sábado, 6 de agosto de 2016

La comunidad cristiana que me acompaña hemos decidido leer este mes el libro de Marcos. Me adentro por tanto en un escrito abrupto, que comienza y acaba de manera directa. De hecho, el capítulo uno, empieza sin anunciación, sin ángeles, ni pastores, el autor va al grano, no nos prepara para decirnos quien es el Maestro, por el contrario declara:

" Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios" (1:1)

En los capítulos del 1 al 8 si va a tratar de responder más profundamente la pregunta de quién es Jesús. Y en los capítulos del 9 al 16 nos va a explicar como se propone establecer su reino el Mesías, lo cual no deja de ser algo muy chocante con respecto a lo que muchos esperaban.

En este primer capítulo se narra el ministerio de Juan el bautista, y si bien Marcos no deja duda de que este proclamaba a Jesús, llama mi atención que tanto Juan como después Jesús, predican acerca de la necesidad de conversión:

"Juan el Bautista se presentó en el desierto proclamando que la gente se bautizara como señal de conversión para recibir el perdón de los pecados." (1:4)

"Después que Juan fue encarcelado, Jesús se dirigió a Galilea, a predicar la buena noticia de Dios. Decía:
— El tiempo se ha cumplido y ya está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en la buena noticia." (1:14,15)

La palabra conversión hoy tiene connotaciones religiosas, pero sin embargo, Juan y Jesús usaron en sus idiomas una palabra usual que significa literalmente dar un giro de 180 grados en el camino. Es la palabra que usaban para explicar que uno se volvía a casa porque se le había olvidado algo importante.

Hoy la palabra conversión, no solo es una palabra religiosa sino que se usa casi siempre desde la perspectiva del evento. En muchos círculos cristianos se habla del día que me convertí. Sin duda, podemos hablar del día en que decidimos que nuestra vida diera un giro de 180 grados, pero no podemos olvidar que somos seres dinámicos, que enfrentamos nuevas realidades. Y tampoco podemos olvidar que el arrepentimiento bíblico es una actitud constante.

Si nos ponemos filosóficos, podemos decir que ni el pasado ni el futuro existe para nosotros, lo único que tenemos para entregar es el presente. Por lo que me pregunto, ¿está mi realidad actual convertida, girada hacía Dios? Porque puede ocurrir que aunque un día confesara que quiero entregar mi vida a Cristo, ni mi familia, ni mi trabajo, ni mi sexualidad, ni mi ocio y tiempo libre estén verdaderamente hoy rendidos a Él.

Sospecho por tanto que el mensaje de Juan y de Jesús tiene que ver no solo con un evento, sino con un proceso, o más bien, con una actitud que debe acompañarme ante las realidades de cada día, me refiero a vivir agradando a Dios.

Ya en este capítulo, Jesús llama a algunos de sus discípulos, y responder a su llamado significó dejar lo que hacían, implicó un giro importante en sus maneras de vivir:

"Jesús les dijo:
— Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.
Ellos dejaron al punto sus redes y se fueron con él.
Un poco más adelante vio a Santiago, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca reparando las redes. Los llamó también, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca junto con los trabajadores contratados, se fueron en pos de él." (1:17-20)

¿Para que dejar lo que hacían? pues parece que no era para empezar a asistir los domingos a reuniones cristianas y entre semana a un tiempo de oración o un curso bíblico. Por cierto, se puede hacer ambas cosas sin apenas dejar nada. Pero para ser un discípulo, hacía falta tiempo para vivir la realidad de una manera diferente. Jesús no los llevó entre cuatro paredes y los sentó de manera que se vieran la nuca mientras le escuchaban, los llevó por calles y plazas de diferentes regiones y allí observaron como trató a un hombre atormentado (1:22-28), a la suegra de Pedro (1:29-31), a multitudes con necesidad (1:32-38), a un leproso (1:40-45)... y esto no ha hecho más que empezar en el primer capítulo.

Pienso en como hoy se entiende la conversión, en las cosas que solemos dejar o no dejar para seguir a Jesús y a lo que llamamos discipulado, y sospecho que necesitamos arrepentirnos, convertirnos, dar un giro de 180 grados y recuperar el sentido de volvernos a Dios tal como el Maestro nos enseñó y el evangelio nos recuerda. En algunos casos, no me extrañaría que responder al llamado "Ven y sigueme"  implique dejar de ser un banco-adicto en una capilla, dejar de asistir a eventos religiosos por la necesidad de sacar tiempo para vivir la comunidad en misión. Notése que hablo de la necesidad de la comunidad, esté lejos de mi despreciar un regalo tan preciado y necesario, pero de esta vivida en el contexto de la misión.

¿Y si entendiéramos la formación espiritual desde los principios de Jesús en los evangelios en vez de hacerlo desde el paradigma del modelo educativo occidental? Al menos nuestras agendas deberían sufrir importantes ajustes, ¿no crees?


2 comentarios:

  1. A mí me llaman mucho la atención varias enseñanzas del capítulo uno de Marcos, la primera es la mención del Espíritu en los primeros doce versículos, en tres ocasiones, entiendo que cuando preparas algo importante, el Espíritu de Dios es el que tiene que guiarte, prepararte, bautizarte, y la importancia del ayuno, curiosamente el hombre puede resistir un ayuno de 40 días, a partir del 41 empieza un proceso de muerte. Siento que como comunidad sería interesante compartir la experiencia de un ayuno colectivo.
    La segunda cuestión es el hecho de que Marcos mencione a qué se dedicaban cada uno de los primeros discípulos que Jesús eligió como seguidores, unos eran pescadores, otros eran restauradores, de redes en este caso. Enlazo que cuando alguien se acerca a Jesús en una búsqueda por conocer a Dios, es de vital importancia un trabajo de reparación para poder dedicarte a la labor de la pesca, compartiendo también el que se salva el mensaje de salvación, de otra manera, si no vamos siendo reparados, a través, como bien dices de un buen discipulado, nuestras redes seguirán rotas y será imposible que nos convirtamos en nuevos pescadores, siguiendo el eslabón en la cadena de la salvación.
    En tercer lugar, la compasión, definida en la RAE como el sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien. Y cómo Jesús nos sigue haciendo la misma pregunta ¿Qué quieres que te haga?.
    Bueno, también aprendo muchas otras cosas, entre ellas cómo Jesús tocaba con sus manos cuando oraba por las personas, pienso que también como un gesto de amor, de cercanía, de empatía. Uff, cómo tiene que ser sentir que Jesús te toca!!
    Gracias Rubén por tus reflexiones.

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    1. Gracias por comentarlo Eva, a mí también me llamó la atención la mención del Espíritu Santo al leer el texto, aunque no hice mención de ello en mi reflexión. Sospecho que nos está guiando como comunidad a una vida más plena en Él.

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