sábado, 27 de agosto de 2016

Llego al último capítulo del evangelio de Marcos, donde se nos narra la resurrección. Sin este hecho, nuestra fe carece de fundamento. Es porque Cristo resucitó que la restauración de todo lo que el pecado ha estropeado no tiene vuelta atrás. Eso significa que Jesús puede restaurarme mientras ando el Camino, y que la muerte no frenará el proceso empezado.

Esta porción también contiene lo que hemos denominado la Gran Comisión:

"les dijo: — Id por todo el mundo y proclamad a todos la buena noticia. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, será condenado. Y estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán en idiomas desconocidos; podrán tener serpientes en sus manos; aunque beban veneno, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán." (16:15-18)

La Gran Comisión tiene que ver con la proclamación de las buenas noticias. Esta proclamación no es solo información intelectual, es poder transformador. La realidad de que el Reino de los Cielos se ha acercado, tiene que ver con una invasión del cielo a la tierra.

En el Génesis se nos narra que el ser humano decide vivir sin tener en cuenta a Dios, esto transforma la escena inicial de armonía entre el Creador y su creación, implica el ser expulsados del paraíso, la separación del cielo y la tierra. Sin embargo, las buenas noticias tienen que ver con que el Reino de los Cielos se ha acercado, y señal de ello es que los oprimidos pueden ser liberados y los enfermos sanados.

Es cierto que dicha invasión ya está en marcha pero todavía no se ha completado, por ello no podemos ver que todas las cosas son restauradas ya. Pero la restauración que experimentamos y que Dios nos permite ver cuando cumplimos con su llamado señala lo que finalmente permanecerá.

La justicia, la compasión, el perdón, la sanidad, la liberación son por tanto un vislumbre del cielo, es una muestra de lo que nunca morirá, de lo que permanecerá más allá de la muerte, de lo que aunque parezca destruido finalmente resucitará.

En muchos entornos cristianos, la Gran Comisión se ha reducido a la transmisión de información, y si bien esta es importante y necesaria, no podemos olvidar que la enseñanza de Jesús y el ejemplo bíblico nos anima a proclamar y demostrar la realidad de que el Reino de los Cielos se ha acercado.

Es curioso que Jesús dice que las señales de restauración milagrosa seguirán "a los que creen", lo cual me lleva a una pregunta difícil para mi: ¿Creo que lo que Jesús dijo es para mi y puedo hacerlo en su nombre? y si digo que creo ¿Qué debo hacer que no estoy haciendo?

La Gran Comisión llevada a cabo desde el ejemplo bíblico, es un desafío para el cristianismo occidental, que por lo general está demasiado influenciado por una visión materialista y naturalista del mundo. Todo un reto para salir de nuestra comodidad.


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