miércoles, 16 de noviembre de 2016

RELIGIÓN DE APARIENCIA (1ª SAMUEL 16)

El capítulo dieciséis de primera de Samuel nos narra la unción de David como símbolo de que había sido escogido por Dios para sustituir a Saúl como rey. Samuel va hasta Jesé en Belén, tal como el Señor le había indicado, y en seguida sus ojos se fijaron en su hijo Eliab, pensando que era el escogido del Señor para ser rey:

"Pero el Señor le dijo: —No valores solo su aspecto y su buena planta, porque yo lo he descartado. Aquí no valen miras humanas. Pues vosotros os fijáis en las apariencias, pero yo miro al corazón." (16:7)

Vivimos en una sociedad donde se valora y vivimos por las apariencias. Las redes sociales nos permiten dar una imagen de nosotros mismos que no necesariamente se corresponde con la realidad. En los ambientes religiosos, podemos hablar y manejarnos de tal manera que aparentemos ser íntegros y formados espiritualmente, aun cuando estemos pasando por dificultades o crisis. En Sevilla, el lugar donde vivo, hay una fuerte cultura de las apariencias, hasta el punto, que la gente en fiestas populares trata de vestir como ricos, aun cuando quizás no tiene para llegar a fin de mes. No queremos que nuestros pequeños expresen sus frustraciones en público porque tenemos miedo de que los demás piensen que no somos buenos padres. En definitiva, brilla por su ausencia el que hablemos con honestidad acerca de nuestras dudas, nuestros fracasos, nuestras miserias y nuestras debilidades. La frase "vosotros os fijáis en las apariencias" siguen siendo palabras tremendamente relevantes para nuestro siglo XXI.

El Señor escogió a David, no en base a su apariencia, aunque el texto nos dice que esta era de hermosos ojos y buen parecido, sino en base a su corazón. Es curioso que la vida de David no está exenta de turbulencias e importantes pecados, sin embargo, los Salmos nos muestra que a pesar de todo ello, David acababa abriendo su corazón ante Dios, siendo transparente y rindiéndose una y otra vez ante Dios.

Sospecho que el que Dios mire el corazón no es sinónimo de que Dios espere de nosotros perfección e integridad intachable, sino más bien, la humildad de reconocer y expresar la realidad de como estamos realmente ante Él.

Me pregunto como nuestras comunidades cristianas podrían crear una cultura que vaya contra las apariencias, contra aquello en lo que se fijan los hombres y se centre en como está nuestro corazón.

Hace más de siete años que nuestra comunidad cristiana nació. Los primeros pasos no fueron empezar cultos los domingos en un local, o hacer un evento religioso en la calle. Empezamos con una reunión sencilla que hoy sigue siendo básica en nuestro ritmo espiritual comunitario. En esta reunión, nos vemos no más de cuatro personas del mismo sexo para hacernos preguntas comprometidas acerca de como va nuestra vida familiar, nuestra vida laboral, nuestras disciplinas espirituales... Nos preguntamos también como está nuestro corazón con el enojo, y si hemos sido infieles o acudido a ver pornografía. En estas reuniones, las apariencias suelen dejarse a un lado. Lo que hemos descubierto es que somos un grupo de personas que están siendo restauradas y estamos aun llenas de contradicciones, debilidades y luchas.

¿Cómo puedes avanzar en una espiritualidad que no sea de apariencia sino que se centre en la integridad del corazón?





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