martes, 8 de noviembre de 2016

El capítulo once de primera de Samuel nos muestra como Saúl dirige a Israel contra los amonitas que estaban asechando a los habitantes de Jabés. La victoria fue tan clara, que culminó con la coronación de Saúl como rey de Israel entre sacrificios y fiestas.

Lo que llama hoy mi atención en la lectura, es la reacción de Saúl cuando escucha el lloro del pueblo ante la opresión de los amonitas. Dice el texto:

"Saúl volvía del campo con los bueyes y preguntó: —¿Qué sucede? ¿Por qué llora la gente?
Le contaron lo que habían dicho los de Jabés y, al enterarse de la noticia, Saúl, invadido por el espíritu del Señor, se enfureció." (11:5-6)

A menudo, nuestra formación espiritual no contempla nuestra madurez emocional. Las emociones son un invento divino y una parte importante en el ser humano, sin embargo, tendemos a verlas siempre como un enemigo al que debemos ignorar o contra quien luchar.

Curiosamente, el escritor del texto identifica la invasión del espíritu de Dios en Saúl con el enojo que experimentó. Aun habla de que un "temor del Señor sobrecogió al pueblo" (11:7). Todo ello me lleva a pensar que las emociones que amenudo consideramos negativas y destructivas, no deben ser ignoradas o reprimidas, sino más bien contempladas desde la visión correcta.

Ignorar o reprimir nuestras emociones, solo va a perjudicar nuestra salud. Por otro lado, dejarnos llevar por lo que sentimos de manera impulsiva, también abre un camino para nuestra destrucción. Las emociones sin embargo, son unas excelentes consejeras, nos avisan de que algo está ocurriendo y nos preparan para dar una respuesta. Una crisis emocional, puede ser muy desagradable, pero también es una oportunidad de cambio y crecimiento, un avance hacía la madurez emocional, sin la cual no habrá madurez espiritual.

En vez de ignorar o reprimir mis emociones, y en vez de dejarme arrastrar por ellas ciegamente, tengo la alternativa de reconocerlas y expresarlas abiertamente ante Dios, confiando que él va a usarlas para mi bien y el bien de otros.

El llanto del pueblo (11:4) el enfado de Saúl (11:6), y el temor que los sobrecogió (11:7) acabó movilizando al ejército, confirmando el liderazgo del nuevo rey, y trayendo libertad ante la opresión.

El Espíritu Santo quiere tomar las riendas de mis emociones, y a través de ellas quiere llevarme a nuevas etapas de crecimiento y madurez.

¿Cómo te sientes en estos días? ¿Hay algo que Dios puede estar mostrándote a través de lo que sientes? ¿Estás dispuest@ a expresar lo que sientes ante Dios y confiar en su guía?




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