miércoles, 23 de marzo de 2016

En estos días he estado reflexionando sobre los capítulos 42 al 45 de Génesis, donde José se encuentra con sus hermanos, aquellos mismos que le despreciaron, tramaron matarle y finalmente le vendieron a mercaderes. José no se identificó en un primer momento, y trató desde el anonimato sacar toda la información que pudo de sus hermanos, mientras sospecho que procesaba como tratar el asunto entre manos.  Finalmente, llega el momento en que José decide darse a conocer.

José tenía motivos para la venganza, sin embargo, durante todo el sufrimiento, el había sido capaz de ver como la mano de Dios había encauzado todo el mal que recibió para bien. De hecho le dice a sus hermanos:

"Ahora pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros... Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación" (45: 5 y 7)

He de reconocer, que el caso de José no lo puedo convertir en una norma para cuando pasemos por injusticias y dolor. No siempre lo que nos pasa tiene el tipo de explicación que encontró José. A veces es simplemente las consecuencias de vivir en un mundo roto, donde Dios no ha prometido que seremos librados de todo mal. Creyentes y no creyentes enfrentamos injusticias, enfermedad, muerte, y tratar de dar sentido a todo lo que nos pasa como si la historia de José fuera normativa, a veces puede hacernos malos consejeros y dificultarnos la empatía que debemos dar a los que están pasando calamidad.

Sin embargo, tampoco podemos olvidar, que si bien no todo lo que nos ocurre lo podemos explicar, "todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios" (Rom. 8:28) Es decir, Dios quiere que confíe en Él siempre, pues aun las cosas inexplicables, son usadas por Él para cumplir el buen propósito de formar en nosotros la imagen de Cristo. José en este caso, sigue siendo un buen ejemplo de como enfrentar la dificultad sin amargura y percibiendo a Dios.

Dicho esto, lo que más ha llamado mi atención en la meditación de estos días sobre el texto, es la respuesta de José:

"Y se echó sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró; y también Benjamín lloró sobre su cuello. Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos; y después sus hermanos hablaron con él." (45:14-15)

José, finalmente gestionó su dolor, lo sacó a la luz, y decidió perdonar y bendecir a su familia incluyendo a aquellos que planearon matarle y que finalmente lo vendieron como esclavo.

Pensaba en la realidad de nuestro mundo, plagado de dolor por la ruptura entre seres humanos; conflictos familiares, con los compañeros de trabajo y con los vecinos, guerra y terrorismo... todo ello fruto de la amargura y de señalar al prójimo como el responsable de lo que me pasa.

Hay un refrán que dice "la mejor defensa es un buen ataque" y esto es lo que muchos a nivel individual y aun países, llevan a cabo para tratar de evitar más dolor.

Sin embargo, no creo que exista un arma más poderosa y efectiva que la gracia y el perdón. Es más, no creo que exista otro arma capaz de arreglar la realidad que nos rodea. Es por ello, que si alguien piensa que la mejor defensa es un buen ataque, debería tener en cuenta que arma escoge para dicho ataque. Desde el ejemplo de José, que en un sentido nos recuerda y señala a la misma imagen de Jesús, encuentro el arma más efectiva para la paz en el mundo: la gracia y el perdón.

Pensar que otro tipo de arma será más efectiva en nuestra defensa y paz, es perder de vista el poder del evangelio.

Dios nos ayude en medio de las injusticias que nos rodean, a ir contra la corriente de respuesta que predomina en medio de las familias, en medio del trabajo, los vecindarios y los países. Dios nos ayude a usar la poderosa arma del amor que incluye la gracia y el perdón.

Vivimos en un tiempo donde bien haríamos en hacer caso a las palabras de Romano: "No te dejes vencer por el mal, al contrario, vence el mal con el bien" (12:21)

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