más perversos y necesitados de restauración en mi vida, Jonás ha aparecido en mi medio y es por ello que los ninivitas se convierten hoy en mi ejemplo a seguir.




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