Los capítulos del dieciocho al veinte de primera de Samuel nos cuentan como Saúl calló en la envidia hacía David hasta el punto de querer matarlo. El rey es esclavo de emociones negativas y destructivas. El narrador describe la situación de Saúl, diciendo que el espíritu de Dios se apartó de él y un espíritu maligno le atormentaba (18:10,12). En mi comunidad cristiana llevamos a cabo la práctica de rendirnos cuentas en grupos pequeños. Algunas de las preguntas que nos hacemos regularmente son: "¿Has dañado a alguna persona con tus palabras; bien sea a sus espaldas o cara a cara? ¿Has permanecido enojado con alguien durante esta semana? ¿Has deseado secretamente que a alguien le vaya mal para que a ti te vaya bien?" . El enojo es legítimo, nos avisa de que algo que nos parece injusto está afectándonos. Sin embargo, este debe ser reconocido y expresado con honestidad y ante Dios. Cuando no respondemos adecuadamente a nuestras emociones, cuando no permitimos que estas revelen ...
en una era denominada post-cristiana