Al principio del capítulo 11 de 1ª Corintios, Pablo habla sobre el uso del velo por parte de la mujer en medio de las reuniones de la comunidad cristiana. Este es un tema que ha dado lugar a diferentes interpretaciones y diferentes prácticas a lo largo de la historia de la iglesia, lo cual es prueba de que se trata de uno de esos textos que supone dificultad ya que no está exento de aparentes contradicciones. aun en el discurso de Pablo.
No cabe duda de que Pablo está describiendo una costumbre de la época muy difundida en oriente y dotándola aparentemente de un significado de jerarquia de dominación, por eso en el verso 7 aparece:
"Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón."
"Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón."
Sin embargo, aunque en el verso 5 se habla de que "el varón es la cabeza de la mujer", debemos saber que históricamente se ha traducido "cabeza" (kephalē) como "autoridad sobre", la exégesis nos recuerda que en el griego koiné significaba "fuente" u "origen" (como la fuente de un río). Por tanto, no denota superioridad jerárquica.
Si bien, estos verso parecen dar la explicación de la época para el uso del velo, es el mismo apóstol que acaba diciendo como debe entenderse la igualdad entre hombres y mujeres para quienes seguimos a Jesús, anulando cualquier postura de dominación:
"aunque entre cristianos tanto el varón como la mujer deben reconocer su mutua dependencia. Porque si bien es cierto que la mujer procede del varón, también lo es que el varón viene al mundo por medio de la mujer; y, en última instancia, todo procede de Dios." (11:11-12)
"aunque entre cristianos tanto el varón como la mujer deben reconocer su mutua dependencia. Porque si bien es cierto que la mujer procede del varón, también lo es que el varón viene al mundo por medio de la mujer; y, en última instancia, todo procede de Dios." (11:11-12)
Es decir, Pablo mantiene un principio que no debemos olvidar y es que en Cristo Jesús:
"No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús." (Gálatas 3:28)
"No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús." (Gálatas 3:28)
Este principio básico y universal, rompe con la terrible percepción de que una persona debe tener más privilegios que otra por motivos culturales, sociales y sexuales. En Cristo esto no es así, y es Cristo el que viene a deshacer las obras del diablo, el que ha aparecido para restaurar lo que hemos estropeado. No olvidemos, que el enseñoramiento del hombre sobre la mujer, es una consecuencia de la caída y no el plan original de la Divinidad para este mundo.
Cuando nos encontramos ante un texto de difícil interpretación, debemos mirar a Jesús para encontrar los principios universales que son aplicables a todos los tiempos y todas las culturas. En este caso, el cual afecta al papel de la mujer, no podemos olvidar como el Maestro se movió en una cosmovisión tan patriarcal. Jesús nos da siempre gafas adecuadas para enfrentar pasajes difíciles, el es la Divinidad con la humanidad (Enmanuel), mostrando como es lo divino en carne y hueso y en el contexto cotidiano.
Felix Ortiz, al entender el contexto histórico bíblico sobre el papel de la mujer en la época, dice : "Me sorprende que, a diferencia de otros maestros judíos, Jesús aceptara mujeres entre sus discípulos y las hiciera partícipes de los misterios del Reino. La primera persona a la que le declara abiertamente ser el Mesías es una mujer y encima samaritana. Del mismo modo el primer testigo de la resurrección es una mujer y esta, María Magdalena, es enviada como testigo -a pesar de que Jesús es total y absolutamente consciente de que su testimonio no tenía valor en la cultura judía- a aquellos que habrían de ser testigos de su resurrección."
No podemos dejar de resaltar que en el verso 5 Pablo reconoce que las mujeres participan como los hombres en la asamblea, orando y predicando: "...toda mujer que ora o profetiza..." Este hecho tan revolucionario en el contexto patriarcal de la carta, es más que suficiente para abolir las dificultades que muchas mujeres siguen encontrándose en comunidades cristianas a la hora de participar en condiciones de igualdad con los hombres.
No me cabe duda, de que en una cultura machista, el principio que vemos en Cristo nos anima a un movimiento contracultural.
¿Cómo estamos aplicando este principio en nuestras comunidades cristianas? ¿De que maneras práctica nuestras comunidades pueden colaborar en la erradicación del machismo?
Muy bien Ruben, voy por esa linea yo tambien.
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