lunes, 15 de febrero de 2016

LA BENDICIÓN (GÉNESIS 12-14)

Me introduzco en los capítulos 12, 13 y 14 de Génesis, donde comienza la historia de los patriarcas. Lo primero que me encuentro es con el llamamiento de Abrán a dejar su tierra, para ser bendecido y ser de bendición. En estos capítulos ya vemos como Abrán bendice a Lot y su familia permitiendo que escojan territorio y posteriormente rescatándolos de la cautividad. Así se expresa el llamado y la bendición de Abrán en este libro:

"El Señor dijo a Abrán: -Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y dirígete a la tierra que yo te mostraré. Te convertiré en una gran nación, te bendeciré y haré famoso tu nombre, y servirás de bendición para otros. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan. ¡En ti serán benditas todas las familias de la tierra!" Génesis 12:1-3

Pensaba en nuestro llamado a seguir a Jesús y el paralelismo que tiene con el llamado de Abrán. Como el patriarca, nosotros somos invitados a un Camino de fe, donde Dios es nuestra guía para cumplir su propósito y donde tenemos oportunidades de ayudar a otros en medio del trayecto. Cómo Abrán, somos bendecidos para ser de bendición, y es ahí, donde no puedo perder el norte.

¿Soy consciente de que lo que recibo a través de Jesús, no es solo para mi bendición sino para ser un agente de restauración en medio de un mundo roto?

Pienso en la fidelidad de Dios, que me provee un hogar y recursos materiales, ¿Cómo se pueden convertir tales recursos en bendición para otros?

Pienso en el perdón y la gracia que me sustentan, en el amor que me sana y me impulsa, ¿Cómo se pueden canalizar tales dones en bendición para otros?

Pienso en mis energías y en mi tiempo en los entornos vecinales, laborales, familiares y de ocio ¿Cómo se pueden usar para bendecir a otros?

Pienso en las experiencias de mi pasado, las malas y las buenas, ¿Cómo me ayuda tales experiencias para bendecir a otros?

El propósito de la bendición a Abrán era que fuéramos bendecido, y el propósito de nuestra bendición es que bendigamos a otros. Somos invitados al banquete de la gracia, donde el amor de Dios y sus bondades fluyan en medio de un mundo roto.

En un mundo egoista y materialista, la tentación es a centrarnos en nuestra propia bendición, pero al hacerlo, estaremos saliendo de los generosos e increíbles propósitos de Dios para su pueblo. Es por eso que la vida de nuestras comunidades no se deben evaluar en base al éxito de proyectos urbanísticos, eventos y programas, sino en nuestra capacidad para bendecir con lo que ya hemos recibido, con lo que ahora mismo poseo

¿Si me voy de mi vecindario, este vería alguna diferencia? ¿Si los cristianos de mi localidad nos mudamos, abría alguna diferencia para dicha localidad?

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