domingo, 10 de enero de 2016

SE TRATA DE PRACTICAR (MATEO 6-7)

Mateo 6-7


Hoy finalizo el denominado "Sermón del Monte" donde se encuentra muchas enseñanzas prácticas del Maestro. Llama mi atención que su mensaje no está llena de complicados conceptos teológicos, sino más bien de una manera práctica de vivir. ¡Cuan poco hemos aprendido del estilo del Maestro en nuestra manera de enseñar! Creo que no estamos muy convencidos de que el conocimiento que buscamos es más que describir conceptos y que no lo encontraremos si nuestro sistema educativo se centra solo en el intelecto y deja oxidado el cuerpo humano en un pupitre.

Paso a destacar y meditar en las prácticas espirituales que hoy me han resaltado:

- La Piedad Silenciosa

En el capítulo seis Jesús muestra como se debe llevar a cabo las obligaciones judias de dar limosna, orar y ayunar. El Maestro se centra principalmente en la actitud del corazón, siendo aplicable sus principios a cualquier otra disciplina o práctica espiritual. La advertencia está en cuidarnos de hacer tales cosas para ser vistos por los hombres y/o para recibir de ellos recompensa, lo cual manifiesta en quien estamos confiando en verdad y el verdadero propósito de nuestras acciones.

La propuesta de Jesús es llevar a cabo el dar, el orar y el ayunar en secreto, lo cual nos obliga a centrarnos en el corazón del asunto. La práctica de la piedad silenciosa saca a la luz en nuestras vidas las intensiones del corazón. He podido comprobar esto por mi mismo al tener que hacer un gran esfuerzo para no publicar rápidamente la buena obra que he realizado. Muchas veces esa necesidad de hablar de lo que he hecho está escondiendo una búsqueda de aprobación, que al fin y al cabo no es más que un síntoma de un corazón herido y que necesita la plenitud que solo se encuentra en Dios.

- Renunciar a Afanarnos

Jesús nos invita también a desapegarnos de la búsqueda de tesoros en la tierra. Su enseñanza es todo un reto para nuestra cultura occidental tan capitalista, materialista y consumista, donde el valor de las personas y las comunidades se encuentran en la capacidad de producir, consumir y acumular riquezas. Sin embargo el mensaje es radical: "No podéis servir a Dios y a las riquezas" (6:24b). La pregunta para mi es ¿Cómo se que estoy sirviendo a las riquezas?

Al fijarme en aquello a lo que dedico mi tiempo, atención y esfuerzo, no puedo esconder el tiempo ocupado en los nuevos templos occidentales llamados hoy Centros Comerciales. A veces acudo al mismo como una vía de escape, tratando de encontrar alivio en mis luchas cotidianas. Reconozco que hay cierta seguridad, aunque no sea duradera, al comprar bienes materiales.

Practicar la renuncia a afanarme no debe significar dejar de disfrutar de lo material como una bendición, sino más bien asegurarme de donde viene mi sentido de seguridad y valor. Sin duda, si estoy afanado por lo que no tengo, y si encima eso que no tengo ni siquiera es esencial para vivir (como a menudo nos ocurre en nuestra sociedad), no cabe duda que estoy alejándome de la confianza en Dios y necesitado de obedecer al Maestro que me dice "Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia" (6:33a)

¿A donde acudo en medio de mi inseguridad y temor?

- No Juzgar

La renuncia a no juzgar a otros no tiene que ver con renunciar a un juicio crítico del comportamiento humano. Más bien tiene que ver con centrarnos en un auto-examen, con no perder de vista nuestra realidad rota. He comprobado que el señalar los errores de los demás es una manera excelente de esconder mis propios errores, por ello, cuando renunciamos al juicio de otros nos hacemos más vulnerables y conscientes de nuestras carencias y fallos.

- Tratar a Otros Como Quiero Que Me traten

En el capítulo siete el Maestro habla de la oración como medio para recibir (7:7), recordándonos que Dios quiere tener con nosotros una relación amorosa de Padre bueno a hijo. Y en seguida habla de que tratemos a los demás como nosotros queremos ser tratados. Esto ha sido denominado "La Regla De Oro", y no en vano, porque los tesoros más valiosos en nuestra vida, comunidades y sociedades vienen cuando la ponemos en práctica. ¿Te imaginas que pasaría en nuestra familia, vecindario, comunidad cristiana, lugar de trabajo etc. Si viviéramos practicando esta regla? Lo cierto es que no podemos garantizar que los que nos rodeen la practiquen, pero ¿Qué pasaría si yo decido practicarla hasta el punto que se convierta en un hábito en mi vida?

El mensaje del Maestro en el Monte no podría acabar con una mejor imagen que esta:

24 »Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. 25 Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. 26 Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena.27 Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina.» (Mateo 7:24-27)

A practicar.


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