lunes, 25 de abril de 2016


Me adentro en unos de los pasajes más conocidos de las cartas de Pablo, el capítulo 13 de 1ª de Corintios, el cual nos ofrece una declaración acerca del amor que no ha sido igualada en la literatura espiritual. 

He leído y escuchado este pasaje muchas veces, sin embargo hoy, me resaltaba el siguiente verso:

"¿De qué me sirve desprenderme de todos mis bienes, e incluso entregar mi cuerpo a las llamas? Si me falta el amor, de nada me aprovecha." (13:3)

Pensaba en como las palabras de este capítulo lleva nuestra formación espiritual no solo a acciones correctas, sino a motivaciones correctas. Pensaba en como algunas buenas obras, aunque siempre bienvenidas y necesarias en un mundo roto, pueden estar movidas por intenciones incorrectas. Es posible ayudar a otros buscando el aplauso de algunos, o aun tratando de salvarme a mi mismo, es posible ejercer un ministerio público con la intención de ser reconocido... En definitiva, es posible que el amor no esté presidiendo mi vida, y cuando eso ocurre, no importa las muchas felicitaciones que reciba, estoy fuera del Camino donde Dios me quiere.

Pablo está tratando de corregir en medio de la comunidad, acciones y desordenes egoístas, está tratando de que se haga un buen uso de los dones recibidos, pero para ello, pone una base sólida, con efectos eternos: la base del amor.

Para el apóstol el amor es aquello que es comprensivo y servicial; que nada sabe de envidias, de jactancias, ni de orgullos. Aquello que no es grosero, no es egoísta, no pierde los estribos, no es rencoroso. Aquello que lejos de alegrarse de la injusticia, encuentra su gozo en la verdad. Disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites. (13:4-7)

¿Es el amor lo que está presidiendo mi ministerio? ¿Cómo podemos ayudar a nuestros discípulos a evaluar sus ministerios en base al amor?

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