viernes, 19 de febrero de 2016

AYUDAR A DIOS (GÉNESIS 16-17)


Diez años había pasado desde que Dios le hizo la promesa a Abrán y seguían sin ver el hijo del que saldría una gran descendencia. En estas circunstancias, Saray la mujer de Abrán tiene una idea: que su marido se acueste con su sirvienta y de esta manera podrían tener un hijo. Esta extraña propuesta no era ninguna ilegalidad en la época, de hecho se trataba de algo frecuente. Pero si se se trataba de una estrategia precipitada, en la que no se estaba teniendo en cuenta la intervención de Dios.

Pensaba en las muchas maneras en las que a veces trato de "ayudar a Dios". Reconozco que a veces tengo la horrible osadía de pensar que lo que Dios desea que ocurra depende de mí más que de él. Cuando esto me pasa, me doy cuenta que me precipito. Son muchas las veces que he tenido que reconocer que no escogí el momento apropiado para empujar una propuesta o tomar cualquier otro tipo de decisión.

El hijo que Abrán tuvo con su sirvienta se llamó Ismael, y no solo trajo serios problemas en las nuevas relaciones familiares, sino también a lo largo de la historia.

Sin embargo, llama también mi atención, que a pesar de que Saray y Abrán, se precipita, Dios sigue adelante y fiel con su promesa. En el capítulo 17 Dios vuelve a enfatizar sus propósitos y su manera de llevarlo a cabo. Tras este encuentro del patriarca con Dios, se le avisa de que Saray se quedará embarazada y dará a luz un hijo, además Abrán pasa a llamarse Abrahán, para que no olvide que será padre de muchos y se le manda circuncidar a los varones de su familia, para que no se olvide de que son llamados a vivir de una manera diferente, a apartar de ellos aquello que solo es inmundicia y causa de problemas tóxicos.

Dos principios para mi importante:

- He de evitar tratar de ayudar a Dios, he de confiar en Él y saber que aunque las circunstancias anuncien todo lo contrario, Él llevará a cabo lo que ha prometido.

- Aun cuando me precipite y haga lo que no debí hacer, Dios seguirá adelante con sus planes, y en tal caso, a mi me toca volver a confiar en Él, volver al camino de donde me salí, pues Dios sabe lidiar con mis errores.



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