Diez años había pasado desde que Dios le hizo la promesa a Abrám y seguían sin ver el hijo del que saldría una gran descendencia. En estas circunstancias, Saray la mujer de Abram tiene una idea: que su marido se acueste con su sirvienta y de esta manera podrían tener un hijo. Esta extraña propuesta no era ninguna ilegalidad en la época, de hecho se trataba de algo frecuente. Pero en esta historia parece que se trataba de una estrategia precipitada, en la que no se estaba teniendo en cuenta la intervención de Dios. Pensaba en las muchas maneras en las que a veces trato de "ayudar a Dios". Reconozco que a veces tengo la horrible osadía de pensar que lo que Dios desea que ocurra depende de mí más que de él. Cuando esto me pasa, me doy cuenta que me precipito. Son muchas las veces que he tenido que reconocer que no escogí el momento apropiado para empujar una propuesta o tomar cualquier otro tipo de decisión. El hijo que Abrám tuvo con su sirvienta se llamó Ismael, y trajo ...
en una era denominada post-cristiana