Al adentrarme en la porción de hoy, enseguida me encuentro con tarea pendiente. Santiago dice que "seamos prontos para oír y tardos para hablar" (1:19) y he de reconocer que mi cuerpo no está entrenado para ello. Por lo general, soy de los que padezco el "sabelotodismo". Esta enfermedad cuenta con algunos de estos síntomas entre otros: apresurarme a hablar o escuchar solo hasta que el otro respire, tener respuestas para todo, ganar discusiones a la vez que pierdo el respeto o incluso hacer ver que en realidad estoy escuchando cuando no es así, o incluso llegar a hacer preguntas que solo pretenden mostrar que el otro está equivocado. El autor Keith E. Webb en su libro "El Modelo Coach Para Líderes Cristianos" dice que detectar el "sabelotodismo" en otros suele ser una señal de que estamos afectados. En mi caso, el diagnóstico es claro. Ahora bien, ¿cómo voy a combatir esta enfermedad? Saber que la padezco y reconocer sus síntomas no es sufici...
en una era denominada post-cristiana