jueves, 27 de octubre de 2016

Llego al final de la carta del apóstol Pablo a los Gálatas. En esta ocasión, lo primero que llama mi atención son algunas de las instrucciones acerca de como debemos vivir el camino de la fe. Concretamente Pablo habla de levantar al hermano que cae en alguna falta y hacerlo con humildad, sin creernos superiores y también la necesidad de ayudarnos mutuamente ante las dificultades:

"Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo." (6:1-2)

Todo ello me habla de un acompañamiento espiritual que a veces brilla por su ausencia en nuestros modelos de discipulado modernos. Me habla de evitar compararnos con los demás. Siempre que nos comparemos caeremos en uno de estos errores: verme inferior al otro y bajar mi autoestima, o verme superior al otro y caer en la arrogancia. Ambas cosas me destruirán. Se trata de un acompañamiento espiritual horizontal y no jerárquico, donde todos nos necesitamos.

Es fácil confundir el discipulado con la domesticación, y pensar que cuando alguien aprende a asistir a reuniones regulares, a cantar y hablar de una determinada manera, a ofrendar y en definitiva a manejarse o mantener ciertas estructuras o subcultura religiosa, está siendo formado espiritualmente.

Por otro lado, en muchos círculos cristianos, el discipulado ha sido reducido a la mera transmisión de información. Lo cual, como dijo el fallecido Dallas Willard, ha creado una generación de cristianos con una mente llena de información bíblica y un cuerpo desentrenado para enfrentar el pecado y los retos cotidianos.

Discipulado no es domesticación ni mera transmisión de información, es transmisión de vida, tiene que ver con la realidad de que Cristo sea formado en nosotros. El modelo de discipulado de Jesús incluyó relaciones cercanas y profundas con unos pocos, con los que el Maestro pasó tiempo en el contexto de la vida cotidiana. Los discípulos no solo escucharon al Maestro para su formación, lo vieron responder a las necesidades que se encontraba en el camino, como se apartaba para orar, como dormía y disfrutaba del ocio y las fiestas con sus amigos "pecadores". Todo ello permitió una formación espiritual que reproducía un estilo de vida, y no solo una cabeza llena de información.

Dallas Willard, dijo que querer ser como Jesús sin hacer lo que el hizo, es como querer correr un maratón sin entrenamiento. Hoy queremos ser transformado espiritualmente sin el acompañamiento espiritual al estilo de Jesús. Sin embargo, los retos de andar el Camino de la fe, son imposibles como llaneros solitarios o incluso como meros consumidores religiosos en los bancos de una capilla o incluso de un seminario bíblico.

El mismo Pablo en este pasaje enseña una ley de suma importancia:

"Porque el que siembra para su propia carne, de la carne segará corrupción, pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna." (6:8)

Es decir, hay una manera activa de andar el camino, que permite cosechar los frutos que Dios desea, implica sembrar para el Espíritu, o lo que es lo mismo, andar en obediencia al Maestro. Implica prácticas espirituales que nos ayudan a reproducir la vida de Jesús. Como dije en la reflexión del capítulo anterior, gracia no significó nunca en el Nuevo Testamento estar de brazos cruzados. Nos equivocamos cuando pensamos que vamos a vivir en plena libertad tan solo aceptando intelectualmente información bíblica, la verdadera fe nos llevará a vivir como el Maestro vivió: apartándonos en oración y meditación, no mirando a otro lado ante las necesidades en el camino, buscando un grupo reducido de personas que me acompañen y a los que acompañar espiritualmente... Pablo lo resume así:

"Y no nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos." (6:9)

La pregunta es: ¿Cómo vamos a acompañarnos espiritualmente en nuestra comunidad cristiana de manera que reproduzcamos el estilo de vida de Jesús?

No pretendo que sea la panacea, pero creo que Neil Cole ha sido acertado al proponer los Grupos de Crecimiento. Estos son grupos del mismo sexo de no más de cuatro personas en los que nos hacemos preguntas comprometidas acerca de como estamos viviendo la fe en el contexto de la vida cotidiana. La evaluación espiritual de estos grupos no es en base a la asistencia a programas y eventos religiosos, sino en base a como hemos compartido el evangelio, como nos manejamos en la familia, en el trabajo... en como está nuestro corazón y aun si caemos en la pornografía o infidelidad. En estos grupos no hace falta líder alguno ni formación especial, todos estamos en la misma mesa ante las mismas preguntas confesando y acompañándonos, trabajando la vulnerabilidad y reconociendo que seguir al Maestro es imposible sin la Comunidad.

Para más información, vuelvo a poner el enlace acerca de como funcionan estos grupos: http://andandoenelcamino.com/grupos-de-crecimiento/







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