domingo, 4 de septiembre de 2016

Finalmente Moisés, el fugitivo, el homicida, el solitario pastor de oveja, de edad avanzada ya, con dificultad para hablar, y con muchas excusas para no obedecer el llamado de Dios, se presentó delante de Faraón junto a Aarón. Es curioso que para Faraón, este hombre débil e imperfecto pareció un dios:

"El Señor respondió a Moisés:
—Mira, delante del faraón, te he hecho como un dios, y tu hermano Aarón será tu profeta." (7:1)

Esto me hace pensar que aunque no nos veamos capaces de aquello a lo cual Dios nos llama y nos pide, Él se encarga de usarnos más allá de lo que muchas veces podemos ver. Si decidimos no dar el paso de fe, nada ocurrirá, pero si lo hacemos, se abre ante nosotros un mundo donde lo imposible se hace posible.

Sin embargo, el texto también me invita a pensar de que andar el Camino que Dios nos muestra, no significa la ausencia de dificultad. Es más, aun puede implicar más sufrimiento al principio.

El resultado de que Moisés hablara con Faraón no facilitó la vida de los extranjeros, por el contrario leemos:

"Los encargados israelitas se vieron en un aprieto cuando les dijeron que no se les rebajaría la producción diaria de adobes. Cuando salían del palacio se encontraron con Moisés y Aarón, que los estaban esperando, y les dijeron: —¡Que el Señor juzgue y sentencie! Por vuestra culpa el faraón y su corte nos odian. Habéis puesto en su mano la espada para que nos maten." (5:19-21)

Moisés lleva ante Dios el hecho de que la opresión ha aumentado en vez de disminuir, y aunque recibe palabras de esperanza, al comunicarlas al pueblo, leemos:

"Con estas palabras habló Moisés a los israelitas, pero no le hicieron caso, pues estaban desalentados a causa de su dura esclavitud." (6:9)

A veces, el sufrimiento, nos puede impedir ver cualquier atisbo de esperanza, podemos perder de vista la posibilidad de que Dios va a intervenir. Sin embargo, es a veces cuando ya parece que no se puede hacer nada más, cuando más débiles estamos, cuando menos podemos confiar en nuestras propias fuerzas, cuando más preparados estamos para recibir la ayuda de Dios.

Todo este relato, me hace pensar que la vida en el Reino es una invitación a ver más allá de mis propias percepciones, de mis propias debilidades y aun de mis propios sufrimientos. Ser consciente de esto, no necesariamente va a evitar que pase por la noche oscura, pero si me va a permitir obtener más paz en medio de la tormenta.

¿Qué cosas en mi carácter parecen limitarme para obedecer al Señor? ¿Qué circunstancias al mi alrededor parecen que no van a mejorar? ¿Qué implica tener en cuenta que Dios está obrando y puede hacer lo imposible y que su voluntad prevalecerá finalmente?



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