lunes, 25 de abril de 2016

En la porción en la que me adentro, Pablo habla de un tema controvertido, el uso del don de lenguas en medio de la comunidad cristiana. El apóstol acepta la experiencia del éxtasis espiritual como una realidad comunitaria. Sin embargo, tal experiencia carece de sentido si no es capaz de edificar.

"Pues lo mismo vosotros: si os expresáis en un lenguaje misterioso en lugar de usar palabras inteligibles, ¿quién entendería lo que decís? ¡Estaréis hablando a las paredes!" (14:9)

No creo que Pablo trata de mostrar una preferencia de la razón sobre la experiencia sobrenatural, sino que más bien nos invita a la práctica donde mente y corazón se unen, donde experiencia y razón van de la mano. Se trata de valorar la experiencia integral en la espiritual.

"Concluyendo: el que posea el don de hablar en un lenguaje misterioso, pídale a Dios el don de interpretarlo." (14:13)

Me he movido en una cultura religiosa, donde este pasajes de Pablo, a menudo ha sido tomado como justificación para una fe intelectual, incapaz de abrazar lo sobrenatural y aun lo emocional. Entiendo que dicho énfasis trató de evitar otros extremos, pero ignorar que la ley del péndulo nos lleva a perder de vista la integridad espiritual que enseña Pablo, es igual de peligroso.

¿En mi comunidad cristiana estamos en el extremo de lo emocional y sobrenatural o en el de lo racional e intelectual? ¿Qué implicaría en la práctica una fe integral que abarque la razón, el misterio, el diálogo y la experiencia?




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