martes, 23 de febrero de 2016

Los capítulos en los que me he adentrado hoy traen escenas interesantes. En el capítulo 20 Abrahám vuelve a intentar salvar su pellejo diciendo que Sara es su hermana, y esto casi provoca que Abimelec, rey de Guerar la tome como esposa. Dios no permitió que esto sucediera y mediante un sueño avisó a Abimelec y también dio la oportunidad de que Abrahám orara por él y su familia para que pudieran engendrar, pues a causa de esta situación Dios había hecho estéril su casa. Esto me hace pensar en como a pesar de que a veces actuamos sin tener en cuenta a Dios, Él permanece fiel y nos saca de situaciones que podíamos haber evitado. Esto es algo que hacen los amigos.

El capítulo 21 nos señala el nacimiento de Isaac, el hijo de la promesa. Finalmente, a pesar de las dudas de Abrahám y Sara y a pesar de la espera y las circunstancias que le rodeaban, Dios cumple su propósito. Una pregunta viene a mi mente, ¿cómo gestiono mis dudas y mi espera? Abrahám expresó a Dios lo que pensaba, aun cuando tales ideas le hacían ver la dificultad para tener un hijo. A menudo ignoramos y ocultamos nuestras dudas en medio de la espera, sin embargo, eso solo provoca frustración y evita que Dios siga trabajando con nuestras debilidades humanas. Dios sabe de que material somos hecho, conoce nuestras emociones y pensamientos ¿Por qué en vez de ignorarlos u ocultarlos no se los expresamos? Sospecho que en ello encontraremos un mejor camino para crecer en la fe. Además expresar nuestras emociones es algo que se hace con amigos de verdad.

El capítulo 22 nos sitúa en una historia difícil de digerir para los occidentales del siglo XXI, Dios prueba a Abrahám al pedirle que sacrifique a su único hijo ¿Cómo puede pedir Dios tal acto y como puede tratar de responder alguien al mismo? Lo que no podemos olvidar es que estamos ante un texto antiguo, con un contexto que explica perfectamente esto. Abrahám vivía en un entorno donde las personas trataban de lidiar con la ira de los dioses en base a sacrificios de todo tipo, aun humanos. Por lo tanto, que un dios pidiera que se sacrificara a un hijo, no era algo extraño en el contexto de Abrahám, lo extraño era que este Dios evitara dicho sacrificio y que la historia acabara así:

"Al levantar la vista, Abrahán vio un carnero enredado por los cuernos en los matorrales. Fue entonces, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en sustitución de su hijo." Génesis 22:13

Por tanto esta historia no solo nos habla de un hombre que confía en su Dios hasta el punto de ser desprendido de aquello a lo que ama, también nos habla de un Dios que es diferente a los otros dioses, que no está sediento de sangre, sino dispuesto a proveer él mismo para reconciliarnos con Él.

Desde mi punto histórico después de Cristo, esto puedo entenderlo con dimensiones mucho más profundas, ya que el mismo Dios se ha hecho carne y como un Cordero ha sido puesto en el altar. De esta manera nos dice: os amo, no quiero que muráis, no quiero más derramamiento de sangre, quiero perdonaros, quiero reconciliarme con vosotros, quiero que viváis la vida como yo la he vivido entre vosotros. Ante tal locura de amor, no es extraño que muchos a lo largo de la historia hemos acabado de rodillas diciendo: "Gracias por perdonarnos y amarnos hasta la muerte, gracias por no pedirnos que paguemos nuestras deudas, gracias por pagarla por nosotros, gracias por ser el mejor amigo, pues no hay mejor amigo que aquel que está dispuesto a dar la vida por nosotros, gracias por mostrarnos como vivir en este mundo roto".

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