sábado, 9 de enero de 2016

SERMÓN ESCANDALOSO (Mateo 5)

Mateo 5

Me adentro en el capítulo 5 de Mateo y me encuentro con el denominado Sermón del Monte.

Es muy posible que nuestra traducción y contexto no nos ayude mucho a entender que este mensaje del Maestro supone todo un escándalo y provocación.

Si bien este mensaje ha inspirado muchos sermones dominicales en lugares religiosos, se echa de menos que el contexto también nos inspire en nuestra manera de "sermonear". Me refiero a que no se trata de un mensaje creado previamente en un lugar de estudio, ni expresado ante una audiencia que espera escuchar al orador cierto día de la semana a cierta hora en un lugar con estructura de teatro. Este mensaje se expresa al aire libre, debido a que Jesús ve una multitud dispuesta a escuchar (v. 1). Ya las formas nos desafían, y algunos eruditos proponen que mejor que llamarlo "Sermón del Monte"  deberíamos llamarlo "La enseñanza o sabiduría desde el Monte". Imagino que lo que viene a nuestra mente cuando escuchamos la palabra "sermón", poco tiene que ver con lo que se experimentó en ese momento ¿Acaso no escasean mensajes que no sean ensayados sino el fruto de estar conectados con Dios en el contexto cotidiano?

El texto empieza con las bienaventuranzas o bendiciones, donde Jesús lleva a cabo una escandalosa inversión de la formula. En un contexto donde el énfasis está en la bendición que se recibe por el logro humano, a Jesús no se le ocurre otra cosa que nombrar a todos aquellos que se se pensaban que no tenían la bendición o no eran aptos para recibirla y les anuncia el alcance del Reino. Este escándalo es difícil de percibir en muchas de nuestras traducciones, algunos traductores han añadido, por ejemplo, "tener conciencia" de la pobreza espiritual, quitando fuerza al corazón de la enseñanza: los ingenuos, los que no tienen grandes argumentos religiosos... son a los que el Maestro se refiere. Dicen algunos eruditos que a lo largo de los años este mensaje ha cambiado la opinión que se tiene de los pacificadores, los misericordiosos, los de limpio corazón... Pero hay que tener en cuenta que en la época no se les consideraba con valor espiritual ninguno.

La pregunta que viene a mi es ¿Quienes son aquellos que la religión actual ve como ajenos a la bendición del Reino de Dios? (no debemos temer nombrar aquellos que más nos escandalizan) ¿Cómo debo tratarles a la luz de la enseñanza del Maestro?

El siguiente escándalo con el que me encuentro se refleja en la fórmula "Oísteis que fue dicho (...) Pero yo os digo..." donde las enseñanzas del Maestro se contrastan con las de Moises y la tradición de la época. En un contexto donde predominaba la justicia externa de los religiosos, el Maestro declara "Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entrareis en el reino de los cielos" (v. 20)

Los religiosos decían "No matarás" y Jesús dijo "cualquiera que se enoje... que diga necio",
Los religiosos decían "No cometerás adulterio" y Jesús dijo "cualquiera que mira una mujer para codiciarla". Es decir, las demandas de Jesús son mayores, se intensifican. Esto tiene sentido con la realidad de que los que de gracia han recibido, de gracia han de dar.

Por si fuera poco, Jesús dice "Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno" (v. 29)

Curiosamente en la época muchos religiosos cerraban los ojos cuando pasaban al lado de una mujer, eso les llevaba a chocarse con paredes y muros y se les denominaban "fariseos heridos". El Maestro lleva a cabo una reducción al absurdo al decir: "saca tu ojo", "corta tu mano"... y ridiculiza la religiosidad de lo externo, mostrándola como insuficiente.

En Jesús el estándar se encuentra en el amor de Dios, el cual se manifiesta en bendiciones indiscriminadas, donde envía sol y lluvia a justos e injustos. "...Amad a vuestros enemigos,..." (v. 44)

¿Puedes sentir el duro golpe que este mensaje suponía a los receptores originales? Lo verdaderamente importante es que ese golpe también lo reciba yo, y que sea lo suficientemente fuerte como para librarme del odio y de las inquietudes carnales, lo suficientemente fuerte como para llevarme a hablar siempre la verdad... y evitar simplemente cumplir con las exigencias religiosas de hoy basadas en: ir los domingos a la iglesia, no decir palabrotas, no acostarme con mi novia antes del matrimonio y por supuesto, no poner en tela de juicio la "sagrada religiosidad" de nuestros días.

Echo de menos "sermones" al estilo de Jesús, pero doy gracias de que hoy puedo escucharle nuevamente.

¿Qué elementos en mi vida pueden mostrar que estoy al igual que los fariseos preso de "la religión de lo externo? ¿Qué cambios son los que verdaderamente necesito en mi vida? ¿Quienes son aquellos a los que la religión actual rechaza y deberían escuchar las bendiciones hacía sus vidas?




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