En estos días me he adentrado en los capítulos del dos al ocho de segunda de Samuel. A través de ellos vemos que por fin David, tras mucho tiempo y adversidades, ve establecido su reino tal como Dios le había prometido, Judá e Israel se unifican bajo su trono. El texto me hace pensar en que las promesas de Dios se cumplirán, pero ejemplos bíblicos como este, nos recuerdan que muchas veces implicarán tiempo, lo cual nos abre la puerta para adiestrarnos en la paciencia, la fe y la esperanza. ¿Qué nos ha prometido Dios que aun estamos esperando? Sin embargo, lo que más ha llamado mi atención en esta lectura, es la práctica de consultar a Dios. Lo normal en un rey es que tome decisiones teniendo en cuenta factores estratégicos de las circunstancias que enfrenta, sin embargo, David toma sus decisiones en base a respuestas de Dios: "Entonces David consultó al Señor: —¿Debo atacar a los filisteos? ¿Me los vas a entregar? El Señor le respondió: —Atácalos, que yo los pondré en ...
en una era denominada post-cristiana