El capítulo nueve de segunda de Samuel nos muestra a un David que está en el punto más alto de su carrera militar y reinado y a pesar de ello, no olvida la promesa que un día le hizo a su querido amigo Jonatán, quien le protegió para que su padre no lo matara y lo único que pidió fue lo siguiente: "no retires nunca tu favor a mi familia, cuando el Señor suprima de la faz de la tierra a todos tus enemigos." (1ª Samuel 20:15) El narrador nos muestra a un David piadoso y espiritual, fiel a su palabra y dispuesto a dedicar de sus energías a esta promesa a pesar del puesto y responsabilidad que ocupa. Lo hace llamando al siervo de Saúl llamado Siba, a través del cual se informa que Mefi-Boset, hijo de Jonatán aun vive. David llama a Mefi-boset, el cual está lisiado de los pies, y le entrega las tierras de Saúl y le hace comer en su mesa. Pienso en el ejemplo de David, capaz de no olvidar su promesa y hacer bien a otros a pesar de que se encuentra en un momento donde atender...
en una era denominada post-cristiana