miércoles, 20 de julio de 2016


La historia de Sansón es muy triste, un hombre con un don notable y evidente que no fue capaz de usarlo para instruir al pueblo espiritualmente ni para traer la liberación de los filisteos que necesitaban. Es interesante que cada vez que su fuerza sobrenatural entra en escena, el texto hace referencia a que el Espíritu del Señor venía sobre él, sin embargo, aunque la frase deja claro de que se trataba de un regalo recibido de Dios, el resto del texto nos muestra que la acción estaba por lo general alejada de Su voluntad.

Sansón es descrito como un hombre débil en su moral, constantemente satisfaciendo sus apetitos sexuales fuera de la voluntad de Dios. No guardó los preceptos que se esperaba de un Nazareo, por lo que su imagen es la de un líder desobediente.

Viene a mi mente la carta de Pablo a los Corintios, una comunidad que no les faltaba ningún don, y donde la manifestación de dones sobrenaturales estaba presente cuando se reunían, sin embargo, Pablo los describe como niños espirituales, como gente inmadura. 

Historias como estas nos recuerdan que los dones espirituales, por más visibles o asombrosos que sean, no son necesariamente ni fruto ni garantía de madurez espiritual. Es más, nuestros dones pueden estar ocultando grandes debilidades. Como señala el profesor J. Clinton McCann Jr. Un don de enseñanza reconocido puede estar ocultando un problema de hipocresía, una capacidad de oratoria notable podría esconder la incapacidad para relaciones íntimas significativas, un don para crear y construir puede ocultar una vida familiar vacía, un don para embellecer no garantiza que pongamos la atención al embellecimiento del espíritu, una capacidad de ser compasivos puede ser la máscara del cinismo... y la la lista podría continuar. 

¿Cuáles son las debilidades que se ocultan tras mis dones? ¿Cuáles son las prácticas espirituales que me pueden ayudar a recibir de Dios fortaleza?

La formación espiritual que forma el carácter y nos lleva a la madurez en Cristo no se lleva a cabo a través del ejercicio de un don reconocido ante otros, implica un camino interno, donde nuestras debilidades son expuestas y trabajadas mediante una fe activa que nos saca de la comodidad y espera en la gracia de Dios. Implica ser vulnerables, exponer nuestras miserias y hacer lo que no estamos haciendo para ver en nosotros lo que no estamos viendo. Esta vulnerabilidad y honestidad debe tener expresión en la vida comunitaria, confesando nuestras ofensas y orando unos por otros para ser sanados.

¿Cómo podemos ayudar en la comunidad cristiana a crear una cultura de honestidad y vulnerabilidad? Vea una idea práctica en http://andandoenelcamino.com/grupos-de-crecimiento/



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