miércoles, 17 de agosto de 2016

ORAR POR SANIDAD EN LA CALLE (MARCOS 8)

El capítulo ocho del evangelio de Marcos es muy rico en escenas y principios. Lo primero que llama mi atención es que el Maestro, después de estar tres días con una multitud hace partícipe a sus discípulos de lo que está viendo y sintiendo, es decir, le muestra su compasión por aquellas personas hambrientas, y los involucra en darles de comer. Sus discípulos solo tuvieron que ofrecer lo que tenían, que era poco e insuficiente desde el punto de vista humano y Jesús se encargó de multiplicarlo y usarlo más allá de lo que podemos imaginar (8:1-10).

Esta porción también nos muestra como los fariseos y también los discípulos, a pesar de todo lo que Jesús había hecho ante ellos, seguían con falta de fe. Los religiosos pedían más señales y los discípulos se mostraban preocupados por la escasez de lo material. Puedo identificarme con ellos, necesito más fe (8:11-21).

Además, este capítulo nos inicia el comienzo de la pasión de Jesús. Pedro confiesa que Jesús es el Cristo y el Maestro les enseña que va a padecer, ser rechazado y aun morir, pero que al tercer día resucitará. Por si fuera poco, les señala que aquellos que quieran ser sus discípulos tiene que estar dispuesto a perder su vida (8:27-38). La vida de un discípulo no es para cobardes, no es para narcisistas y egoistas, implica servicio y sacrificio, entrega por los demás.

Sin embargo, en el día de hoy, ha llamado mi atención los versículos en los que Jesús sana a un ciego tocándole y escupiendo en sus ojos, pero al preguntarle que ve, el hombre muestra que no ve con plena claridad, esta respuesta hace que Jesús le toque por segunda vez:

"Jesús le puso otra vez las manos sobre los ojos, y entonces el ciego comenzó a ver perfectamente. Estaba curado y hasta de lejos podía ver todo con toda claridad." (8:25)

El texto nos dice que es después de este segundo toque que el hombre empieza a ver todo con claridad.

Al unir los diferentes principios que puedo sacar de esta porción, encuentro lo siguiente: Jesús me invita a colaborar con Él, y para ello quiere que vea la necesidad de las personas a mi alrededor y que me disponga a entregar lo que tengo, aunque parezca muy insuficiente, confiando que a Él le corresponde el milagro. Esto implica fe, creer que como dijo Pedro, Jesús es el Cristo y disponerme a la entrega y el servicio a los demás, saliendo así de mi zona de comodidad y confort.

A la vez, encuentro que Jesús, no siempre sanó completamente de una vez a alguien. Si, lo hizo muchas veces, pero aquí tenemos a un ciego que recibió dos toques de Jesús porque la primera vez no veía con claridad. Esto me lleva a ver un posible modelo de intervención a la hora de orar por necesitados en el nombre y al estilo de Jesús.

¿Te atreverías a orar por alguien que presenta una enfermedad o dolencia? ¿Hay aquí algunos principios que podemos usar para esta práctica espiritual que tanto Jesús como sus discípulos usaron frecuentemente?

En un post anterior expliqué como junto a hermanos de mi comunidad, nos hemos atrevido a salir en lugares públicos y dispuestos a orar por las necesidades de otros. Siempre salgo con mucha timidez y vergüenza, aun a veces con miedo, también con muchas dudas... pero siempre vuelvo viendo respuestas de oración inmediata y sorprendentes. Me da la sensación, que Dios está muy dispuesto a mostrar de manera milagrosa que el Reino de los Cielos se ha acercado con aquellos a los que nos encontramos en los parques públicos, las calles y las plazas, y que no le importa mostrarse a través de gente imperfecta, llenas de dudas y temores, como yo. Además, cuando lo hace, me doy cuenta que el evangelio es más que palabras e información intelectual, es el hecho real de que Dios está aquí, se ha acercado, y le importa lo que sentimos y padecemos.

He aquí un modelo de oración por sanidad basado en este pasaje y que algunos usamos. No trato de ser dogmático con estos pasos, pero al menos me ayudan a no quedarme de brazos cruzados y a saber como salir de mi comodidad:

- Orar con fe, usando la autoridad que hemos recibido, por ejemplo: "que se vaya el dolor en el nombre de Jesús" (prefiero orar no más de 15 segundos, evitando incomodar..). Algunos prefieren decir: "Jesús quítale el dolor" y no digo que Dios no conteste esta oración, pero un amigo nos dijo algo que me dio que pensar: "si tu jefe te dice que le hagas fotocopias, ¿tu le dirías a el que las haga por ti?"

- Toco a la persona,  porque la mayor parte de las sanidades registradas de Jesús y sus discípulos incluyen el contacto físico (nuevamente no soy dogmático en esto). Normalmente en mi contexto ofrezco dar la mano, que es algo socialmente aceptado como símbolo de empatía. No cierro los ojos por dos motivos: ver si pasa algo visible y si terceros están mirando no parece que estoy haciendo algo raro que llame demasiado la atención.

- Pregunto como Jesús en este ejemplo, si ha habido cambios: "le preguntó si veía algo" (8:23b). A veces personas han notado mejoría inmediatas, como que el dolor ha disminuido o que pueden mover un poco más lo que antes no movían nada. Puede ser útil preguntar, "si antes el dolor era un 10, ¿que número sería en este momento?"

- Volvemos a orar otra vez si no ha desaparecido la molestia (8:25).

A veces mi oración está llena de dudas, pero el atreverme a hacerla, es fe como un granito de mostaza, suficiente para mover montañas. Son mis panes y peces, que pueden parecer insuficientes, pero que expresan mi pequeña colaboración con aquel que puede hacer lo imposible con lo que ofrezco.

¿Te atreves?, quizás puedes encontrar a alguien en tu comunidad cristiana dispuesto a crecer en esta práctica tan usual en Jesús y sus discípulos. Tristemente esta práctica brilla por su ausencia en muchos círculos cristianos, o está presente desde el show y la exageración. Sin embargo, es posible ser naturalmente sobrenatural en la vida cristiana.


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