Jesús sigue anunciando el Reino en Galilea y como parte de su ministerio nos encontramos con la elección de discípulos a los que les va a dedicar un considerable tiempo para la formación espiritual de ellos.
A diferencia de los rabí de su época, Jesús no puso su mirada en los destacados a nivel teológico. Si bien en la educación judía era muy importante la memorización de la ley de Moisés, solo aquellos que destacaban intelectualmente acababan siendo discípulos de algún rabí, el resto acababan continuando la profesión de sus padres. Pedro, Santiago y Juan, probablemente formaban parte de aquellos que habían quedado para seguir la tradición de pescadores en sus familias, sin embargo, hay un rabí que pone la mirada en ellos, y no es un rabí cualquiera, es la misma deidad encarnada, que acepta a las personas quienes socialmente son rechazadas. Tras una milagrosa pesca, Jesús le dice a Pedro:
"— No tengas miedo. Desde ahora serás pescador de personas." (5:10b)
Tristemente en nuestro contexto, ser un pescador de personas trae a nuestras mentes a un comercial tratando de captar clientes, o a proselitistas religiosos tratando de tener más miembros en las organizaciones a las que pertenecen, sin embargo, la narrativa bíblica nos aclara lo que verdaderamente Jesús tenía en mente al decir estas palabras: enfermos sanados, oprimidos liberados, personas que encuentran el sentido y propósito de sus vidas amando a Dios y amando al prójimo... Para esta tarea escogió también a los doce apóstoles (6:12-16) y no para hacer grande la bandera de alguna denominación o el sueño concreto de un líder religioso. Jesús vino a poner "patas arriba" el orden al que estamos acostumbrados, donde los afortunados y poderosos son los más valorados y el resto rechazados... Así como los pescadores sacan peces del agua con sus redes, Jesús con "la red del amor" da valor y sentido a aquellos que la cultura menosprecia e ignora.
"Entonces Jesús, mirando a sus discípulos, les dijo: — Felices vosotros los pobres, porque el reino de Dios es vuestro. Felices vosotros los que ahora tenéis hambre, porque Dios os saciará. Felices vosotros los que ahora lloráis, porque después reiréis. Felices vosotros cuando los demás os odien, os echen de su lado, os insulten y proscriban vuestro nombre como infame por causa del Hijo del hombre. Alegraos y saltad de gozo cuando llegue ese momento, porque en el cielo os espera una gran recompensa. Así también maltrataron los antepasados de esta gente a los profetas." (6:20-23)
Jesús no estaba mostrando la pobreza, el hambre, el lloro o la persecución como condiciones para la bendición, más bien estaba dando buenas noticias: "Aunque en el entorno no seáis reconocidos, el Reino de los Cielos es accesible a vosotros a través de mi y eso lo cambia todo". Las buenas noticias son que el Reino de Dios es accesible a aquellas personas a las que la religión les cierra las puertas, en realidad, el reino de Dios es accesible a toda la humanidad necesitada.
En mi lectura anterior vislumbré tres elementos claves del ministerio de Jesús que deberían formar parte de mi vida de discipulado: La predicación del mensaje del Reino, la demostración de la presencia del Reino y el tiempo de soledad e intimidad con la Divinidad. Ahora me encuentro con otro importante elemento: el hacer personas discípulas, que por cierto, no es lo mismo que domesticar personas para que se incorporen a estructuras religiosas o las gestionen. La domesticación no es lo mismo que el discipulado. La formación espiritual al estilo de Jesús, tenía un propósito claro, que las personas vivieran de la manera en la que Jesús vivía, poniendo las estructuras de este mundo "patas arriba" y dando esperanza al que este mundo tiene por fracaso y perdición.
En mi lectura anterior vislumbré tres elementos claves del ministerio de Jesús que deberían formar parte de mi vida de discipulado: La predicación del mensaje del Reino, la demostración de la presencia del Reino y el tiempo de soledad e intimidad con la Divinidad. Ahora me encuentro con otro importante elemento: el hacer personas discípulas, que por cierto, no es lo mismo que domesticar personas para que se incorporen a estructuras religiosas o las gestionen. La domesticación no es lo mismo que el discipulado. La formación espiritual al estilo de Jesús, tenía un propósito claro, que las personas vivieran de la manera en la que Jesús vivía, poniendo las estructuras de este mundo "patas arriba" y dando esperanza al que este mundo tiene por fracaso y perdición.
El sermón de la montaña que Lucas resume, nos da pinceladas de como nos adentramos en poner este mundo "patas arriba" al estilo de Jesús: Amando a los enemigos, bendiciendo a los que maldicen, orando por los maltratadores (6:27-28), siendo radicalmente generosos con las riquezas materiales que tenemos (6:30, 38), dejando de juzgar y condenar y perdonando (6:37), responsabilizándonos de nuestros errores en vez de responsabilizar a otras personas (6:41-42)... estos son algunos de los resultados de un corazón que se somete a la vida de Cristo (6:46), que se sostiene en la Roca (6:48).
Como dijo Crisóstomo, un padre de la iglesia sobre este pasaje:
" Lo que es el agua respecto del fuego, esto es, la humildad y la mansedumbre respecto de la ira; y así como el fuego no se apaga por medio del fuego, así la ira no se apaga por medio de la ira."
¿No sería maravillosa que entendiéramos esto en nuestros conflictos laborales, familiares, vecinales y nacionales e internacionales? ¿Estoy involucrado en colaborar con la Divinidad en poner "patas arriba" un mundo sustentado en la violanecia? ¿De que manera colaboro con quienes nos acompañamos espiritualmente para ayudarnos a vivir como Jesús nos enseñó?
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