sábado, 3 de diciembre de 2016

Durante el mes de diciembre en mi comunidad cristiana estaremos leyendo el libro de Santiago. En estos días he escuchado la epístola varias veces en su versión en audio, y la impresión es que estoy ante un texto tremendamente práctico para la formación espiritual. El escrito está lleno de reglas para la vida cristiana, y al decir "reglas" no estoy poniendo énfasis en la imposición de leyes y límites, sino en la manera práctica de llegar desde un punto a otro (estoy pensando en las líneas que tanto hemos trazado en nuestras clases de dibujo técnico para lograr la expresión de una forma concreta). En este caso, se nos ofrece la posibilidad de trazar líneas que van a expresar la misma vida de Jesús.

En los primeros dieciocho versículos, Santiago nos muestra como tratar con los temas de la vida. Así como el crecimiento de las plantas y árboles es imposible sin nubes, aguas y tormentas, nuestra paciencia y por tanto carácter, no será desarrollado ampliamente sin afrontar las dificultades. Eso si, debemos responder a la adversidad de manera correcta para que el crecimiento se produzca. Es por ello que las dificultades pueden convertirse en un motivo de gozo, así como el que cosecha se alegra al ver que la lluvia traerá el crecimiento de las semillas que plantó.

Además, Dios está dispuesto a ayudarnos a lidiar con las dificultades si nosotros se lo pedimos y confiamos en Él:

"Si alguno de vosotros anda escaso de sabiduría, pídasela a Dios, que reparte a todos con largueza y sin echarlo en cara, y él se la dará. Pero debe pedirla confiadamente, sin dudar, pues quien duda se parece a las olas del mar, que van y vienen agitadas por el viento." (1:5-6)

La sabiduría no es lo mismo que la inteligencia, y hacemos bien en diferenciar en un mundo donde la capacidad de entender información y expresarla se ha valorado al extremo aun cuando eso nunca significa responder y actuar de manera adecuada en la vida. En los contextos cristianos, la ortodoxia; creencias correctas, han hecho sombra a la ortopraxis; la práctica correcta. Hemos creído que lo primero es el objetivo de la formación espiritual y señal de madurez, sin embargo, Santiago, sin despreciar la ortodoxia va a poner el énfasis en como hemos de vivir. Va a colocar la ortopraxis en el lugar de donde nunca debió ser quitada.

Estoy pensando en aquellos asuntos que hoy me inquietan, algunos relacionados en mi papel como marido y padre, también en como ayudar a mi propio padre en medio de su envejecimiento, otros con respecto a afrontar otros retos personales, otros con respecto al posible desplazamiento de la escuela de mi hija...  Todos ellos se presentan ante mi como nubes que a veces tapan el sol. Sin embargo, es tiempo de poner mi confianza en Dios, en saber que me va a ayudar si le pido sabiduría, y que me va a permitir responder de tal manera que Cristo puede llegar a ser formado en mi de una manera más visible. ¿No es acaso ese motivo para experimentar gozo y paz en medio de los nublados?



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