miércoles, 6 de enero de 2016

Mateo 1-2

En medio de nuestra comunidad cristiana, hemos decidido leer este mes uno de los evangelios, concretamente el libro de Mateo.

En los capítulos leídos José aparece en el relato como un hombre justo y abierto a la dirección espiritual.

En medio de una situación difícil de digerir, recibe un sueño a través del cual Dios le muestra que debe recibir a María, y que el niño que lleva en su vientre es el Salvador, Enmanuel, Dios con nosotros.

El relato me ha llevado a preguntarme lo siguiente: en medio de situaciones difíciles ¿Estoy abierto a la dirección espiritual? ¿Y que tal si esta dirección la recibo a través de un medio sobrenatural como un sueño?

Para los cristianos occidentales, tan influenciados por el materialismo y cientifismo, quizás esto nos suponga una apertura mental importante. ¿Acaso el Dios que creó los cielos y la tierra y que se hizo hombre en el vientre de una virgen no podría hablarme en sueños? No se trata de obsesionarme a partir de ahora con lo que sueño, pero si se trata de una apertura a la posibilidad de que Dios me dirija de maneras sorprendentes si así lo dispusiera. Se trata de no poner trabas a las diferentes maneras en las que Dios pueda guiarme a su voluntad en medio de los acontecimientos cotidianos.

En el capítulo dos de Mateo sigue resaltándome el uso del sueño por parte de Dios para dirigir a los sabios de Oriente para que no regresen a Herodes. También a José para que huya con su familia a Egipto, después nuevamente a José para avisarle de que el peligro ha cesado y una vez más a este para ser dirigidos a Galilea y evitar a Arquelao.

La pregunta sigue ahí ¿Estoy abierto a que Dios me dirija por medios poso usuales para mi? ¿Estoy dispuesto a estar más atento ante la posibilidad de que Dios me hable más allá de mi estudio bíblico o devocional? ¿Qué medios podría usar Dios para guiarme que pueden ser poco familiares para mi?

La historia de Jesús me recuerda que Dios no se limita a mi cosmovisión materialista y cientifista occidental, sino que puede actuar y actúa más allá de lo que yo puedo esperar. Esta realidad me invita a "estirar" mi mente y disponerme a ver a Dios más allá de libros de texto y técnicas hermeneúticas por útiles que estas me parezcan. Practicar la "presencia de Dios", implica consciencia de que Él está a mi lado en todo momento, y que por tanto, en cualquier lugar y ante cualquier actividad, su voz podría llegar a mi vida.

Enmanuel ensancha mi mente, porque se trata de "Dios con nosotros".

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