martes, 6 de septiembre de 2016

En el capítulo doce de Éxodo vemos la institución de la Pascua. Los hebreos van a comer un cordero antes de ser liberados de la opresión en Egipto. La sangre del cordero que vayan a comer estará en los dinteles de las puertas de sus casas y esto evitará el juicio y les traerá finalmente liberación. Esto lo recordarán por los siglos.

Un carnero libró también al hijo de Abraham de la muerte. Para Abraham no fue extraño que un dios pidiera el sacrificio de su hijo primogénito, si para nosotros. Pero en su entorno social los seres humanos habían llegado a la conclusión de que las sequías, las inundaciones etc. Eran señales del furor de los dioses y es a base de sacrificios, aun de niños, que trataban de calmar dicha ira. Lo extraño era que un dios evitara el sacrificio de aquel niño, lo que en aquel tiempo era una señal de devoción y un medio para alcanzar bendición futura.

La Pascua nos habla de la gracia, la gracia tiene que ver con no recibir lo que merezco, sino lo que necesito. Los egipcios no eran mejores que los hebreos. Solo pasarán algunos años para que los profetas acaben diciendo del pueblo de Israel que han reproducido el modelo de Egipto; que han desatendido al huérfano a la viuda y al extranjero y han puesto su confianza en carros y caballos. Sabemos que el pueblo que fue liberado de la esclavitud acabó levantando un templo al Dios que los libró con trabajos forzados, que es otra manera de nombrar la esclavitud en la Biblia.

Los profetas se dieron cuenta que todos llevamos un faraón dentro de nosotros del que debemos ser liberados y acabaron hablando de una liberación mundial, que incluía aun a Egipto. Llegaron a hablar de un nuevo corazón para los hombres, de un nuevo cielo y de una nueva tierra. La pregunta es: Si Moisés fue usado para la liberación de los extranjeros de Egipto, ¿Quién encabezará esta liberación cósmica?

Cuando Jesús entró en escena, un profeta dijo de él: "este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo"

Todos hemos escogido vivir como si fuéramos dioses, es decir, decidimos lo que está bien y está mal, independientemente de lo que Dios ha dicho (me gusta esta definición de pecado). Esta manera de vivir no solo ha traído una ruptura con Dios, también nos ha traído una ruptura interior, que se manifiesta con temor, culpabilidad, vergüenza (esto sintieron Adan y Eva cuando se escondían de Dios). Una ruptura con nuestro prójimo, que se manifiesta en echarle la culpa al otro de lo que me pasa sin asumir mi propia responsabilidad (así como Adán y Eva hicieron). Y una ruptura con nuestro entorno, lo cual es evidente en estos días de acumulación de riquezas y contaminación (expresado en el Génesis con "maldita será la tierra por tu culpa"). Sin embargo como dijo Juan:

"Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo." (1ª Juan 3:8b)

Es decir, para restaurar todo lo que hemos estropeado.

Un carnero libró al hijo de Abraham de la muerte, un cordero fue comido el día que los esclavos fueron liberados, pero gracias a Dios que apareció el Cordero de Dios, que puede no solo librar al hijo de Abraham y a los hebreos, sino a todo el mundo. La Pascua expresa la gracia de Dios para con aquellos extranjeros oprimidos, pero también es anuncio de lo que debía de venir y ya ha venido.

La Biblia no solo muestra cuales son las consecuencias del estilo de vida que hemos escogido para nosotros, también nos muestra que Dios ofrece su gracia, esa que nos perdona, nos libera y no nos deja de brazos cruzados, sino andando el Camino que Jesus nos mostró.

Imagino a aquellos hebreos en un momento tan complejo, donde debían mudarse al desierto, coger lo que necesitaban, prepararse para el camino... Sin embargo, a pesar del ajetreo, sacaron tiempo para cocinar, cenar, celebrar. Sin duda había motivo para ello.

¿Soy capaz de sacar tiempo en medio de mi ajetreo diario para celebrar la gracia de Dios? Sin duda hay motivo para ello.


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