martes, 9 de febrero de 2016

Dice Génesis cuatro que Abel se dedicó a criar ovejas y Caín a labrar la tierra (4:2). Las ovejas necesitan de la tierra para sobrevivir, pero hay un serio problema cuando alguien dice que cierta porción de tierra le pertenece y sin embargo tus ovejas entran en el lugar que tu estás labrando. La propiedad privada es uno de los asuntos que el ser humano ha tenido y tiene que enfrentar.

La historia de Caín y Abel sigue siendo la historia del progreso y de la humanidad actual. Los problemas de la convivencia e intereses personales a menudo se entremezclan con grandes dosis de rencor y odio, que puede desembocar en violencia y aun en muerte.

Las preguntas de Dios a Caín son significativas y relevantes para mí: "¿Por qué te irritas? ¿Por qué has puesto esa cara?" (4:6) La respuesta a esas preguntas pueden mostrar la realidad de un corazón con amargura, con egoismo, con necesidades profundas insatisfechas. Porque cuando nuestra confianza está fuertemente en Dios, lo que otros hagan o dejen de hacer no nos llevará a extremos como el de Caín, que acabó matando a su hermano.

Las actuaciones de los que me rodean, sus logros o fracasos, pueden producir emociones fuertes en mí. Lo interesante es que esas emociones son muy útiles para averiguar el estado de mi corazón. En mí está expresar esas emociones ante Dios abiertamente esperando su ayuda para manejarlas, o dejarme llevar por lo que siento sin reflexionar previamente. Lo segundo nos lleva a lo que continuamente vemos en las noticias (engaños, violencia, guerras), lo primero nos coloca en el Camino de la restauración, donde somos confrontados, restaurados y reconducidos a confiar en Dios ante toda circunstancia.

La pregunta de Dios es para nosotros: "¿Por qué te sientes así?" y mi respuesta y actitud determinarán destrucción o crecimiento.


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