miércoles, 6 de julio de 2016

EL CICLO MALDITO (JUECES 1-3)

En nuestra comunidad cristiana www.andandoenelcamino.com, hemos decidido leer juntos el libro de Jueces durante el mes de Julio. Tras una ojeada panorámica al libro, me adentro en sus primeros tres capítulos. Nos encontramos con la vida de los israelitas tras la muerte de Josué, y con un ciclo que se repite. El ciclo consiste en las siguientes fases:

1) El pueblo desobedece al Señor:

"Entonces los israelitas hicieron lo que desagrada al Señor: dieron culto a los Baales; abandonaron al Señor, el Dios de sus antepasados, que los había sacado de Egipto, y siguieron a otros dioses de los pueblos de alrededor; se postraron ante ellos e irritaron al Señor. Dejaron al Señor y dieron culto a Baal y a las Astartés." (2:11-13)

2) El pueblo experimenta consecuencias en su desobediencia:

"Entonces se encolerizó el Señor contra Israel y los entregó en manos de salteadores que los saqueaban; los dejó a merced de los enemigos de alrededor y no pudieron ya resistir ante ellos. En todas sus campañas el Señor se les ponía en contra haciendo que fracasaran tal como el Señor se lo tenía dicho y jurado. Los puso así en gran aprieto." (2:14-15)

3) El Señor levantaba un juez que libraba al pueblo de la opresión:

"Pero entonces el Señor hacía surgir jueces que los ponían a salvo de quienes los saqueaban." (2:16)

4) El juez moría y el pueblo volvía a desobedecer:

"Pero en cuanto moría el juez, volvían a corromperse más todavía que sus padres e iban detrás de otros dioses, dándoles culto, postrándose ante ellos y siguiendo en todo las prácticas y la conducta obstinada de sus padres." (2:19)

En el capítulo tres se hace mención de tres de esos jueces a los que Dios levantó para salvar al pueblo: Otoniel. Ejud y Sanjar.

Sospecho que la introducción del libro de Jueces, no solo me está dando la clave para entender el ritmo del resto del libro, parece que también está señalando una experiencia muy común en los seres humanos y también en mi vida espiritque me lleva a pecarual.

Cuando las cosas me van mal, me es fácil clamar y pedir ayuda, y al hacerlo, a menudo experimento la misericordia y fidelidad del Señor para con mi vida. Sin embargo, cuando las cosas me van bien, me es fácil apartarme de la vida de integridad, a menudo me rindo a prácticas que el Señor no aprueba, y cuando me doy cuenta, estoy nuevamente necesitado de la libertad que solo Dios me puede dar.

El libro de Jueces y mi propia vida, son testimonio de que Dios es fiel aun cuando nosotros le somos infieles. Es la historia de seres fallidos y en constante contradicción, pero que a pesar de ello, experimentan la misericordia del Señor.

No trato de justificar mi desobediencia al Señor, soy responsable de la misma y trato de vivir rendido al Creador, pero hoy, ante lo leído, solo me nace destacar y señalar la compasión del Señor, reconocer su amor incondicional y agradecer que no me da lo que merezco sino lo que necesito.

"Dios, que tu amor sublime penetre en lo más profundo de mi, de manera que rompa con el ciclo en el que acabo pecando"



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