En el Salmo 31 David expresa un estado alto de sufrimiento:"Se agota mi vida en el dolor,
en gemidos mi existencia,
se debilita mi fuerza por mi maldad
y mis huesos se consumen." (V. 11)
Las expresiones de malestar se van entrelazando con peticiones de ayuda, guía y confianza en la Deidad:
"Señor, en ti confío,
que no quede jamás defraudado;
¡líbrame con tu fuerza salvadora!
Acerca hacia mí tu oído,
date prisa en socorrerme.
Sé para mí fortaleza protectora,
morada inaccesible que me salve,
pues tú eres mi bastión, mi baluarte;
honrando tu nombre, guíame y condúceme." (V. 1-4)
He estado meditando en los últimos días en este Salmo, a la vez, he estado en otras lecturas, que por cierto, me señalaban el valor de poner la confianza en Dios en medio de las dificultades.
Hoy mismo había una lectura en el CAC donde se señalaba el momento en el que en una noche oscura, los discípulos están cruzando un lago en medio de una tormenta, y Jesús les aparece caminando por las aguas. Es un pasaje muy conocido, donde Pedro, poniendo su mirada en Jesús, camina también sobre el agua, sin embargo, empieza a hundirse justo cuando pone la miarada en la tempestad y la quita del Maestro.
Hace unos días leía las siguientes palabras del profesor de psicología y espiritualidad David Benner en su libro "Entregarse Al Amor":
"La llamada de Jesús a cada uno de nosotros es un llamamiento a ser conscientes de su presencia, volvernos hacía él y entregarnos a su amor"
"La llamada de Jesús a cada uno de nosotros es un llamamiento a ser conscientes de su presencia, volvernos hacía él y entregarnos a su amor"
El escritor del Salmo 31 habla de diferentes fuentes que le traen sufrimiento. Habla de enemigos que le asechan con trampa y en el verso 11, que hemos visto anteriormente, habla de su propia maldad.
Las dificultades que no dependen de nosotros y las que si, incluyendo nuestros pecados, son a veces excelentes elementos para "empujarnos" a poner la mirada en Dios para entregarnos e involucrarnos en el proceso de transformación. En este proceso, que por cierto dura toda la vida, hay pasos que podemos dar. A estos pasos los llamamos a veces arrepentimiento, conversión...
David Benner nos recuerda:
"El arrepentimiento cristiano es volverse hacía Jesús... El centro del arrepentimiento y la conversión es Jesús, no mi pecado ni mi persona".
Meditaba en estos días como las dificultades no siempre nos transforman, ni siquiera siempre lo hacen nuestras oraciones donde pedimos ayuda a la Divinidad. Parece que hace falta añadir a la ecuación el elemento interno de la vulnerabilidad; el reconocimiento de nuestras limitaciones y condición. Solo desde la vulnerabilidad, estaremos en condiciones de hacer el movimiento más importante: entregarnos a quien es el Amor.
¿Hay circunstancias en tu vida que te empujan a poner la mirada en Jesús? ¿Cómo el Salmo 31 nos ayuda a expresar nuestra vulnerabilidad y dar paso hacía la entrega? ¿Y si es momento para mirar a Jesús y caminar sobre las aguas?
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