domingo, 11 de septiembre de 2016

En los capítulos veintiuno al veintitrés me adentro en una serie de leyes acerca de como tratar a los esclavos (21:1-11), como actuar ante la violencia (21:12-27), como controlar animales (21:28-36), como ser responsables ante la propiedad (22:1-15), así como una serie de leyes sobre principios morales, ceremoniales y de justicia (22-23:9). La porción de hoy acaba con una promesa de que Dios guiará al pueblo y lo introducirá en la tierra prometida, exhortándolo así a la obediencia y a una vida diferente ante las naciones (23:20-33).

He de reconocer que muchas de estas leyes son muy extrañas para mi. No podemos olvidar el contexto donde estas leyes son dadas. Entendiendo el contexto, podemos percibir toda una revolución y avance, sin entenderlo, chocaremos con leyes que nos parecerán barbaridades. Por ejemplo, la ley del talión dice así:

"Pero si hay otras lesiones, entonces se exigirá vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe." (21:23-25)

En nuestro entorno esto puede parecer brutal y chocante, pero en el contexto significó dos importantes avances:

El primero es de carácter retributivo, ayudando a que quien haga algo asuma responsabilidad. El segundo es que las consecuencias deben ser restringidas, se debe evitar la venganza que da respuestas desproporcionadas.

Sin embargo, nosotros vemos este avance desde otro aun mayor, el propuesto por Jesús, nuestro salvador, quien nos habla de la aplicación del perdón, la no violencia, el andar la milla extra, el poner la otra mejilla y el amar al enemigo.

Lo que no queda duda es que Dios ha salvado a este pueblo no solo para ser libre de la opresión, sino para que sea un ejemplo de no opresión al resto de los pueblo:

"No maltrates al inmigrante ni abuses de él, porque también vosotros fuisteis extranjeros en Egipto. No hagas daño al huérfano ni a la viuda porque, si se lo haces, ellos clamarán a mí y yo los atenderé." (22:20-22)

"Durante seis días trabajarás y el séptimo descansarás, a fin de que descansen tu buey y tu asno, y recobren sus fuerzas el hijo de tu esclava y el inmigrante." (23:12)

La salvación es no solo librarnos del opresor, se trata de una vida nueva que hay que encaminar. En Egipto no descansaron, ahora el descanso es sagrado. No entender esto nos llevará a una vida de fe meramente intelectual y egoísta que criticará a Egipto con palabras pero que reproducirá el mismo sistema del imperio.

Dios deja claro que su carácter tiene que ver con escuchar a los más débiles, por ello, aquello que son gobernados por Él, no pueden desatender al extranjero, al huérfano y a la viuda. Con razón Jesús, en Mateo veinticinco, cuando habla del juicio de las naciones, no muestra que son los credos los que determinan quienes heredarán el reino y quienes serán rechazados y enviados al fuego eterno. El juicio se lleva a cabo en base a como fueron tratados los hambrientos, los sedientos, los extranjeros, los desnudos, los enfermos y los oprimidos (Mateo 25:31-6).

Es triste cuando los cristianos enfatizamos los credos, hablamos de sana doctrina en nuestras reuniones, y a la vez hacemos muy poco por vivir de manera diferente en un mundo de corrupción donde se mira hacía otro lado ante el extranjero que te ofrece algún producto en el semáforo o ante el que pide y/o duerme en la calle o ante los refugiados de nuestros días. Aun encuentro a cristianos más preocupados por los problemas que puede causarnos atender a tales necesitados como país. Quizás debemos preocuparnos por las palabras de Jesús a los países que le rechazaron al rechazar al que necesitaba ayuda.

La salvación bíblica no es solo el perdón de pecados, no es solo la gracia que hemos recibido, no es solo una garantía de vida después de la muerte, es una Nueva Vida aquí y ahora, una vida que no mira hacía otro lado ante las injusticias.


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