miércoles, 7 de diciembre de 2016

EL PROBLEMA DE LUTERO (SANTIAGO 2:14-26)

Los versos del catorce al veintidós de Santiago debieron ser uno de los que más escandalizaron al reformador Martín Lutero, sabemos que el dudó acerca de si este libro debería realmente estar en el canon del Nuevo Testamento. El escrito de Santiago, con su énfasis práctico y directo, no se anda por las ramas al decir:

"Así es la fe: si no produce obras, está muerta en su raíz." (2:17)

Santiago ilustra su punto de vista con un cristiano que se encuentra con alguien en necesidad de comida y abrigo y le dice "Id en paz, calentaos y saciaos" y no le atiende. También recuerda la historia de Abraham y de Rahab, quienes tras sus acciones es que fueron justificados.  Ante todo ello llega incluso a afirmar:

"Resulta, pues, que las obras, y no solamente la fe, intervienen en que Dios restablezca al ser humano en su amistad." (2:24)

¿Está Santiago contradiciendo el pensamiento de Pablo acerca de la salvación por fe y no por obras para que nadie se gloríe (Efesios 2:8-9)?

En realidad no lo está contradiciendo, aunque no se descarta la posibilidad de que Santiago esté corrigiendo una mala lectura de Pablo. Independientemente de sus intenciones al escribir estas palabras, no cabe duda que este escrito también quiere corregir el mal entendimiento de la fe en nuestros días y en nuestra cultura.

No podemos ignorar que la escuela griega ha influido el sistema educativo occidental y también nuestra manera de entender las Escrituras. Parte de sus efectos se relacionan con entender la fe como algo que es meramente intelectual. Hemos pensado que creer en una serie de proposiciones teórica es igual a tener fe, sin embargo Santiago derrumba esta manera de entender la fe de manera contundente:

"¿Tú crees que hay un único Dios? De acuerdo; también los demonios creen y se estremecen de pavor. ¿No querrás enterarte, presuntuoso de ti, que la fe sin obras es estéril?" (2:19-20)

Para Santiago la fe y las obras son dos caras de una misma manera, son inseparables, la una no puede vivir sin la otra.

"Y es que así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así está muerta también la fe sin obras." (2:26)

Quizás gran parte del problema de algunos protestantes con el tema de la fe, es la incapacidad de separar las obras del mérito personal, como si estas obras no fueran la vida de Cristo en nosotros y por tanto una gracia recibida. Sin duda, la Biblia es clara con respecto a que no nos salvamos a nosotros mismos, de ahí nuestra necesidad de la gracia de Dios. Pero, gracia en la Biblia nunca significó estar de brazos cruzados, ni ausencia de esfuerzo.

La verdadera fe engendra acción, y aun el propio Lutero acabó diciendo en su comentario a Romanos: “es imposible separar las obras de la fe; si, tan imposible como separar el quemar y el brillar del fuego”. También afirmó: “¡Oh, esta fe es una cosa viva, atareada, activa, poderosa!”

La practicidad de Santiago me lleva a pensar en como vamos a afrontar nuestro defectuoso modelo griego de formación espiritual, donde acabamos pensando que tiene fe el que cree ciertas doctrinas independientemente de como esté viviendo. Viene a mi mente aquellas acciones que promueven inconscientemente este error acerca de la fe, y no puedo dejar de pensar en una formación que ha sido reducida a la mera transmisión de información y que a veces solo prepara al cristiano para manejarse en las complejas estructuras de una determinada subcultura religiosa.

Dallas Willard dijo que nuestras crisis, fracasos y defectos en la formación espiritual moderna se dan no a pesar de los que hagamos (debido a la incredulidad de las personas o su falta de compromiso), sino como consecuencia de nuestras acciones. Es decir, nuestro sistema educativo da lo que da.

¿Qué lugar ocupa en nuestra formación espiritual las prácticas de Jesús? Si en realidad creemos que Jesús es el hombre más inteligente y sabio que ha habido y habrá en este planeta, deberíamos vivir como el vivió y eso implica: oración, silencio, retiro, comer con los "pecadores", atender a los enfermos, liberar a los oprimidos, anunciar que el Reino de los Cielos es accesible y demostrar que lo que decimos no son solo ideas intelectuales sino una realidad presente en nuestros hogares, lugares de trabajo y estudio, vecindarios... Porque si creer es solo para nosotros una cuestión intelectual, no hemos entendido la fe todavía.




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