El capítulo quince de Lucas contiene algunas de las parábolas más bellas de las Escrituras. Comienza con una percepción por parte de los religiosos de la época, en este caso, los fariseos y los maestros de la ley, que murmuran de Jesús de la siguiente manera: "...— Este anda con gente de mala reputación y hasta come con ella." (15:2) Como respuesta, Jesús les cuenta "la parábola de la oveja perdida", "la parábola de la moneda perdida" y la parábola de "los dos hijos y el padre bueno", más conocida como "la del hijo pródigo. Estas parábolas me revelan el corazón de la Divinidad a quien adoro, un Dios que no pasa por alto la maldad en el mundo, pero que ha decidido tratarnos con gracia. La gracia implica que Dios no nos da lo que merecemos, sino lo que necesitamos. Merecemos las consecuencias del camino por el que hemos decidido viajar, aun cuando es un camino de destrucción, sin embargo, necesitamos que el buen pastor nos ...
en una era denominada post-cristiana