El capítulo dieciséis de primera de Samuel nos narra la unción de David como símbolo de que había sido escogido por Dios para sustituir a Saúl como rey. Samuel va hasta Jesé en Belén, tal como el Señor le había indicado, y en seguida sus ojos se fijaron en su hijo Eliab, pensando que era el escogido del Señor para ser rey: "Pero el Señor le dijo: —No valores solo su aspecto y su buena planta, porque yo lo he descartado. Aquí no valen miras humanas. Pues vosotros os fijáis en las apariencias, pero yo miro al corazón." (16:7) Vivimos en una sociedad donde se valora y vivimos por las apariencias. Las redes sociales nos permiten dar una imagen de nosotros mismos que no necesariamente se corresponde con la realidad. En los ambientes religiosos, podemos hablar y manejarnos de tal manera que aparentemos ser íntegros y formados espiritualmente, aun cuando estemos pasando por dificultades o crisis. En Sevilla, el lugar donde vivo, hay una fuerte cultura de las apariencias, hasta e...
en una era denominada post-cristiana