miércoles, 2 de noviembre de 2016

Ana, quien derramó su alma ante Dios por no tener hijos, acaba con un embarazo bien deseado que le hace "explotar" en un canto de alabanza. Sabemos que no tener hijos en el contexto cultural, era una verdadera calamidad, aun causa de burla y rechazo social. Ana ha comprobado la mano del Señor sobre su vida, la que era burlada y rechazada, ahora ha sido bendecida ante sus propios burladores, por eso confiesa:

"Los saciados se alquilaron por pan,
Y los hambrientos dejaron de tener hambre;
Hasta la estéril ha dado a luz siete,
Y la que tenía muchos hijos languidece...

...El levanta del polvo al pobre,
Y del muladar exalta al menesteroso,
Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor." (2:5, 8a)

A lo largo de toda la Biblia, Dios es reconocido como aquel que no mira hacía otro lado ante los afligidos y menesterosos. El fue quien libró a los extranjeros que estaban siendo explotados en Egipto y tras librarlos, los llevó al desierto para mostrarles como debían de vivir. Les dijo a los que no tenían descanso que debían descansar, y que no podían olvidar al huérfano, al extranjero y a la viuda.

Cuando el pueblo de Israel ponía su confianza en carros y caballos (es decir, en armamento), los profetas se levantaban y señalaban como habían reproducido el mismo modelo del que habían sido librados (Salmo 20:7, Isaias 31:1), y como Dios no recibía sus ritos religiosos porque lo que realmente esperaba de ellos es una fe que se aplicaba no en sacrificios y rituales, sino en el cuidado del huérfano, la viuda y el extranjero (Jeremias 22:3, Isaias 58:5-7). Esto tiene un hilo conductor que llega a las bienaventuranzas de Jesús (Mateo 5:3-12,Lucas 6:20-23), al juicio de las naciones en base a como han sido tratados los hambrientos, sedientos, desnudos y oprimidos (Mateo 25:31-46), y a la observancia apostólica acerca de que no nos olvidemos de los pobres, indepenientemente de que seamos enviados a predicar a los judíos o gentiles (Gálatas 2:10).

El canto de Ana, me recuerda que Dios no mira hacia otro lado ante los que son desahuciados en nuestros días, ante los que no llegan a final de mes, ante los que duermen en las calles y buscan comida en los contenedores, ante los que piden mientras paseamos alegremente, ante los inmigrantes que nos venden pañuelos en los semáforos y ante los refugiados de nuestros días que huyen de la guerra y el terrorismo.

La pregunta es: ¿Los que decimos ser el Cuerpo de Cristo en la Tierra, miramos hacía otro lado ante los necesitados?

Me asusto al ver en redes sociales y aun en conversaciones como se manejan argumentos centrados en nuestra comodidad, en evitar riesgos y aun en justificar que losmenesterosos tengan necesidades. Nuestros políticos, nuestra cultura, y nuestro corazón, nos ofrecen argumentos egoistas, muy útiles para distanciarnos de los huérfanos, viudas y extranjeros de nuestros días.

Ayer mismo paseaba por Sevilla, pasé por al lado de algunos que mendigaban, los observé y me pregunté porque llegarían a ese punto, sin embargo, seguí paseando, y ni siquiera les dediqué unos minutos para saber sus nombres y un poco de sus historias. Preferí mantener la distancia que protege mi comodidad. Curiosamente, estaba hablando de los extranjeros que venden en las calles sin pagar sus impuestos, lo cual nosotros no podemos hacer sin ser sancionados... Si, lo se, en ese momento, no estaba representando al Jesús que sienta a la mesa a aquellos a los que la sociedad ignora e incluso desprecia, ayer me parecía más a aquellos religiosos a los que los profetas y el mismo Jesús reprendieron.

¿Qué pasos puedo dar para acercarme más al corazón de Dios por los necesitados y para ser el Cuerpo de Cristo en la Tierra? ¿Mi distancia de los necesitados puede estar relacionada con una misión reducida a la verbalización? ¿Cómo las palabras de los profetas, de Jesús y los apóstoles desafían mi manera de entender y vivir la misión?





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