lunes, 25 de abril de 2016

La segunda parte del capítulo 14 de 1ª de Corintios, ofrece una serie de instrucciones para el buen funcionamiento de las reuniones regulares en la comunidad cristiana. Llama mi atención que ante el desorden en Corintios, Pablo nunca instituyó el modelo de reunión convencional de la cristiandad de hoy, donde unos pocos monopolizan la reunión y controlan la mayor parte de la participación. Dicho modelo parecería una buena receta para el caos, sin embargo, la receta de Pablo, es una aplicación práctica en la reunión, de una realidad espiritual que el mismo expresó: la manifestación de Cristo a través de cada uno de los miembros. De ahí que el apóstol señala:

"¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación." (14:26)

El no dijo: "cuando os reunís, uno de vosotros tiene predicación"

Además, muchos eruditos están de acuerdo que la mejor traducción es "¿Qué hay, pues, hermanos y hermanas?", sin lo cual no se entendería bien la limitación más adelante a que las mujeres participen (14:34).

Está claro que el propósito de Pablo es el orden en una comunidad con reuniones caóticas (v. 40), y para ello, se dirige a tres ejemplos particulares de dicha comunidad: los que hablan en lenguas, los que profetizan y las mujeres.

Algunos piensan que Pablo no se dirige a un caso en particular al hablar a las mujeres sino a un principio universal, debido al lugar donde algunas traducciones coloca cierta puntuación (debemos saber que en el original no existía dicha puntuación). Así algunas traducciones figuran de la siguiente manera:

"...pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones;" (14:33-34)

Sin embargo, otros eruditos colocan la puntuación de otra manera en la traducción, lo cual hace que un asunto que parece nombrarse como principio universal se vuelva en posible caso particular:

"...pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz, cómo en todas las iglesias de los santos. Vuestras mujeres callen en las congregaciones..." (Debido al caso particular en Corintios)

Siempre me pareció interesante el punto de vista de David Hamilton sobre este pasaje en el libro "¿Por qué no la mujer?", donde muestra su punto de vista acerca de que Pablo está precisamente refutando la idea de que las mujeres callen. Este teólogo propone que Pablo no estaba dando su opinión en el versículo 35, sino citando cierta opinión, por lo que propone la siguiente traducción:

"Porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación. ¡Tonterias! ¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios? O ¿Qué? ¿Sólo a vosotros ha llegado? Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son los mandamientos del Señor. Más el que ignora, ignore." (14:35-38)

El dice que hay que entender el uso del quiasmo por parte de Pablo para enfrentar en Corintios tres casos de desordenes relacionados con los que hablan en lenguas, profetizaban y mujeres, que hay que revisar el uso de la puntuación en algunas traducciones (v. 33,34) y no ignorar que en medio del quiasmo Pablo presenta el principio de que en la reunión, hombres y mujeres participan (v. 26), resaltando que Dios no es Dios de confusión sino de orden, como en todas las iglesias de los Santos (v. 33) y reiterando que se haga todo decentemente y con orden (v. 40)

Ya me pronuncié en mi comentario a 1ª de Corintios 11 como enfrento los pasajes difíciles acerca del papel de la mujer en la iglesia, apoyándome en el ejemplo de Jesús.

Sin embargo, lo que me resalta hoy, es como Pablo enfrenta el caos, no con el control por parte de unos pocos, sino con la búsqueda de la participación edificante de cada miembro en medio de las reuniones regulares. Si, esto trae riesgos, pero sin riesgo, es imposible que nuestros hijos aprendan a patinar, y también que nuestros discípulos aprendan a edificar cuando nos vemos para ello. Lo de consumir el ministerio de unos pocos, es algo que ya hemos aprendido.

¿Estoy consciente que la madurez cristiana implica un proceso? ¿Estoy dispuesto a acompañar en las etapas más torpes del crecimiento al estilo de Pablo o al estilo de los líderes religiosos de hoy?






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