miércoles, 16 de noviembre de 2016

Saúl es descrito en la porción en la que me he adentrado estos días, como un rey impulsivo e impaciente, que confía sobre todo en sus propias ideas y esfuerzos.

Se impacientó cuando Samuel no llegaba para ofrecer el sacrificio, y el mismo se atrevió a ofrecerlo, a pesar de que estaba prohibido:

"Cuando terminaba de ofrecerlo, llegó Samuel, y Saúl salió a su encuentro para saludarlo. Samuel le preguntó: —¿Qué has hecho? Y Saúl contestó: —Cuando vi que la gente desertaba, que tú no venías en el plazo acordado y que los filisteos se concentraban en Micmás, pensé que los filisteos me iban a atacar en Guilgal sin haber podido aplacar al Señor, y me vi obligado a ofrecer el holocausto. Samuel dijo a Saúl: —¡Has perdido el juicio! Si hubieras guardado el precepto que el Señor tu Dios te impuso, el Señor habría consolidado para siempre tu reinado sobre Israel." (13:10-13)

Otro día, en un momento de batalla y tensión, estableció un ayuno:

"—¡Maldito el que coma algo antes de la tarde, hasta que yo me haya vengado de mis enemigos!"(14:24b)

Este ayuno implicó que el pueblo se debilitara. Además, su hijo Jonatán, quien no escuchó las palabras de su padre, tomó miel tras una victoria importante contra los filisteos. Jonatán, una vez que escuchó sobre la orden de Saúl,  expresó la torpeza de actuación de su propio padre:

"—Mi padre ha perjudicado al país. Observa cómo se me ha iluminado el semblante al probar solo un poco de miel." (14:29b)

Más tarde Saúl estaba dispuesto a matar a su propio hijo por desobediencia, sin embargo, el pueblo reconoció que el Señor estaba con Jonatán trayendo victoria contra los filisteos, por lo que el pueblo libró a Jonatán de la muerte:

"Saúl sentenció: —Que Dios me castigue si no mueres, Jonatán. Pero el pueblo dijo a Saúl:
—¿Cómo va a morir Jonatán que ha proporcionado esta gran victoria a Israel? ¡De ninguna manera! Vive Dios que no caerá en tierra ni un cabello de su cabeza, pues la gesta de hoy la ha realizado con la ayuda de Dios. Y así el pueblo libró de la muerte a Jonatán" (14:44-45)

La última perla de Samuel en estos tres capítulos, tiene que ver con no obedecer las indicaciones del Señor con respecto a la guerra con Amalec. Saúl permite que no se acabe con el botín, y además trata de ocultarlo. Cuando se encuentra con Samuel tiene lugar la siguiente conversación:

"Entonces Samuel llegó adonde estaba Saúl y este le dijo: El Señor te bendiga. He cumplido el encargo del Señor. Pero Samuel le preguntó: —¿Y qué significan esos balidos que escucho y esos mugidos que estoy oyendo?" (15:13-14)

Todo ello nos da la imagen de un hombre que no parece aprender. Una y otra vez actúa de manera impulsiva y/o de manera descuidada, sin tener en cuenta la dirección espiritual para los asuntos cotidianos, lo cual tiene consecuencias nefastas.

Pienso en como en mi propia vida puedo detectar las consecuencias de actuar desde la impaciencia, la impulsividad, la confianza en mi mismo. Saúl representa una parte de mi vieja naturaleza, esa que trata de vivir sin tener en cuenta a Dios, aun cuando mis palabras y vida "religiosa" parece indicar otra cosa.

En el fondo del asunto, se encuentra una fe débil, que necesita confiar más en el Señor y saber que mis pensamientos y las circunstancias que me rodean, no son determinantes. Confiar en Dios trae libertad del afán y de la ansiedad, permite la paz en medio de las tensiones pudiendo dejar la impaciencia a un lado. Es también el antídoto contra el egoismo. Es el secreto para responder con serenidad y humildad ante los retos cotidianos.

La fe en Dios me permite vaciarme de mi mismo para disponerme a escuchar a Dios y obedecerle. No puedo ignorar, que es posible dar la imagen de una vida religiosa, capaz de compartir de la Biblia en las reuniones comunitaria, de participar de la comunión con los hermanos... y aun así no estar disponiéndome al ejercicio de silenciar las voces en mi mente para escuchar solo al Señor.

Samuel es claro cuando habla de la obstinación y desobediencia frente a una religiosidad aparente:

"Samuel respondió: —¿Acaso el Señor valora más los holocaustos y sacrificios que la obediencia a su palabra? Mira, la obediencia vale más que el sacrificio y la docilidad más que la grasa de carneros. En cambio, la rebeldía es como el pecado de espiritismo, y la arrogancia, como el delito de idolatría." (15:22-23)

Me doy cuenta que mi cuerpo no está lo suficientemente entrenado para escuchar la voz de Dios y obedecerla. Podemos estar entrenados para ir a reuniones religiosas, cantar, escuchar predicaciones, y aun así, vivir como desobedientes a Dios. Reconozco que las voces de las circunstancias y de mi propio afán, a menudo tienen mucho protagonismo y determinan mis respuestas. Es tiempo por tanto de practicar el recogimiento y la meditación, y de hacerlo no solo los domingos, sino en el contexto de la vida cotidiana.

La meditación humanista, solo nos ofrece vaciar nuestras mentes como un fin en si mismo. Pero la meditación bíblica nos invita a vaciar nuestras mentes solo como un medio para llenarla de la palabra de Dios y posteriormente llevarnos a la obediencia a Dios.

El recogimiento, siempre ha sido una parte importante de la vida espiritual. Jesús iba a lugares silenciosos en soledad, y allí oraba y escuchaba al Padre. Nosotros no podemos ser como Jesús si rehusamos vivir como él vivió, por eso, en medio de un mundo estresante, hemos de aprender el arte del silencio, de la soledad, del recogimiento, de la meditación. Es el arte de disponernos ante Dios, de reconocerle, de escucharle y de obedecerle.

Saúl es la imagen de un hombre religioso, con un cuerpo desentrenado para obedecer a Dios. ¿En que medida Saúl me representa? ¿Qué voy a hacer para dejar a un lada mi tendencia a actuar sin escuchar antes a Dios?



0 comentarios:

Publicar un comentario