lunes, 17 de octubre de 2016

Me adentro en el capítulo cuatro de Gálatas, donde Pablo usa diferente ejemplos para mostrar la realidad de la libertad en Cristo. Como un heredero tiene que estar sometido a reglas mientras es menor de edad hasta que llegue el momento de ser mayor y poder disfrutar de la herencia, así la venida de Cristo nos ha llevado a la etapa adulta en la que accedemos a lo que Dios nos ofrece desde la condición de hijos:

"Pero, al llegar el momento cumbre de la historia, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo el régimen de la ley, para liberarnos del yugo de la ley y alcanzarnos la condición de hijos adoptivos de Dios." (4:4-5)

También usa Pablo la alegoría de Agar y Sara, las dos tuvieron un hijo, pero Isaac, el hijo de Sara, fue fruto de la promesa. Ismael, el hijo de Agar representa a los que tienen la aceptación del Señor en base a la obediencia a la Ley (cosa que sabemos que es imposible por nuestra incapacidad de cumplirla plenamente), e Isaac representa a los que han recibido la aceptación a través de la fe.

Pablo señala de la posibilidad de "dar pasos hacía a atrás", de "volver a la casilla de salida" en nuestro camino de fe, por tratar de buscar nuestro estatus y aceptación de Dios fuera de su gracia:

"En otro tiempo no conocíais a Dios y estabais al servicio de falsos dioses. Pero ahora que ya conocéis a Dios o, mejor dicho, ahora que Dios os conoce, ¿cómo es que volvéis a dejaros esclavizar por esas realidades mundanas que no tienen fuerza ni valor?" (4:8-9)

Me pregunto, ¿quiero ser de los que buscan la aceptación de Dios en base a mis propios esfuerzos? (cosa imposible, por cierto) o por el contrario ¿quiero estar consciente de que ya he sido aceptado y liberado y esforzarme desde el agradecimiento de lo que he recibido?

El reconocimiento de la gracia en nuestras vidas, sin la cual estaríamos perdido, es clave para la manera en la que llevamos a cabo nuestra formación espiritual. Aceptar la gracia de Dios determinará motivaciones correctas en nuestro caminar cristiano y nos librará del peso de la ley sobre nosotros.

Pero si hay algo que me gusta mucho en este pasaje, es como Pablo hace referencia al proceso de discipulado de los Gálatas al decir:

"Hijos míos, estoy sufriendo, como si de nuevo os estuviera dando a luz, hasta que Cristo tome forma definitiva en vosotros." (4:9)

El discipulado es el camino en el que hemos sido colocados por la gracia de Dios y en el cual Cristo está siendo formado en nosotros. Pablo estaba triste de ver como los Gálatas perdían el rumbo de este camino, que depende de la gracia que se obtiene por la fe.

No podemos dejar de recordarnos, por otro lado, que si bien somos transformados por la gracia, esta en el Nuevo Testamento nunca significó estar de brazos cruzados. La fe es algo vivo, activo, y no solo aceptación intelectual de un credo. Si, somos llamados a ser transformados a la imagen de Cristo, pero como dijo Dallas Willard, querer ser como Jesús sin vivir como el vivió, es como querer correr un maratón sin el entrenamiento necesario.

A esto se le añade el que hoy el discipulado ha sido confundido con la domesticación; enseñamos a las personas a moverse en estructuras religiosas y cuando asisten a eventos, alaban de cierta manera, ofrendan y usan cierto lenguaje, pensamos que están siendo discipulados.

A veces el discipulado ha sido confundido y/o reducido a la trasmisión  de información; damos el curso, la serie de mensajes o el programa del instituto bíblico, y nos creemos que hemos discipulado. El resultado de este enfoque, como también señaló Dallas Willard, es una generación de personas con una cabeza llena de información y un cuerpo desentrenado para enfrentar el pecado y los retos de la vida cotidiana.

Discipulado tiene que ver con transmisión de vida, por ello la obra de Cristo nos abre el camino por la fe, no para la domesticación ni para limitarnos solo a captar información intelectual, sino para vivir como Jesús vivió, y en la medida que nos esforzamos en andar como él vivió, somos transformados por la gracia a su imagen... es el camino en el que Cristo está siendo formado en nosotros.

¿Estoy consciente que he sido aceptado en Dios no por mi esfuerzo sino por su gracia? ¿Es la libertad que he recibido en Cristo por la fe la que me motiva a andar el Camino de Jesús? ¿Soy consciente que el Camino en el que Cristo es formado en mi no es el camino de la domesticación ni el de escuchar pasivamente información intelectual?

¡Andemos el camino en la libertad que hemos recibido!




0 comentarios:

Publicar un comentario