martes, 10 de mayo de 2016


Me adentro ahora en los relatos de las batallas del pueblo de Israel, y he de reconocer que algunas partes son de excesiva violencia para mi sensibilidad. No puedo evitar pensar en si hay alguna justificación para el herem; la orden de que todo sea borrado, sin importar que sea persona o animal (Deuteronomio 7:2, 13:15, Josué 9:24)

Aunque quizás no hay respuesta totalmente satisfactoria, me parece muy importante y útil no dejar de tener en cuenta algunas consideraciones:

Primero, no debemos olvidar que la tierra de Canaan había llegado a extremos de maldad e injusticia, incluyendo el sacrificio de niños y se había esperado más de 400 años para su arrepentimiento (Génesis 15:16). Sin duda, Dios no quería que dichas maldades se extendieran a Israel y al resto de las naciones (Deuteronomio 18, 12:29-31)

Segundo, que ciertas expresiones que nos suenan hoy a "genocidio divino", son una hipérbole del lenguaje que no se debe tomar de manera literal. Un ejemplo de ello lo encontramos al contrastar Josué 10:36-39 con 15:13-15. Si el primer pasaje lo tomamos literal, es decir, la destrucción de toda vida, lo segundo no hubiera sido posible, es decir, la expulsión de los hijos de Anac. 

Tercero, estamos ante un momento histórico único y a partir de ahí, el pueblo de Israel es llamado a vivir en paz con el resto de las naciones (Deuteronomio 20), por lo que cualquier violencia hoy en el nombre de Dios no tiene justificación. Tampoco es cuestión de diferenciar entre el "Dios de la ira del Antiguo Testamento" y el "Dios de amor del Nuevo Testamento", ya que aunque el texto del antiguo testamento se niega a resolver la tensión y nos deja con el misterio y la paradoja, su énfasis principal sigue siendo el de la fidelidad del amor de Dios que además de permanecer para siempre, es para toda persona, incluida el extranjero. 

Cuarto, no podemos olvidar que la Biblia es un diálogo entre cielo y tierrra, y que en este diálogo, podemos percibir al Creador acomodándose al contexto y la necesidad humana a través de los siglos. Al hacerlo, Él nos enseña un Camino más excelente y revelador, que acaba siendo contundente en el ejemplo de Jesús, desde el cual encontramos el rechazo de toda violencia como parte de la práctica de nuestra fe. Jesús son las gafa que debemos ponernos para interpretar los pasajes difíciles, sabiendo que ningún texto es bien interpretado si al final contradice el Camino que nos enseñó a andar. 

Dicho esto, los capítulos del 6 al 8 tiene importantes principios para nuestra formación espiritual. 

El capítulo 6 nos habla de la toma de la ciudad de Jericó. Esta fue tomada a través de la confianza y obediencia del pueblo. Dice el texto que el pueblo llevaba el arca del pacto en el centro de la escena (6:6), lo cual nos recuerda la presencia real de Dios. La victoria no se llevaría a cabo si el pueblo hubiera salido sin su presencia. Además, el pueblo da vueltas alrededor de la ciudad en silencio (6:10), lo cual me hace pensar que muchas veces la obra de Dios se desarrolla sin ser vista, en lo callado. Finalmente el pueblo grita en obediencia y los muros de la ciudad caen milagrosamente.

Sin embargo el capítulo 7 y 8 nos cuenta que el pueblo va contra Hai, pero también con la desobediencia de Acán, que había cogido para si lo que Dios dijo que no se debía coger de Jericó.  El resultado inicial fue muy diferente, Israel regresó de la batalla derrotado y no fue hasta que se arrepintió y quitó la maldad de en medio de ellos que obtuvo la victoria sobre Hai. 

Todo ello me hace pensar en como me levanto cada mañana, ¿voy consciente de la presencia de Dios confiado en él, obedeciéndole y sabiendo que el está obrando aun cuando parece que solo hay silencio?, ¿O voy en mis propias fuerzas, arrastrando acciones y actitudes que el ha dicho que debo evitar?

Dios no me promete que todo al mi alrededor va a ser de color de rosa aun cuando actúo en integridad, pero esto no quita que la desobediencia en mi vida, mi familia, mi comunidad cristiana, mi vecindario etc. tenga efectos negativos e indeseables. ¿Soy consciente de las graves consecuencias del pecado? ¿De que manera combatimos la desobediencia en nuestra comunidad cristiana?

En nuestro caso, regularmente, no más de cuatro personas del mismo sexo nos vemos para rendirnos cuenta y hacernos preguntas comprometidas acerca de como estamos actuando en la familia, el trabajo, el vecindario. Nos preguntamos acerca de si vemos pornografía, si somos fieles, íntegros y dispuestos a perdonar y pedir perdón. ¿Podrías pensar en hacer algo así para evitar el pecado y tratar de vivir en obediencia a Dios?


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