Al llegar el pueblo de Israel a la llanura de Moab, este se alarmó de tener un pueblo tan numeroso tan cerca y decidió llamar a un supuesto profeta llamado Balaán, para que maldijera al pueblo de Israel. "envió mensajeros a Balaán, hijo de Beor, que residía en Petor, ciudad que está junto al río Éufrates y era su país de origen, para que le dijeran: — Un pueblo ha salido de Egipto y cubre ya la faz de la tierra; ahora se ha asentado delante de mí. Ven, pues, y maldice a este pueblo de mi parte pues es más fuerte que yo; quizá entonces yo pueda derrotarlo y expulsarlo de mi territorio. Porque yo sé bien que será bendito quien reciba tu bendición y a quien tú maldigas, maldito será." (22:5-6) El relato nos cuenta que Balaán no responde rápidamente a la petición, sino que decide consultar al Señor al respecto: "Él les respondió: — Pasad aquí esta noche y yo os contestaré según me diga el Señor. Se quedaron, en efecto, con Balaán aquella noche los dignatarios de Moab....
en una era denominada post-cristiana