Los últimos capítulos del libro son una serie de visiones del profeta Amós acerca de las consecuencias que sufren aquellos que no han cumplido con su responsabilidad, entregándose a la injusticia y la inmoralidad. Amós ve un enjambre de langosta que arrasa los campos, después un gran fuego, y ante ello clama pidiendo que Dios tenga misericordia. Dios le dice que esto no va a acontecer, pero entonces le muestra una visión del templo en Bethel donde se adora falsos dioses y le dice que va a ser destruido: "»Los altares paganos de Isaac serán destruidos, y arruinados los santuarios de Israel; me levantaré con espada contra el palacio de Jeroboán»." (7:9) Tras esta visión, hay otra donde Amós ve un canasto de fruta madura y Dios le dice que como la fruta cae al suelo al madurar, así Israel caerá y será golpeada. En medio de las terribles consecuencias de una vida injusta e inmoral, este libro acaba con un rayo de esperanza: "En aquel día levantaré ...
en una era denominada post-cristiana