martes, 15 de marzo de 2016

GESTIÓN DEL INSTINTO (GÉNESIS 34)

El capítulo 34 de Génesis es un pasaje duro y cruel. Por un lado una de las hijas de Jacob, Dina, es violada, lo cual produce la comprensible ira en medio de la familia, sin embargo, la respuesta a la violación es el engaño y el asesinato de muchos, así como el saqueo y la captura de mujeres y niños por parte de los hijos de Jacob .

Una vez que todo ha pasado Jacob pronuncia las siguientes palabras a Simeón y Leví, causantes de la masacre:

"Me habéis ocasionado la ruina haciéndome enemigo de los habitantes de esta tierra, los cananeos y los fereceos. Yo cuento cuento con muy pocos hombres y si ellos se alían contra mí y me atacan; acabarán conmigo y con toda la familia" (34:30)

Sin duda la violación de Dina, debió producir mucho dolor y deseo de venganza, y hasta cierto punto, esas emociones son totalmente justificables. Otra cosa es llevarlas a cabo. Nosotros leemos este pasaje desde la perspectiva de las enseñanzas de Jesús, y eso nos lleva a rechazar la acción de los hijos de Jacob.

La violación fue la respuesta incorrecta y patológica a un instinto natural en nosotros, el deseo sexual, y el homicidio y rapto fue la respuesta incorrecta y patológica a otro instinto natural en nosotros, la impotencia hacía un acto abominable que produce en nosotros el deseo de venganza.

Pienso en los salmistas cuando expresaban sus emociones más intensas, muchas veces cargadas de sed de venganza y muerte para otros. Sin embargo, en vez de llevarlo a cabo, lo expresaron a Dios con sinceridad y sometimiento a su voluntad.

El problema no es a veces lo que sentimos, sino más bien lo que hacemos con lo que sentimos. No procesar nuestras emociones e instintos de la manera correcta, solo nos llevará a la ruina.

Una de las asignaturas pendiente en el discipulado occidental, es la expresión abierta y sincera de como nos sentimos ante Dios. Olvidamos a menudo que Dios conoce lo más profundo de nuestro corazón, sabe cuales son los impulsos más difíciles de controlar en nosotros, sabe como nos sentimos y lo que deseamos, entonces: ¿por qué nos cuesta tanto hablarle de lo que pasa por nuestra cabeza, por horrible que sea?.

Expresarnos abiertamente ante Dios, no causará ningún rechazo por su parte, más bien permitirá obrar en el corazón que se abre ante su presencia. Ignorar lo que sentimos o actuar de manera impulsiva, solo nos lleva a la ruina.

¿Estoy dispuesto a expresar a Dios lo que siento aun cuando se trata de cosas de las que me avergüenzo? ¿Qué crees que ocurrirá si expresamos ante Dios nuestras emociones e instintos más básicos? ¿Es nuestra comunidad cristiana una escuela para la gestión emocional?

No podemos olvidar algo: la madurez espiritual, implica madurez emocional, y esta última no se consigue si no aprendemos a expresar y gestionar nuestras emociones e instintos de manera correcta.



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