Los capítulos del veintitrés al treinta y siete continúan en una densa poesía y debate. Job sigue argumentando en torno a su inocencia en medio de una montaña rusa emocional en la que se plantea su causa como injusta y desde la impotencia: "Vive Dios, que ha quitado mi derecho, Y el Omnipotente, que amargó el alma mía," (27:2) "Porque ¿cuál es la esperanza del impío, por mucho que hubiere robado, Cuando Dios le quitare la vida?" (27:8) El hace su última declaración de inocencia, sin embargo, Job parece no abandonar el que Dios pueda tomar cartas en el asunto y se haga presente para darle explicación: "¡Quién me diera quien me oyese! He aquí mi confianza es que el Omnipotente testificará por mí, Aunque mi adversario me forme proceso." (31:35) Es ahí donde entra en escena los argumentos de otro personaje, llamado Elihú quien plantea que Dios es justo, y por lo tanto, Dios gobierna el mundo desde su justicia. Sin embargo, las conclusiones de...
en una era denominada post-cristiana