domingo, 4 de diciembre de 2016

Al adentrarme en la porción de hoy, enseguida me encuentro con tarea pendiente. Santiago dice que "seamos prontos para oír y tardos para hablar" (1:19) y he de reconocer que mi cuerpo no está entrenado para ello. Por lo general, soy de los que padezco el "sabelotodismo". Esta enfermedad cuenta con algunos de estos síntomas entre otros: apresurarme a hablar o escuchar solo hasta que el otro respire, tener respuestas para todo, ganar discusiones a la vez que pierdo el respeto o incluso hacer ver que en realidad estoy escuchando cuando no es así, o incluso llegar a hacer preguntas que solo pretenden mostrar que el otro está equivocado. El autor Keith E. Webb en su libro "El Modelo Coach Para Líderes Cristianos" dice que detectar el "sabelotodismo" en otros suele ser una señal de que estamos afectados. En mi caso, el diagnóstico es claro.

Ahora bien, ¿cómo voy a combatir esta enfermedad? Saber que la padezco y reconocer sus síntomas no es suficiente.

Santiago me recuerda que tengo que pasar a la acción:

"Pero se trata de que pongáis en práctica esa palabra y no simplemente que la oigáis, engañándoos a vosotros mismos." (1:22)

Nuestra formación espiritual en occidente, tan influida por el modelo educativo griego, nos ofrece un acompañamiento del maestro a través de la oratoria. Esa es la razón por la que el lugar donde se reúnen muchos cristianos implica que nos sentemos viéndonos la nuca unos a otros y teniendo frente a nosotros un púlpito desde donde alguien trasmitirá información.

No estoy diciendo que la transmisión de información no sea importante y parte de la formación espiritual, sin embargo, si no nos acompañamos en la práctica de lo que oímos, el éxito de nuestro modelo educativo va a ser muy bajo, cosa que como dijo Dallas Willard, podemos comprobar en la iglesia de hoy.

Quizás esto explica, porque Jesús optó por usar el modelo hebreo de formación espiritual y no el griego, a pesar de que este último estaba presente en su contexto. Jesús acompañó a sus discípulos a hacer lo que le vieron hacer a él. Por eso encontramos a menudo que el Maestro les decía: "dadles vosotros de comer" y los enviaba en misión, paseaba con ellos por las calles y lugares públicos para decidles después: "sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios"... después se sentaba con ellos, y hablaban de lo que había pasado "¿por qué no pudimos echar fuera el demonio?" o "Señor hasta los demonios se nos sujetan en tu nombre..." Era el momento en el que el Maestro seguiría enseñándole grandes lecciones para avanzar en aquello que estaban comprendiendo, no solo por escucharlo, sino por vivirlo, porque como dice Santiago "se trata de que pongáis en práctica esa palabra y no simplemente que la oigáis".

El modelo formativo de púlpito de hoy tiene grandes diferencias con el modelo formativo de Jesús. La pregunta es, ¿cómo vamos a aplicar los principios universales de lo que Jesus nos mostró acerca de la formación espiritual en nuestros contextos occidentales?

Un intento de aplicación en nuestra comunidad cristiana son los grupos de crecimiento, donde regularmente nos vemos no más de cuatro personas para preguntarnos como estamos aplicando nuestra fe allí donde pasamos más horas: nuestros hogares, lugares de estudio y trabajo, vecindarios... Nos comprometemos a leer la Biblia y después compartir que es lo que Dios nos ha dicho y como estamos respondiendo. De esta manera simple, tratamos de acompañarnos en la práctica y no tan solo en la información.

Tras mi lectura de hoy, tengo un tema importante que llevar a mi grupo de crecimiento, mi necesidad de ser pronto para oír y tardo para hablar. Creo que voy a necesitar tomar este asunto seriamente y con constancia hasta que mi cerebro lo integre como parte natural de mi mismo, de ahí que el acompañamiento de otros en este proceso sea de tanto valor.

Si quieres más información sobre los Grupos de Crecimiento, puedes acceder al siguiente link: http://andandoenelcamino.com/grupos-de-crecimiento/




2 comentarios:

  1. Grx Rúben por eso que queda tan claro de la necesidad a reflexionar sobre "el pulpito" y la formación espiritual. Una pregunta práctca: ¿Cómo evitas ser una comunidad que sin intención se cierre a los de más y ser inclusivo a gente quizás buscando a Dios pero no se consideran seguidor de Jesús?

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    1. Gracias DMR por tus amables palabras y tu interesante pregunta. En mi caso, me ayuda mantenerme en el paradigma en el cual "la iglesia va a la gente" en vez "la gente va a la iglesia". Es imposible estar en este paradigma sin ser inclusivo, ya que implica sentarte a una misma mesa con aquellos a los que la religión ve como inalcanzables. En realidad se trata de lo que Jesús nos enseñó con su ejemplo y que se nos relata en los evangelios, quizás implique ser llamados comilones, bebedores y amigos de pecadores.

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