martes, 1 de noviembre de 2016

ORTOPRAXIZ FAMILIAR (1ª SAMUEL 1)

En nuestra comunidad cristiana hemos decidido leer el libro de 1ª Samuel durante el mes de Noviembre. Tras escuchar en audio una larga porción del libro, me adentro hoy en el primer capítulo, leyéndolo con atención ante lo que el Espíritu Santo me resalte.

En la porción de hoy hay varios asuntos que me llevan a la reflexión y que desafían mi vida familiar. Me anima saber que podemos como familia avanzar y crecer en fe y amor. Me ayuda ver pasos prácticos y sencillos para ello en medio de los asuntos de este pasaje.

El primero tiene que ver con la espiritualidad de la familia de Elcana, la cual parece activa:

"Este hombre subía todos los años desde su aldea para dar culto y ofrecer sacrificios al Señor del universo en Siló, donde dos hijos de Elí, Jofní y Finés, oficiaban como sacerdotes del Señor." (1:3)

Esta vida espiritual activa de la familia de Elcana tiene frutos en el resto del relato y de capítulos. Ante este ejemplo me pregunto: ¿Hay un ritmo en mi familia que nos ayuda a no quitar la mirada del Señor? Si no lo hay, ¿En que podría consistir? y si lo hay ¿Podría mejorar en formas y actitud?

El segundo es la la manera en la que Elcana trata a Ana, su mujer afligida por ser estéril. El se muestra sensible y le manifiesta su amor:

"Su marido Elcaná le decía: —Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué te entristeces? ¿No valgo yo más que diez hijos?" (1:8).

Me pregunto hoy: ¿Estoy atento a como se sienten mi mujer y mis hijas emocionalmente? ¿Cómo puedo ser más empático con ellas y mostrarles mi amor?

El tercer asunto tiene que ver con la manera en la que Ana enfrenta su aflicción a través de la oración:

"Ella, llena de tristeza, suplicó al Señor, llorando a lágrima viva" (1:10)

Derramó de tal manera su corazón delante de Dios que dos cosas ocurrieron. Por un lado el sacerdote Elí que la vio pensó que estaba borracha. Por otro lado, tras esa experiencia de oración dice el texto que:

"La mujer se marchó, comió y cambió de semblante" (1:18b)

Esto me lleva a pensar en mi necesidad de llevar a Dios aquello que me aflige, pero llevarlo de verdad, derramando mi corazón y dejando en sus manos el asunto. Cuando así he actuado, he experimentado mucha salud emocional, por ello no me extraña que la cara de Ana cambiara tras esa experiencia.

¿Hay algo que me preocupa y que puedo llevar al Señor en oración?

Un ritmo espiritual familiar, una actitud de empatía y preocupación por mi familia y el llevar nuestras preocupaciones ante Dios en oración, es una buena trilogía para revisar la manera de manejarme en el hogar.

He de reconocer que a menudo ciertos ritmos familiares como la oración regular al comer o dormir o el encontrarnos con la comunidad, pueden caer en la rutina muerta. Cuando esto ocurre, he de ver si la creatividad que viene de Dios puede ofrecernos formas más adecuadas para el fin de poner nuestra mirada en el Señor. Las formas no deben confundirse con el fin, por eso pueden y deben revisarse, tienen fecha de caducidad y pueden ser sustituidas siempre que mejoren la obtención del objetivo para el que fueron creadas. Mis motivaciones y actitudes no deben ignorarse en el proceso, pues de nada sirve formas adecuadas sin motivaciones correctas.

No puedo ignorar tampoco mi tendencia al egoismo, a buscar mi propio bienestar y necesidad de descanso y olvidarme así de las emociones y necesidades de mi familia. Sin embargo, he de reconocer que cuando he sido empático con los que me rodean, he visto más descanso y gozo en mi. Si, a veces llego cansado del trabajo, necesito reponer fuerzas antes de seguir adelante, pero no debe pasar el día sin interesarme por aquellos a los que amo y mostrarles mi apoyo y cariño. Si, tengo muchos proyectos en mente, ¿pero hay alguno más importante que mi familia? En el capítulo dos de este libro se señala la realidad del sacerdote Elí, que estando dedicado al templo, descuidó la formación espiritual de sus hijos y esto trajo dramáticas consecuencias. Por otro lado, es posible hacer lo correcto a nivel familiar como cónyuge y padre y que aun así que nuestra familia escoja otro camino lejos de Dios (por cierto, Dios sabe mucho de eso con nosotros), sin embargo, el asunto de hoy para mi no es ese, sino el de no descuidar mi responsabilidad de ser un buen marido y un buen padre independientemente de como mi familia escoja vivir.

Por último, confieso que hay asuntos que inquietan mi mente y me roban la paz que el Señor me ofrece. Temores, preocupaciones, estrés, ansiedad... todo ello me alerta de mi necesidad de confiar más en el Señor y de avanzar en una relación más profunda con Él. Creo que la oración sincera al estilo de Ana en este texto, es un buen medio para el fin de alinear mi vida personal y familiar con Dios.

"Señor, ayúdame a poner manos a la obra ante lo que me has mostrado en esta mañana, gracias por mostrarme como he de vivir, dame el poder para vivir obedeciéndote"


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