martes, 16 de agosto de 2016

ATRAPADOS EN LAS FORMAS (MARCOS 7)

Jesús vuelve a tener un fuerte enfrentamiento con los fariseos y los escribas debido a que ellos ponían el énfasis en las costumbre y la tradición antes que en lo que Dios pedía. Tras este enfrentamiento se nos narra como Jesús atiende la petición persistente de una mujer Sirofenicia de liberar a su hija y también sana a un sordo mudo.

Estas son parte de las palabras del Maestro hacía los religiosos:

"Vosotros os apartáis de los mandatos de Dios por seguir las tradiciones humanas." (7:8)

Las tradiciones no necesariamente son malas, por lo general son formas de comportamiento que nacieron para ayudar a cumplir un fin que a menudo es loable. Sin embargo, con el tiempo, las formas suelen confundirse con la función, y cuando esto ocurre, las tradiciones se vuelven en dogmatismo y legalismo que más que ayudarnos a cumplir el fin, pierden el objetivo de vista. 

Por ejemplo, la tradición judía declaraba algunas comidas puras y otras impuras y la práctica al respecto ayudaba a recordar a Israel que tenía que ser diferente a como otras naciones vivían. Si un judío es riguroso en cuanto a que comer y que no, pero no practica la hospitalidad, no tiene en cuenta al huérfano, a la viuda y al extranjero y pone su confianza en carros y caballos (que es lo mismo que decir confiar en el armamento militar), es un claro ejemplo de como el énfasis religioso en las formas, pierde de vista el fin. 

Otra característica de las formas es que suelen tener fechas de caducidad. Recuerdo como desde pequeño, los cristianos con los que me reunía crearon el llamado "culto de oración" el jueves tarde. Esta reunión era la forma de cumplir con un fin loable: la oración comunitaria. Sin embargo, con el tiempo, muchos de los que se veían ese día encontraron profesiones que no les permitía tener libre el jueves tarde y apenas nadie asistía ya. Algunos propusieron otras maneras de orar, incluyendo grupos pequeños en casas otros días de la semana o el domingo en la mañana. Pero algunos habían confundido las formas: "el culto de oración", con la función: "la oración", y se oponían fuertemente a que se eliminara tal reunión, alegando que la gente no estaba dándole importancia a la oración por el hecho de querer cambiar las formas.

En el último tiempo, he detectado a líderes que parecen entender la dieferencia entre formas y función, pero que en el fondo están atrapados en sus propias tradiciones. Pongo un ejemplo de ello:

Conozco una iglesia donde las formas ya no funcionan como en años atrás. Debido a ello, en vez de cuestionar y evaluar como lo hacen, continuamente solicitan a los miembros compromiso a la hora de participar en los programas, eventos y en todo el sistema de mantenimiento de la estructura. Curiosamente, los líderes dicen que las formas no son importantes, y que por ello no deben cuestionarse, sino que más bien deben todos los cristianos centrarse en el fin. Pero el bloqueo que plantean cada vez que alguien propone revisar la manera de vivir la iglesia y la manera de enfrentar los nuevos retos, manifiestan que están atrapados en las mismas formas a las que definen como "no importantes". Cuando algo no es importante, no hay problema en cuestionarlo, transformarlo, eliminarlo o cambiarlo. 

Nuestra resistencia a evaluar lo que pasa y a cambiar lo que hacemos, es una señal de que la tradición está tomando un lugar que no le corresponde, aunque nuestro lenguaje parezca decir otra cosa. Es una señal de como la tradición puede estar privándonos de vivir en lo que realmente importa. En el fondo, no somos muy diferentes de los fariseos y los escribas. 

¿Qué cosas que no están funcionando son incuestionables en mi comunidad cristiana?  



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