miércoles, 21 de septiembre de 2016

Llego al final del libro de Éxodo. En los capítulos en los que me he adentrado en estos días, veo una segunda oportunidad para el pueblo que es "duro de cerviz" (33:3). Moisés ha mediado ante el Señor y ha dicho:

"—Señor, si de verdad gozo de tu favor, ven con nosotros, aunque seamos un pueblo testarudo. Perdónanos nuestras desobediencias y pecados, y acéptanos como propiedad tuya." (34:9)

Los que dicen que el Antiguo Testamento no vemos a un Dios misericordioso, no han leído con atención, Él Dios que cuidó a Moisés de bebé para que no muriera, que usó a las parteras que le temían para que los recién nacidos vivieran, que escuchó el clamor de los explotados y los libró, y les abrió el mar y les dio de comer en el desierto, se revela así mismo.

"—¡El Señor! ¡El Señor! ¡Dios compasivo y benévolo, lento en airarse y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor a lo largo de mil generaciones y perdona la desobediencia, la rebeldía y los pecados, aunque no los deja impunes, sino que castiga la culpa de los padres en los hijos y en los nietos, en los biznietos y en los tataranietos!" (34:6-7)

Si, el vivir sin tenerle en cuenta tiene sus consecuencias, y son consecuencias nefastas que afectan más allá de uno mismo. Félix Ortiz se pregunta ante este pasaje : "Puedes estar pensando que ese mismo Dios afirma que castiga el pecado en cuatro generaciones: hijos, nietos, biznietos y tataranietos. Cierto, cuatro generaciones contra mil y, además, para entender mejor esas cuatro generaciones te invito a leer Ezequiel 18" (Félix Ortiz, Mis Pensamientos 2 Diciembre 2013)

Pues, bien, el Señor ha dado una nueva oportunidad al pueblo, y este se ha puesto manos a la obra para construir el tabernáculo:

"Y vinieron hombres y mujeres trayendo de corazón broches, pendientes, anillos, brazaletes, y toda clase de alhajas de oro; y cada uno presentaba ritualmente ante el Señor su ofrenda de oro." (35:22)

Llama mi atención que todos contribuyen, se trata de la filosofía de todos y no la de unos pocos. Es solo así como se construye una comunidad frente a una congregación. Sin embargo, no se trata de contribuir todos ante la visión particular de un hombre, o ante las expectativas de una organización. Si hay algo que se repite como un mantra a lo largo de las partes más arduas de esta narración es lo siguiente:

"lo habían hecho conforme a lo que había mandado el Señor" (39:43)

Hoy tratamos que los cristianos se unan a trabajar en aquello que ha dictado la tradición, muchas veces heredada de Constantino, o exigida por una denominación. Reconozco que es mucho más fácil lo que la eclesiología moderna nos propone: reproducir un modelo muy concreto, y eso a pesar de que el mismo esté dando serias advertencias de que no es el más adecuado para enfrentar el desierto del siglo XXI. Por lo general se trata de una invitación a involucrarte en estructuras que más que ayudarnos a conectar con Dios y experimentar su Reino en la vida cotidiana, nos limita a una burbuja religiosa que poco afecta al mundo que nos rodea. Sin embargo, el secreto está en escuchar la voz del Espíritu de Dios para hoy y obedecerla en comunidad, y eso sigue implicando fe, paciencia, tiempo, y salir a un lugar que no hemos visto, ni conocemos, sabiendo que de día y de noche, es decir, las veinticuatro horas del día, su presencia nos acompaña, en la luz y en la oscuridad.

Hay un reto para mi en esta porción. El Señor que es misericordioso y compasivo, me da nuevas oportunidades para escucharle y obedecerle, para dejar los ídolos, y convertirme en un agente de restauración en medio de un mundo roto.

¿Qué nos está diciendo Dios como comunidad acerca de como andar el Camino? No me estoy refiriendo a como reproducir programas, eventos y estructuras religiosas que forman parte de nuestra tradición (por respetables que estas sean), sino en como manejarnos con fe en nuestra familia, vecindario, lugar de trabajo...  No olvidemos que se trata de un Dios que ha decidido en este tiempo no habitar en templos hechos por hombres, sino que ha hecho de cada uno de nosotros su templo, su tabernáculo móvil, una comunidad que se desplaza y puede ver su gloria en la luz y en la oscuridad.




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