Pablo sigue enfrentando los celos, las envidias y las contiendas entre las personas de la iglesia en Corintios, y en el capítulo 4 hace referencia a dos aspectos importantes: no juzgar (4:5) y no gloriarnos en nosotras ni nosotros mismos (4:7). Pablo tiene claro que en la vida espiritual, nuestro propósito no consiste en dominar las disciplinas espirituales o poseer y disfrutar los dones, si bien ambas cosas tienen su lugar, la meta no es otra que aprender a confiar en Cristo. La vida apostólica, llena de dificultades y desprecios por parte de otras personas, es puesta ante los Corintios como ejemplo.
El verso que ha llamado mi atención hoy en la Lectio Divina es el siguiente:
"Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios". (4:5)
Una de los problemas de aventurarnos a juzgar a las demás personas, es nuestro desconocimiento de las intenciones del corazón, dice el apóstol que es el Señor quien manifestará dichas motivaciones. Esto me lleva a pensar que el discipulado no debe buscar solamente trasmitir información y acciones piadosas, pues cabe la posibilidad de que conociendo la doctrina correctamente, y sirviendo a las demás personas, nuestra intención sea incorrecta: buscando el aplauso de quienes nos miran, por ejemplo.
Nuestra mente, nuestra voluntad deben rendirse al Señor, pero así también nuestras motivaciones y si esta última no es correcta, no estaremos en la senda que deberíamos.
Pienso en la importancia de examinar constantemente nuestras motivaciones ante la Divinidad, de manera individual y colectiva. Preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos, revelará si estamos fundamentados y conscientes de la gracia de Dios, o por el contrario seguimos tratando de vivir la vida en base a nuestro esfuerzo personal. Si nuestras acciones nacen por experimentar la gracia del Señor en nosotras vidas, o por seguir buscando la sanidad en nuestro propio esfuerzo.
Pablo le dice a los Corintios:
"Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?" (4:7)
Es fácil para mi olvidar lo que he recibido de Dios, aun puedo caer en el error de pensar que lo que tengo es gracia a mi propio esfuerzo. Al pensar de esta manera caigo en compararme con otras personas, así como hicieron los Corintios.
La invitación hoy por parte del Espíritu Santo, es a examinar las intenciones de mi corazón, y a descubrir si lo que me motiva es la experiencia de su amor, o el intento de seguir queriendo restaurar mi corazón roto y mi pobre autoestima en base a mi esfuerzo personal.
El verso que ha llamado mi atención hoy en la Lectio Divina es el siguiente:
"Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios". (4:5)
Una de los problemas de aventurarnos a juzgar a las demás personas, es nuestro desconocimiento de las intenciones del corazón, dice el apóstol que es el Señor quien manifestará dichas motivaciones. Esto me lleva a pensar que el discipulado no debe buscar solamente trasmitir información y acciones piadosas, pues cabe la posibilidad de que conociendo la doctrina correctamente, y sirviendo a las demás personas, nuestra intención sea incorrecta: buscando el aplauso de quienes nos miran, por ejemplo.
Nuestra mente, nuestra voluntad deben rendirse al Señor, pero así también nuestras motivaciones y si esta última no es correcta, no estaremos en la senda que deberíamos.
Pienso en la importancia de examinar constantemente nuestras motivaciones ante la Divinidad, de manera individual y colectiva. Preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos, revelará si estamos fundamentados y conscientes de la gracia de Dios, o por el contrario seguimos tratando de vivir la vida en base a nuestro esfuerzo personal. Si nuestras acciones nacen por experimentar la gracia del Señor en nosotras vidas, o por seguir buscando la sanidad en nuestro propio esfuerzo.
Pablo le dice a los Corintios:
"Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?" (4:7)
Es fácil para mi olvidar lo que he recibido de Dios, aun puedo caer en el error de pensar que lo que tengo es gracia a mi propio esfuerzo. Al pensar de esta manera caigo en compararme con otras personas, así como hicieron los Corintios.
La invitación hoy por parte del Espíritu Santo, es a examinar las intenciones de mi corazón, y a descubrir si lo que me motiva es la experiencia de su amor, o el intento de seguir queriendo restaurar mi corazón roto y mi pobre autoestima en base a mi esfuerzo personal.
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