Al adentrarme en el capítulo 2 del libro de Josué, me encuentro con la historia de Rahah, una prostituta que atiende y salva la vida de los dos espías que Josué mandó a explorar la tierra. ¿Es lícito incluir a una prostituta en este momento de la historia? Por si fuera poco, Rahab se convierte más adelante en esposa de un príncipe de Judá (Rut 4:18-22, Mateo 1:4-6), y en el Nuevo Testamento, aparece en la lista de las personas héroes de la fe:
"Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz." (Hebreos 11:31)
El lugar de Rahab en la Biblia es totalmente adecuado para el evangelio, aunque seguramente ofensivo si no entendemos de que trata las Buenas Noticias. Es más, esta prostituta en vez de ofenderme, debería ser un ejemplo a imitar pues afirmó su fe al decir:
"...el Señor, vuestro Dios, es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra." (2:11b)
Jesús escandalizó a los religiosos de su época al decirles:
"En verdad os digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que vosotros." (Mateo 21:31b)
Me pregunto quienes pueden ser los personajes que escandalizarían la regiliocidad que nos caracteriza a la cristiandad del siglo XXI, aquellas personas que la religión ve lejos de los propósitos de la Divinidad. Quizás para algien, tristemente pueda ser personas de otra religión: musulmanes, budistas, hinduistas... para otras personas tristemente pueden ser personas del colectivo LGBTIQ, para otras desgraciadamente las personas ateas o agnósticas... sea quienes sean, no debo olvidar que lo que la subcultura religiosa rechaza, en el reino de Dios a menudo se convierte en el ejemplo a imitar.
Todo ello me lleva a pensar en mi condición, en la realidad de que yo soy en verdad como esa prostituta, por lo que no soy nadie para rechazar ninguna persona por ninguna razón secundaria. La gracia nos alcanza independientemente de nuestro pasado y por supuesto de nuestra condición social, cultural, sexual, condición de género o religiosa, y cuando eso pasa, solo me queda arrodillarme y dar gracias a la Divinidad por la gracia del evangelio.
Cuando me desviío del camino de Jesús y me veo diferente y/o superior a otras personas ante Dios, quizás necesito darme cuenta de que yo soy el religioso al que el Maestro le dice:
"En verdad os digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que vosotros."
Prueba repetir el texto anterior sustituyendo "recaudadores de impuestos y las rameras" por cualquier grupo de personas que te cuesta creer que están cerca de Dios o capacitadas para alguna responsabilidad concreta, imaginemos en este ejercicio a Jesús de frente, mirándonos y poniendo patas arriba cualquier mirada supremacista que tengamos.

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